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The New York Street

Un blog lleno de historias

Autor

ulisesgonzales

Writer. Editor of the literary journal Los Bárbaros (New York) and Las Furias (París). Editor at Chatos Inhumanos Publishing House (New York). Professor at the Journalism and Media Studies Department, Lehman College, CUNY, Bronx.

>Lavandería (Primera Parte, borrador)

>La arena en Lavandería quema más que la de otros lugares. Cuando llegaron a vivir aquí con su madre, Teresa y sus tres hermanas se pasaban muchas horas tendidas al sol, sobre hojas de periódico, tostándose los senos sin que nadie las viera. Ahora es imposible. A donde mira, Teresa ve casas. Lavandería es un pueblo diferente, con mucha más gente, con más servicios. Sin embargo muchas cosas siguen igual. La arena todavía quema más y su gente camina como siempre: mirando al suelo (¿No te has dado cuenta? Le dijo a su madre, cuando le hizo ese comentario, años atrás, poco antes de casarse). Caminan como condenados, arrastrando algo.

Teresa se miró los senos en el espejo. Pálidos y caídos. Tampoco se le ocurriría echarse calata a tostarlos. Así no hubiera nadie mirándola. De las cuatro hermanas, la única que tal vez se atrevería sería la menor. ¿Dónde estaría ella, viajando por qué lugares? ¿Por qué su marido sí la llevaba? ¿Por qué a Teresa su marido no la dejaba ir con él? “Teresa, le decían sus hermanas, a ti no te gusta viajar, y el lugar a donde va tu marido es más feo que adonde va el de ella. Su marido no va a meterse en los socavones de las minas, no camina tres días jalando las mulas y arrastrando el mineral. Su marido es ingeniero. El va trazando caminos. El tuyo, el tuyo Teresa…¿Qué es el tuyo?” “Mi marido es minero” responde Teresa cuando sus hermanas la fuerzan. Pero las mujeres de Lavandería saben que ha sido también obrero y que lo que mejor sabe es emborracharse con sus maridos y pegarle a Teresa cuando se le antoja. Y a ninguna se le ocurre recomendarle que lo siga, más bien que lo disfrute “Agradécele a Dios, Perra, que tu esposo se va por unos meses y te deja en paz” . Ellas dejan claro que tampoco les molesta que dejase en paz a sus maridos. “Agapito es el que chupa más” , dicen sus maridos.“Y nuestros maridos jamás …” dice la que mira más profundamente al suelo y se queda callada, frente a Teresa, sin atreverse a completar la frase, aunque todos sabían lo que ha querido decir. “Jamás se atreverían a tocar a sus hijas”.

Teresa no entiende como puede soportar a diario sus miradas acusadoras. Son sus únicas amigas, las chicas con las que ella y sus hermanas crecieron en Lavadería. “Las Perras”, las llama ella. Y ellas también la llaman así.

Veinticinco años atrás Lavandería era un pueblo pequeño. Si querías divertirte tenías que tomar un microbús hasta Tamales. Tamales está muy cerca del mar y prospera gracias a los restaurancitos que se llenan cuando la gente de la capital regresa de la playa. Entonces había tres bares alrededor de la plaza y una discoteca. Siempre las perseguían los mismos muchachos de Tamales pero ellas, las cuatro hermanas, pocas veces les hacían caso. Se sentaban solas en una de las mesas oscuras y, muy de vez en cuando, aceptaban bailar. Generalmente conversaban un rato, tomaban algo y se se iban. Otros grupos de muchachas y muchachos venían desde Lavandería, se reconocían en la oscuridad de la discoteca, o en la calle, cuando salían a caminar con sus parejas por las callecitas de tierra cerca de la plaza o a tomar el microbús de regreso. A las Perras las recuerda con luces chillonas, rojas y verdes, sobre la cara, con el pantalón blue jean ajustado, apretadas y sudadas, bailando en ese simulacro de discoteca que se llamaba El Cuete, una casa de un solo piso en la que invariablemente los fines de semana había una cartulina blanca garabateada: «Mujeres entran gratis hasta las 9 de la noche».

Un viernes llegaron y no había mesas libres. En el lugar donde siempre se sentaban había cuatro gringuitos. Las hermanas sonrieron. “¿Cómo te llamas?” preguntó Teresa, luego de haber bailado con el gringuito más alto, que bailaba muy bien salsa y que, como sin querer queriendo, le apretaba la mano en la cintura y bajaba sus dedos, como tocando y no tocando. “Wilhelm ¿Y tú?” dijo él. “Teresa” “Teresa ¿Sabes que eres muy bonita?” Bailaron dos o tres piezas más. Las Perras bailaban a su costado y la pellizcaban o a veces la cadereban. Sus hermanas la miraban aburridas desde la mesa: al parecer el gringuito de Teresa era el único que sabía bailar. Cuando regresó cansada, quisieron irse a la casa y llevaársela, pero Teresa no aceptó. “Yo soy la mayor”, les dijo. “Me puedo ir con alguna de las Perras”. El gringuito no la dejó de apretar ni siquiera cuando se despidió de sus hermanas. La dejaron sola y bailando. Los amigos también dijeron que se largaban. “Se van tus amigos, dijo Teresa, preocupada porque él se fuera tan pronto”. “No hay problema, ellos tienen su carro.” “¿Y tú tienes carro?” “Claro ¿Quieres verlo?” Teresa se preguntaba muchos años después cómo fue tan tonta. Tonta como para rogarle que la llevase hasta la playa.

Pero Teresa nunca había estado en la playa en los cuatro años que vivía en Lavandería, sólo sabía que existía por las fotos de las revistas y la televisión, donde había visto gente tostándose, así como ella se tostaba con sus hermanas, pero con ropas de baño fabulosas. Y en algún momento, sobre la arena, escuchando las olas, estaba ya demasiado ida como para preocuparse si Víljeim (así le llamó ella, hasta que años después, enseñándole el periódico a su hija mayor, ella le enseñó a pronunciar bien el nombre) metía su mano blanca–nunca vió una mano tan grande y tan blanca–bajo el sostén, y empezaba a besarle los senos. Cuando en algún momento, besándolo, ella se acordó que tenía que cerrar las piernas, ya la mano de Viljeim se había mojado en su vagina, que estaba preparada para todo y él abrió el cierre del pantalón y sólo le dijo una palabra en tono de orden y ella se agachó, preparada para hacer todo lo que él quisiera, para obedecerle.

La semana siguiente conoció a Agapito. Acababa de llegar a Lavandería, se peinaba con gel, se vestía siempre con camisa blanca y a todos lados llegaba gritando. Tenía tres años más que ella. Quiso ir con ellas a Tamales pero ellas le dijeron que se iban solas. Se sentaron en la misma mesa y Teresa se dio cuenta entonces, que sus hermanas ya no la miraban como antes. La miraban fijamente, como diciéndole: “Te has convertido en una de ellas, también eres una Perra”. En vano les dijo que Viljeim volvería a verla el fin de semana. ¿A quién iba a engañar? Sin embargo se pasó buena parte de la noche esperándolo. Hasta que apareció Agapito. Primero quiso sacar a bailar a Sonia “porque tú Teresa, tenías cara de ser la más aburrida” le dijo después. Pero Susana no lo dejó que se la saltara, porque ella era la segunda. Y se notaba que le gustaba Agapito. “Pero en verdad la que me gustaba eras tú” Agapito le dijo meses después a Teresa. Bailó varias piezas y después se sentó con ellas. Agapito contó un par de chistes buenos y entonces Teresa, que había estado muy seria toda la noche, se rió. Agapito la vio reir y la sacó a bailar y nunca más salió a bailar con Susana. Teresa sabe que desde entonces, la que con más rabia le llamaba «Perra» era su segunda hermana. No sirvió que no quisiera ir con ellas a la semana siguiente, ni a la siguiente. Agapito siempre preguntaba por Teresa y durante la semana iba a buscarla y salían juntos a caminar por el pueblo.

Cuando pasaron cuatro semanas, Teresa supo que estaba embarazada y supo lo que eso iba a significar. El viernes por la noche salió con su hermanas. Se sentó en la misma mesa de la esquina y cuando Agapito la invitó a bailar se fue con él hasta la esquina mas alejada y se dejó besar. Se besaron durante un rato hasta que Susana se levantó seguida por sus hermanas y se fue sin despedirse. Las Perras cuchicheaban, alguna la cadereó minetras bailaba, otra la pellizcó en el poto. Teresa sugirió que salieran de la discoteca y que se metieran por un camino oscuro, entre los alfalfales de Tamales. Mientras Agapito le besaba los pechos, echado sobre ella, Teresa dirigió su mano hasta donde sabía que iba a encontrar lo que quería. Mientras lo acariciba, le hizo jurar a Agapito que si tiraba con ella esa noche se irían a vivir juntos al día siguiente. Y Agapito juró.

>El poeta se sienta con hambre, en una mesa del Boulevard

>
To R.B.

Mírala serio, mátala con tu ceño fruncido
Ay francesa qué linda que estás, déjame decirte
Un verso, dos, tres,
Déjame besar tus sienes, oh sí sí
¿Y Ése, ése? –¿Será tu novio?
¡No les entiendo nada!
¡No lo mires, no le hagas caso!
¿De qué te hablará?
Mira este librito de Rimbaud que te he traido rubia
Léamoslo juntos.
Y esta poetita de anoche ¿Cómo es que se llamaba?
Pero si ya me le estaba acercando bonito, bonito
Y luego no sé que pasó, se me borró todo.
No puedes seguir tomando tanto camarada
Así no vas a conocer a nadie en esta ciudad
Así vas a seguir solo y con hambre
Que mala combinación para un poeta.
Ahora se me acabó el pan con mantequilla ¡Pero qué hambre¡
Lo despide al tipo, se va el tipo, bien, bien
¡A su casa, que se masturbe!
Mira esa nariz ñata, ¡Mon Dieu!
No tiene este monumento aguileño, no
¡Qué va! ¡Mírame rubia! Aquí, acá, en esta mesa
No, no te voy a sonreir
Si quieres saber más de mí
Ven siéntate conmigo
A ver mírame otra vez
Déjame que te hable de mis cóndores,
Pero como me mira con odio ese mesero: «Estos artistas».
Pero a tí nadie te va a mirar, insulso garzon,
Ya quisieras ser poeta,
Caminar con nosotros,
Bebiendo de la misma botella
Que Pablo te haga este retratito,
¿Me veo bien en él no?
Te lo enseño si vienes, francesita.
Estoy seguro que te mueres de ganas de venir
Puedo seguir aquí esperandote un ratito más
(No tengo hambre tripas, no tengo hambre…)
Que me acomodo el entrecejo fruncido
Que me acomodo el sombrero, el saco, la corbata,
Ya quisieras que te mire a ti garzon
¡Uy! Aquí viene ella. ¡Uy, viene a mi mesa!
Dale hombre, no le sonrías hasta que se siente, tú mátala callando:
“Bonjour jolie mademoiselle, sil vu plé, aselle vú!”

>Lectores de Dante en el siglo XX

>
Tratando de agrupar a quienes que se han metido por la puerta de hierro y han escrito lo que han visto.

The 20th Century Critics of the Comedy.
By Ulises Gonzales

According to the critic George Steiner, “All serious art, music and literature is a critical act.” (Steiner, 11.) Steiner says that every artist exercises criticism when choosing a style, a subject or a story to tell. Therefore Dante, heavily influenced by the poetry of Virgil, could also be, his greatest critic.

Jorge Luis Borges, one of the best readers of Dante, declared that there were a lot of beautiful lines from Virgil in the Commedia, and that some of these lines had even been improved by Dante. Borges never pointed out which lines, but through out his life he wrote many essays about the Commedia, which are collected in the book Nueve ensayos dantescos. His passion for Dante’s masterpiece was so intense that he wrote: “the knowledge and the direct contact with the Commedia is the most infinite source of happiness that the literature could provide to the reader.” (Borges, 127.) One of Borges’ best essays about the Commedia is “The Pious Executioner” where he tries to explain the reason why Francesca and his lover are being punished after their death in the second circle of Dante’s Hell.

In “The Pious Executioner,” Borges explains four theories: The first one is that Francesca’s presence in Hell is a trick to get the reader’s attention. The second is that Dante feels compassion but, as a Christian, knows that Francesca and her lover deserve punishment. The third theory is more elaborate–Dante is dreaming and, in his dream, he is feeling compassion even if he punishes the lovers.

The fourth theory is the most beautiful and the one that Borges thinks to be the right one: we, the readers, know that the criminals deserve punishment and, at the same time, we know that Radion Raskolnikov deserves punishment. Raskolnikov is not a real person, but the readers consider him a real person. Dante, according to Borges, does the same: He writes about Francesca, depicting her sins so passionately that the readers understand that Dante has no freedom, that he can’t do anything but what that which he does. The lovers deserve punishment and compassion at the same time. “Dante refiere con tan delicada piedad la culpa de Francesca que todos la sentimos inevitable” (Borges, 60.) Marguerite Yourcenar comments this interpretation by Borges in her book of essays A Pilgrim and a Foreigner.

George Steiner argues that the process of imitatio and contaminatio –when a writer takes excerpts from other writers, some lines, a few paragraphs or whole ideas– is the best way of criticism. He states: “Criticism is energized into creative responsibility” (Steiner, 15.) Therefore, imitating Dante’s work, American poet Ezra Pound transforms himself into one of the most talented critics of the Commedia in the English language.

Stuart Y. MacDougal, in his essay “Dreaming a Renaissance, Pound’s Dantean Inheritance,” offers a few lines of a poem found in one of the earliest notebooks of the student Ezra Pound:
“Come and see the place
where hell hath lain
& I “Who art thou
master that speakest
with such authority”–
& he, “I am that one
that through the heavens
followed Beatrice–
before it was willed that
I leave forever my earthly
dwelling” (Bronstein, 64)

If Dante chooses Virgil to be his guide in the Commedia, Pound chooses Dante to be his guide in his own Commedia. The poem suggests that Pound envisaged a journey much like Dante’s, although a secular one. Instead of Hell, Purgatory and Paradise, Pound names the three stages of his poem “Hell in world, body”; “Good in world, mind”, and “Spirit, soul.” The influence of Dante in Pound’s work is immense. The imaginist style that identifies most of Pound’s poems is heavily indebted to the writer that he picked up as his guide in that early poem of youth and whom he continued to read, praise and learn from, during his whole life. The origin of one of Pound’s most praised Cantos, Canto XLV, With Usura, could be traced all the way to the Seventh circle of Dante’s Hell.

In “The Waste Land” the idea of an entire world revisited by a pilgrim going from one point to another –Tiresias going from “The Burial of the Dead” to “What the Thunder said”–also could be traced to the structure of the Commedia. T.S. Eliot, even mentions in the notes at the end of the poem, a few lines from Inferno and Purgatorio that he uses for purposes of contaminatio. His praise for Dante is shown also in the long essay that he wrote about Dante’s work where he qualifies him as: “the most universal of poets in the modern languages.” (Eliot, 206.) Eliot defines Dante’s universality as a product of his brilliant usage of allegory, which helps him to create–as only the classics did before him– some of the most powerful images of modern literature.

Taking one of the images from the Commedia , the meeting of Dante in the Sixth circle of Hell with Farinata and the father of his friend Guido Cavalcanti, Erich Auerbach writes an essay in his book Mimesis. Auerbach states:

“his style is so immensurable richer in directness, vigor, and subtlety, he knows and uses such an immeasurably greater stock of forms, he expresses the most varied phenomena and subjects with such immeasurably superior assurance and firmness, that we come to the conclusion that this man used his language to discover the world anew” (Auerbach, 182-183.)

Farinata and Cavalcante are sinners being punished together in the Sixth circle of Hell. Both are masterly depicted: Farinata keeps feeling that he has the power of a feudal knight, and speaks to Dante with the authority of one of them: “Chi fuor li maggior tui?” (Inf. 10, 42.) Farinata, who stands over the flames of his tomb, seems to live oblivious to Hell and the tone of his question demonstrates that he is acting as if he were among the living. On the other hand, Cavalcanti, on his knees, shows up briefly, just to ask some questions about his son. When he understands wrongly that his son is dead he falls down again to the flames. He is suffering more than Farinata, because he wants to. Farinata keeps asking questions of Dante as to whether Cavalcanti is an insignificant fly. Both are in Hell but Dante gives them freedom to act as if they were living with the personality that they had when living on Earth.

Auerbach realizes that Dante was the first of the medieval writers capable of understanding and reaching the gravitas proper to the antique elevated style. Dante uses examples from lifes very close in time, trying to vulgarize his work, to make it accessible to his people. That is why he names his work a comedy, as opposite to the classical tragedy. But he writes a comedy with a so high understanding of the antique elevated style, that even the vulgarities that horrified some of her readers have an elevated style that no writer reached before him. Auerbach praises him as a creator of a new language, using periodic articulations and devices of sentence structure that nobody used since the classics: “Since Antiquity nothing comparable had existed in literature.” (Auerbach, 199.)

The style of Dante, boosted by his interest to create a language that uses the tools of the Classical pagan authors but to serve God, keeps him at a considerable distance from other Medieval writers. Gilbert Highet, in his book The Classical Tradition, praises Dante’s vision to pick up among the classical authors the best ones, and to understand them better than anybody else before him:
“It is sometimes said that he prefigured the Renaissance. So far that is true, it is justified by the intensity of his admiration for the Greco-Roman world, and by his knowledge of the true classics. He understands that Cicero is greater than Boethius, that Vergil is greater than Prudentius, and that Aristotle is the greatest of the ancient thinkers (…) he knew at the distance who were the lesser lights in it, and who the greater” (Highet, 80)

Dante was a bit more than a Medieval writer because he was more than a writer: he was also a critic of the classical world who served a transition between the old and the new. As Steiner says: “ A Translator between languages, between cultures and between performative conventions.” (Steiner, 7)

___________________________________________
Aligheri, Dante. Inferno. New York: FSG, 1996
Auerbach, Erich. Mimesis. New Jersey: Princeton, 2003
Borges, Jorge Luis. Nueve ensayos dantescos. Buenos Aires: Emece, 1999
Bornstein, George. Ezra Pound among the Poets. Chicago: University of Chicago, 1985
Eliot, T.S. Selected Prose of T.S. Eliot. New York: FSG, 1975
Highet, Gilbert. The Classical Tradition. New York: Oxford, 1976
Steiner, George. Real Presences. Chicago: University of Chicago, 1989

>El Rubaiyat de Omar Khayyam

>
El nos puso en la vida, malhechos y propensos al pecado.
Exige de nosotros perfección y abstinencia de pecar,
y si no lo hacemos estamos condenados.
¿Es esto justo?

Si pecamos no es culpa de nosotros,
sino de los muchos obstáculos que nos ha puesto él en el camino.
Sé que he jurado intentar seguirlo
pero estoy casi seguro que cuando lo hice,
estaba completamente ebrio.

Si tomar está mal, entonces ¿Por qué las uvas crecen?
¿Acaso él no las ha creado?
Y si nos ofrecía primero el Paraíso,
¿Por qué puso en él a una serpiente?

No nos dice de donde venimos,
tampoco nos dice a donde vamos
Pero tenemos que ser rectos y perfectos.
¿Es eso justo?

Hasta las flores más bellas terminan siendo fertilizante,
hasta los tipos más sabios terminan siendo pasto de las vacas,
alimento de los que vienen después.
¿Por qué preocuparnos por el futuro, si tenemos vino hoy?

Antes me preocupaba por discusiones teológicas
y veladas filosóficas. Escuchaba con atención a los curas y a los sabios
Tal vez ellos supieran la verdad.
Pero lo cierto es que al final, terminaba tan ignorante como al empezar.

Me asomé a una urna de barro,
de sus labios escuché esta voz diciéndome: no te preocupes por el futuro,
pues nadie sabe lo que viene, solo sabemos que vamos a morir.
Lo único seguro es esta copa de vino ¡Así que bebe!

(Intepretación libre del Rubaiyat, en la traducción de Edward FitzGerald)

>El nudo de Tirteo

>
El sueño:
Es un ferry de color naranja como las puertas del parque. Conecta el centro de la ciudad con los suburbios donde vive la familia que amo. Si me asomo a los ventanales, veo las veredas comenzando a ser reconstruídas: en vez de cemento están tirando tablones de madera nueva engarzados. Asomado a la varanda también veo las mayólicas brillantes amarillas que componen la estructura del atracadero y de esta piscina inmensa, de agua inmóvil, donde flota mi ferry. Creo que he llegado y me levanto para partir. Estoy solo en el bote anaranjado. Al arrancar, me sacude el ferry que se desliza presto como el merlín que escapa de la liana lanzada por el viejo pescador. Se desliza hasta las puertas de fierro, donde leo inscritos estos versos que ya me esperaban desde antes que hubiera ferry, vida y tablones de madera con forma de trébol:

NUDO DE TIRTEO

Me han dicho que has muerto, Kurtz
Casi con una voz nasal me lo han escrito.
Y yo acabo de conocerte
Cuando de tus ojos cansados
Ha salido la luz iluminante
Del camino de las aventuras y el juego
¿Intelectual?

¿Sabes?
Algunas veces aburre estar sentado
Mirándote engendrar un horizonte nuevo.

Algunas veces provoca
Tirarte a descansar sobre los maderos
Podridos del desembarcadero

Donde los animales caritativos
Soban sus lomos contra las rocas del
Placentero pozo.

Pero eso era antes
Pasado de camiones reventando gente
Y cajas de licor remando sobre las olas.

Ahora las parejas ya no vienen por
Estas playas
Porque las barras rojas han parido
La sangre absoluta y la rabia.

Tirteo grita en la primera fila:
¡El pescador ciego ha caído delirando!
¡Hay que vengarlo!
Cuelga su sexo húmedo y sangrante
Kurtz, escúchame: ¡Hay que vengarlo!

Pero Kurtz, dicen que has muerto,
Con una voz nasal me lo acaban de repetir
Holocausto de visiones suicidas
Que marchan al compás de los versos de Tirteo.
Y a la cítara, al fin, el cuerno suceda.

¿Por qué peleamos?
Es la máquina papelera,
Que revienta de ofertas de provincia,

Adelanta la hora, a la hora marcada
Y levanta la cresta colorada en casa
Se pelea en casa y lejos de casa
Al carajo se pelea,
Prometida bruta.

¿Tú le crees al presidente de los Estados Unidos?

Ahora este gobierno de George W. Bush ha creado un magnífico sistema para ayudar a los pobres a salir de su miserable situación. Un alucinante programa lleno de oportunidades para su desarrollo personal y su incorporación activa a la sociedad. Una organización tan efectiva que el joven de los Estados Unidos puede por fin sentir como el gobierno se preocupa por generar oportunidades de empleo y superación para los más necesitados. Esa organización se llama: ARMY. El ejército reparte todas las semanas volantes en Lehman College, donde yo trabajo, ofreciéndole a los jóvenes del Bronx –que saben que tras cinco años de universidad nada les asegura que vayan a conseguir un empleo decente–, la oportunidad de su vida: El ejército. Son tan cretinos en su «estrategia de marketing para el reclutamiento» que en uno de esos volantes ofrecen, además de los beneficios de estudios y desarrollo profesional, que si te registras te regalan un código para que te bajes dos canciones de iTunes a tu iPod: «Sólo firma aquí abajito y el mundo es tuyo, Caracortada».

Anoche vi el documental Why we fight. Tal vez lo más relevante fueron las imágenes de archivo en las cuales, despidiéndose de los norteamericanos que lo habían elegido presidente, Dwight D. Eisenhower prevenía a sus compatriotas de los peligros de permitir que la industria de la guerra se apoderara de las decisiones de gobierno en los Estados Unidos. El documental quiere demostrar que eso es precisamente lo que ha pasado: la industria de las armas ha tomado el control del gobierno y nadie quiere, y si quiere no puede, cambiar esta situación. Las predicciones de Eisenhower se han cumplido.

Una y otra vez se nos demuestra, no con vagas teorías conspiratorias sino con audio e imágenes de sus principales personajes (Bush, Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz) que la guerra en la que ahora Estados Unidos está metido hasta el cuello, fue una creación, una mentira con la que se han hecho millonarios políticos y militares que trabajan en el Congreso, en el Pentágono y en todas las esferas del poder.

George W. Bush aparece diciendo: «Yo nunca dije que había lazos entre Saddam Hussein y los atentados del 11 de setiembre..». Rumsfeld dice: «Todos saben que Irak tiene armas de destrucción masiva, nosotros los sabemos, los ingleses lo saben». Cheney aparece declarando: «Estoy convencido que los iraquíes nos van a saludar como liberadores».

Cuando la guerra era inevitable, recuerdo haber pensado, (muy ingenuamente), que si se van a cometer tantos sacrificos, ojalá que las «ideas» que EEUU vendía (El ejemplo democrático se va a expander por el Oriente Medio, Saddam está preparando un gran complot terrorista contra los EEUU) fueran verdad. Esperaba, ya que la guerra era inevitable, que al menos ellos tuvieran razón.

Pero NUNCA TUVIERON RAZON. SIEMPRE FUERON CONSCIENTES DE QUE ESTABAN MINTIEND. Estados Unidos tuvo en algún momento a todo el mundo detrás, compadeciéndolo por la pérdida de vidas en los atentados del 11 de septiembre. Estos politicos despreciables, utilizaron esa fuerza, ese apoyo, para cimentar la idea de Estados Unidos como un imperio todo poderoso y la maquinaria de la industria de la guerra agarró la oportunidad para volverse multimillonaria.

Eso apesta. Ningún gobierno en los Estados Unidos le ha mentido de un modo tan descarado a su población.

Y no solo eso: en su discurso por el Estado de la Unión, Bush anunció que se iban a promover todos los métodos de energía alternativa, que su prioridad de ahora en adelante iba a ser encontrar energías alternativas al petróleo. ¿Cuál fue el siguiente paso a este revolucionario mensaje?: El gobierno de George W. Bush cortó significativamente el presupuesto para investigaciones relacionadas con nuevas energías que reemplacen al petroleo.

Lo peor es que documentales como este te venden la ilusión que el conocimiento y la información son garantías de cambio, que son la prueba fehaciente que existe libertad de expresión en este país. ¿Pero qué va a cambiar? Sólo había cuatro gatos viendo el documental, cuatro gatos que ya sabemos lo que nos estaban diciendo: hay una poderosa maquinaria de producir dinero detrás de cada guerra en la que está metido este país. Hay gente vinculada a esas empresas que se hacen multimillonarias con la guerra, y mucha de esta gente está metida, como nunca antes, en los círculos que deciden las estrategias de gobierno. Y nada va a cambiar. Es deprimente.

Marcel Carné: Les Enfants du Paradis

Hace unos meses, en una entrevista que le hicimos con el maltés a Harold Bloom, le pregunté qué películas le habían gustado y Bloom respondió que, si bien nunca iba al cine, había visto hacía siglos una película deslumbrante: Les Enfants du Paradis. Ayer, entre mi lectura de los tediosos discursos de Emerson, por fin la pude ver.

Terry Gilliam decía que ya no se hacen películas que sean a la vez poemas y éxitos de taquilla. Les Enfants du Paradis fue ambas. El filme es una historia fascinante poblada de personajes hábilmente construídos y al mismo tiempo es un poema al amor y a las posibilidades del cine como arte.

Marcel Carné había dirigido varios filmes exitosos cuando su productor le dijo, con absoluta certeza, que su siguiente paso tenía que ser una película épica. Era 1943 y Francia estaba ocupada por los alemanes. Carné y su guionista Jacques Prevert estaban dándole vueltas a algunas posibles ideas cuando, por coincidencia, se tropezaron en una calle de Niza con el actor Jean Louis Barrault a quien no veían desde el comienzo de la ocupación alemana. Fueron inevitables unos tragos y una larga conversación sobre el cine y el teatro. Entonces Barrault le contó a Carné la historia de un famoso mimo francés de principios del siglo XIX: Baptiste.

Baptiste, el más admirado y elogiado mimo de Francia, paseaba una tarde con su dama por el famoso “Boulevard de Crime” cuando un borracho la insultó. Como este siguió con los insultos, Baptiste no tuvo más remedio que golpearlo, con tan mala suerte que el borracho murió. Fue apresado y a su juicio asistió todo París: no por morbosidad sino porque todos los parisinos tenían curiosidad por saber cuál era la voz de Baptiste.

La historia lo entusiasmó tanto a Carné que empezó una minuciosa investigación sobre aquel período del teatro francés y encontró una gama de interesantes personajes históricos. El guionista Prevert le daría forma final al argumento y Jean Luis Barrault asumiría el papel de Baptiste. El título de la película, decidido por el director incluso antes de que el guión estuviera terminado, proviene de una jerga entonces ya en desuso: a los asientos más baratos del teatro– los que nosotros llamamos cazuela–se les llamaba “Paradis” (Paraíso). (El traductor de la película al inglés descubrió que los ingleses los llamaban “Gods” (dioses) y es así como figura en los subtítulos).

Los Niños del Paraíso es una película que fue filmada con un presupuesto millonario para su tiempo pero con el inconveniente de tener que ser supervisada por los censores alemanes–el comentarista describe las dificultades de Carné para burlar a los alemanes que no querían ni siquiera extras judíos en el filme–. Cuando se terminó de editar la película la victoria de los Aliados era inminente y Carné decidió postergar su estreno hasta 1945 para poder incluir entre los créditos los nombres de sus colaboradores judíos (a los que se les reconoce su aporte “desde la clandestinidad”).

El filme–al igual que Fanny y Alexander otra gran película del siglo XX–, es un homenaje al teatro en general y a Shakespeare en particular. Mientras las obsesiones del Alexander de Bergman son el joven Hamlet, la suplantación de Claudio y el fantasma del asesinado rey de Dinamarca; la de estos personajes de Carné son los celos de Othello, el odio de Iago y el crimen de Desdemona.

La bella Garance es quien provoca los celos de los personajes del filme: los de Baptiste, cuyo talento es anulado cada vez que es consciente de que Garance no lo ama como él la ama a ella; los de Nathalie, ciegamente enamorada de Baptiste; los de Larcenier, asesino con aspecto de dandy que proclama que los seres humanos son todos aborrecibles; los del Conde, esposo de Garance, capaz de aceptar no ser amado por ella, pero no de que Garance ame a alguien más. Y por último los de Frederick: brillante actor y ex amante, quien gracias a Garance descubre una sensación que no había experimentado jamás: los celos. Esa experiencia le brinda lo único que le faltaba para sentirse capaz de interpretar al personaje dramático que más admiraba: Othello de Shakespeare.

Los diálogos abundan en frases inspiradas y el guión dimensiona adecuadamente a los personajes principales: Prevert hace que en algún momento del filme ellos cuenten los pormenores de su niñez. El manejo de los actores es muy preciso, sobre todo en las escenas en el teatro de Funambules; y la iluminación acentúa las escenas más dramáticas, los gestos y las sonrisas habladoras de los actores.

Por último: la escenografía construída para las escenas en el Boulevard es magnífica. Allí los extras fluyen interminables como si se tratase del mundo real, contando pequeñas historias en cada ángulo de la pantalla. En la escena culminante, la luz baña todo: esa multitud de París que celebra el carnaval, mientras Baptiste avanza abriéndose paso entre la gente y gritando el nombre de su amada Garance.

Dickens: Great Expectations (Grandes esperanzas)


Dos finales para «Grandes esperanzas»: el feliz (que Dickens eligió ), el triste, que desechó siguiendo el consejo de su amigo Bulwer.

Al parecer Dickens le tenía «tanta fe» a Bulwer que su versión «triste» nunca la destruyó. Algunos críticos afirman que en cierta correspondencia Dickens deja entender que quizá hubiera preferido el otro final. Por otro lado, para el crítico inglés F.R. Leavis, resulta incomprensible que alguien en su sano juicio pueda concederle alguna importancia a esa teoría. Edgar Rosenberg, autor de la edición crítica de la Norton, lamenta que Dickens haya dejado dos finales y una discusión que jamás se dará por zanjada (pero dedica todo un largo capítulo de esta edición a la polémica).

Lo más importante de la novela son algunos de los personajes que crea Dickens. Aquí vale mencionar lo que el crítico norteamericano Edmund Wilson señala en su ensayo » The Two Scrooges»: Charles Dickens es el único escritor que ha conseguido aportar a la historia de la literatura inglesa tantos personajes inolvidables como Shakespeare. (Pero Wilson privilegia la cantidad antes que de calidad: ningún personaje de Dickens es tan complejo como Iago, Portia, Edmund o la parejita Macbeth.)

Personajes memorables de «Great Expectations»: el escrupuloso abogado Jagger, el fiel amigo Herbert, la bellísima e insensible Estella, el abnegado empleado Wemmick, el grato prisionero Abel, la amargada Miss Havisham, el aborrecible Pumbleshock, el crudo y envidioso Orick y el descorazonado y siempre expectante Pip. Todos se mueven alrededor de un universo que el escritor construye minuciosamente para que de alguna manera (un poco jalada de los pelos en algunos casos) todos se junten en el desenlace.

Algunas veces, es verdad, las coincidencias nos hacen pensar en lamentables ejemplos de telenovelas mexicanas.En los manuscritos de Dickens hay un detalle que relata el autor y que creo es muy importante: la unica relacion que florece es la que proviene de la generosidad de Pip. Y esa es la que lo salva cuando parece haberlo perdido todo.

Algunos de los mejores pasajes de la novela: la primera escena, en la primera página, es maravillosa: Pip, en el cementerio, observa la tumba de su padre, la tumba de su madre y la tumba de todos sus hermanos. En ese momento se percata de la existencia de las cosas que lo rodean, reconoce la existencia del mundo. Este motivo regresa casi al final cuando otro personaje que creció en el mismo entorno de pobreza, recuerda como siendo niño en algún momento se dio cuenta de las pocas opciones que le otorgaba la vida. Otras escenas inolvidables: El matrimonio de Wemmick, sus almuerzos en el castillo y en general las escenas donde este aparece con Jaggers son finisimas bromas de Dickens, la visita de Pip a la prisión Newgate es memorable al igual que el juicio final donde se decide la fortuna de su amigo; los encuentros entre Pip y Miss Havisham son en general muy bien logrados, en especial el ultimo; su primera pelea con Herbert en el patio y sus acercamientos a Estella, sus encuentros con Biddy y las explicaciones simples pero genrosas de Joe, la descripción de la familia de Herbert Pocket a la llegada de Pip es contada con lujo de detalles, cargadas con el fino sarcasmo de Dickens para retratar a los arquetipicos representantes de las clases sociales de la Inglaterra victoriana.

Para entender la novlea también hay que considerar su fuerte carácter autobiográfico. Dickens tuvo que trabajar en una fábrica de calzado siendo niño, al ir su padre a la cárcel por deudas. Si bien fue solo por algunos meses, la perspectiva de convertirse en un hombre sin ninguna esperanza en la vida lo marcó profundamente. Y aún más el saber que su madre, cuando ya su padre tenía el dinero para liberarlo de la fábrica, insistió, felizmente sin exito, en que el pequeño Charles siguiese trabajando.

Rob Carling mencionaba al comenzar a leer el libro que existen dos grandes motivos en las novelas victorianas, dos ejes sobre los cuales se construyen casi todas las grandes historias en esa época (y también antes y después): el amor y el dinero. Pip no tiene dinero al comienzo de la novela pero gracias a una jugada del destino lo consigue. Tiene amor para dar pero este amor no es correspondido. Sus grandes esperanzas dependen de que ambos ejes se unan. El final que Dickens escogió propone esta opción.

No imagino que alguien que haya compartido las aventuras y desventuras de Pip desde la pagina uno, pueda desear un final desgraciado para el personaje principal. Este es un final, si bien algo forzado, bastante decente: Dickens le quita a Pip el dinero obtenido de su inesperado benefactor y le otorga el dinero que ha conseguido gracias al duro trabajo y a una noble decisión; y si bien no le entrega al gran amor de su vida en bandeja, en la escena final Dickens le brinda al lector, un tanto en el aire es verdad, esa gran esperanza.

Noticias del sabado

El estudiante es alto y siempre parece que estuviera a punto de estrellarse la cabeza contra un poste. De vez en cuando saca la lengua para refregarse los labios: el frío quema y ella no llega.

Las calles están llenas de animales y de gente. Es sábado en la noche, por aquí y por allá cree ver alguna cara conocida: alguna compañera, la pelirroja que cruza apresurada. El estudiante mueve las manos en los bolsillos, mira hacia la esquina: no vive tan lejos del tren, debe estar a punto de llegar, piensa él.

A los 45 minutos de espera el estudiante se resigna, da la vuelta y empieza a caminar hacia el paradero: suena el celular, mete apurado las manos en uno de los bosillos del sobretodo, mira el nombre en la pantalla del aparato y se desilusiona: ¿Aló?

El estudiante le miente a su amiga la negra: ha cenado con unos amigos, pero puede pasar por su casa a ver unas películas. Echa otra mirada. Una flaca con rostro de animal tejano cruza la calle: tampoco es ella.

La ha abrazado a la negra como siempre, se ha pasado un poco con las manos y esta vez–como ciertas veces– ella lo ha dejado seguir. La compañera argentina no va llegar sino hasta la mañana siguiente, chupa los pezones, le presiona la cabeza y ella acepta.

Se despierta a mitad de la noche para mirarla. Tiene los labios entreabiertos y los ojos apretados como si estuviera sufriendo. Mira el perfil de su cuerpo delicado bajo las sábanas. Hace calor en esa pieza, quisiera abrir la ventana pero tendría que pasar por encima de ella y despertarla. No lo va a hacer. Camina hacia la cocina y se sirve un vaso grande de bebida. Está terminándoselo cuando la puerta de la calle se abre y entra la argentina. El estudiante se fija largamente en su cabello pelirrojo, las pecas en la nariz que lo vuelven loco.

–¿Qué tal estuvo la fiesta? pregunta el estudiante.

Ella responde: un evento social aburrido como los de las tres últimas semanas. Dice que siempre se trata de la misma gente que le habla de las mismas cosas y que, para empeorarlo todo, su novio se ha peleado con ella por una estupidez. Estaba demasiado borracho y se largó de la fiesta dejándola sin dinero para el taxi. Ella dice que ha regresado en el metro y que se ha congelado de frío caminando desde la estación. “¿La negra?” Pregunta ella. El estudiante responde: se ha quedado dormida. La argentina le dice en voz muy baja: ha estado muy mal desde que se separó del grieguito. “Algo me ha contado” dice el estudiante y se termina la gaseosa, como preparándose para volver a la cama.

La argentina le pregunta si quiere tomar un café. El estudiante nota, sorprendido, que entran por la ventana de la cocina las primeras luces azules del día. Acepta.

Mientras llena la cafetera de agua y esta empieza a calentarse, el estudiante la mira. La argentina parece no darse cuenta, sugiere que se sienten en la sala a esperar que caliente. Va a encender la televisión, bajito «para que no se despierte la negra», dice la argentina.

Se calienta el café y se calientan ellos. Dejan la television prendida y como a las once de la mañana la negra abre la puerta de su habitación para apagarla. Hay dos tazas de café sobre la mesa de centro de la sala y la puerta del cuarto de su compañera argentina está cerrada. La ropa del estudiante sigue desparramada en la alfombra de su habitación. La dobla sobre el sillón de la sala: la luz entra por una claraboya celeste y la inunda. Una arañita inmóvil de triste mirada, cuelga sobre un cojín de tela.

En la habitación de la argentina, el estudiante contiene el aliento y escucha los pasos de la negra, alejándose delicados y la puerta de su cuarto que se cierra con suavidad. La argentina ronca dulcemente con los blancos brazos cansados alrededor de él.

El estudiante siente mucho calor. Empuja las sábanas de la cama hasta el suelo y se dedica, con paciente cuidado, a contemplar el techo por un rato y a poner otra vez su mente en blanco.

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