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The New York Street

Un blog lleno de historias

Autor

ulisesgonzales

Writer. Editor of the literary journal Los Bárbaros (New York) and Las Furias (París). Editor at Chatos Inhumanos Publishing House (New York). Professor at the Journalism and Media Studies Department, Lehman College, CUNY, Bronx.

La vida avanza

A espacio tiempos
La vida avanza
Sembrando letras, probando vidas
Como la virgen naturaleza
La vida avanza

Entre la niebla de la ventana
Y caminando hacia la estación
Rompiendo el hielo de su silencio
Marcando textos a los que vuelvo
(O he de volver, porque es preciso)
Entre los libros con que respiro
La vida avanza

Biografías de mayúsculas
Textos breves
Comedias-dramas
Mini reseñas
Por la vereda del comentario
Entre las vacas de la inconstancia
La vida avanza

Con Eneas en la 57

Camino a paso rápido por la calle 57. Estoy matando el tiempo en el mejor sentido posible. Salgo de mi clase de latín, y me dirijo hacia la estación del subterráneo para tomar el tren hacia Lehman. Ya me han empezado a entregar las primeras páginas que necesitan ser diagramadas para el Bronx Journal.

Según los informes de la radio esta mañana, el clima iba a ser bondadoso. Sin embargo, tengo las manos heladas.

Nunca había entrado al local de Borders en la esquina de la 57 con Park Avenue. Encontré el libro que reseñaron con tanto desprecio en el NY Times Review : My Unwritten Books de George Steiner. Se me ocurre que es posible adaptar ese camino de la envidia de los personajes hacia sus creadores. En la foto de la contraportada se le ve muy viejo al señor Steiner.

Nota, clase de mitología: ¡Qué hija de puta la Venus! Y las hermanas de Psique ¡Pirañas!

White Teeth de Zadie Smith, por recomendación de una profesora feminista de la escuela de idiomas, resultó ser el primer libro en inglés que leí ya viviendo en Nueva York. Me atrae la carátula anaranjada y abro la primera página para encontrar un epígrafe tomado de una novela de E.M. Forster que estuve leyendo en enero: Where Angels Fear to Tread. Leo las dos primeras páginas de la novela y me sorprende la facilidad para leer la misma página que en el 2001 me tomó tanto trabajo. La prosa de Smith es ingeniosa si bien después de haber leído a Rushdie, Smith ya no sorprende.

La diosa me comenta lo que yo ya sé. Hay fuerzas mucho más grandes que la voluntad. Allí no te puede dar apoyo ningún librito de auto ayuda. Pienso en la tarde de ayer, en la otra parada más placentera sobre el grass de Central Park. La vida te entrega sueños y ellos se te van escurriendo conforme caminas. Cuando abres la bolsa para ver los que te quedan a veces sólo descubres el reflejo de tus arrugas.

Martel explica cómo nació Life of Pi: Derrotado y en la India, frustrado al no haber podido darle forma a una novela histórica ambientada en Portugal, se tomaba un café. Se disponía a marcharse cuando un anciano se le aproxima y le ruega que lo escuche, que quisiera contarle una historia «capaz de hacernos creer en Dios». Presto un poco más de atención a los tacazos de las mujeres que caminan por la calle 57. En el subway, por lo general, todos usan zapatos planos o zapatillas.

Tom O’Hanlon se acerca hasta la puerta de mi oficina y me narra su epifanía de las ocho de la mañana:

 

Venía desde la casa manejando y maldiciendo todo lo que tengo que hacer hoy, y de repente se me ocurrió pensar que mi día nunca podría ser tan malo como el que le esperaba a Eliot Spitzer

Y de todo el escándalo, de los cristales rotos de la carrera política de Eliot Spitzer, como de las cenizas, resurge el próximo gobernador del estado de Nueva York: ¡Nuestro gobernador es el primer gobernador negro (el tercero en la historia de los EEUU) y es ciego (el primero en la historia de los EEUU)!

Se vienen buenos tiempos en Albany.

Y a la deliciosa prostituta inspiradora de sus infidelidades, no han dudado en crucificarla con titulares en el Daily News y el New York Post. Como si no bastase que el NY Times nos haya otorgado el enlace a su página en myspace, donde ella resume su infancia difícil, los abusos a que fue sometida. El New York Post llena su portada: Conozca a la ramera que provocó la caída de Spitzer.

Otra nota (esta vez de mi clase de latín ¡Qué bien que escribe Ovidio!):

hoc opus, haec pietas, haec prima elementa fuerunt
Caeseris ulcisci iusta per arma patrem.

 

Sobre Cintia, la primera

Son las cuarenta bocas las que llaman mi atención. La boca que temblaba junto a la mía en una cámara oscura. La boca que juraba amor al lado del pesebre entre la negra soledad de las rocas.

Son los pechos de ella los que tiemblan en el recuerdo. Atrapados en el tiempo y entre mis dedos antiguos. Y su cabello entrenado para caer lentamente a la luz reflejada en el mar, y sus ojos preparados para jurar.

Son las pisadas en la madrugada, pegados al recinto colorado, son los cetros de plata con que mirábamos juntos el universo y despintábamos las cenizas de nuestra pobreza (¡A quién le importaba entonces la pobreza!)

Son las toneladas de cariño batidos entre manos frágiles y besos camino a su cuello. Son las súplicas a la noche, que no concedía más que el silencio y el despertar a solas. Son las miradas llenas de fracaso, los lagrimones impotentes con los que me castigaba la furia del universo de los desentrenados, de quienes no saben caer.

Esas mujeres siempre vuelven, en noches de frío. Todas ellas son las cuarenta bocas, que lejos de aquí, siguen su camino. Mis noches llevan sus marcas. Y algunos de mis días aún tienen el destino transtornado por aquellos labios a los que nunca pude besar.

Pretend (to be positive)

Temblar por un beso,
Por sus ojos sentados sobre mi cuerpo.

Sentir la mirada, la repentina ausencia de miedo
Eso es el universo.

Amar el momento y de momento amarla solo a ella.

Nunca perder el optimismo pero siempre escaparse
Con la cabeza en alto y dos pares de medias

Pretender ser feliz, pretender mucho
Mientras la oscuridad se aglomera
A las orillas del pedestal de tiza

Siempre hay cobre en el cenicero
Siempre hay oro en tus bolsillos vacíos
Siempre podemos contar con la bala de plata

Marinero del catamarán enmohecido
Diletante millonario del jet privado con cepo y treinta boletas naranjas

Tirador de dedo, exprimidor de soles
Sobre el cubo enclenque te has subido
Y has declamado su nombre al borde del desierto
Has recitado nuevamente: los evangelios del deseo

Reina esta noche y las siguientes
Dirigeme la mano y hazme temblar de gloria
Que ella, húmeda y sincera, en el silencio de las sábanas,
Me abrume otra vez.

Aeneid, the Mandelbaum translation



Virgilio leyéndole La Eneida al emperador Augusto.

Pero para sufridas Dido: encamotada, hierve de fiebre al ver al troyano moviendo los pectorales, campechano, echándose flores con la pinta de aventurero, de conquistador. Al parecer nadie le avisó que Eneas estaba haciendo sólo una parada técnica, que después de la meadita y de contar su historia (estaba triste, se le acababa de morir el papá) tenía pensado seguir viaje para Italia.

Así que Eneas siguió hacia el sur, como ya había sido planeado. Los dioses se rieron de su pequeña ambición de formar una familia, cumplir el papel del esposo cariñoso. Te esperan tantas mujeres Eneas, tantas aventuras. No te hagas de rogar. Las diosas le dicen que empaque, que no diga nada y zarpe de una buena vez. Dido se mata por amor mientras Eneas en alta mar sigue al viento, a fundar su imperio.

¿Qué imperios nos esperan a nosotros Sirius? ¿Me sigues? ¿Has movido la cola? ¿Esa es tu manera de decirme que sí? No creo que nos espere nada, para decirte la verdad. No nos ha sentado nada mal quedarnos aquí con nuestra Dido, sentar cabeza, recuperar fuerzas. No me molesta tumbarme en la cama a echar la siesta, preparar la comida, darte de comer al plato, sacarte a pasear tres veces al día.¡Ah, vida burguesa!

Hoy le dije a mi Dido que quiero viajar con ella.¿A dónde más? ¡A Italia! Esta mañana en Borders, estuve hojeando un libro sobre los restos de Pompeya. Buenas reproducciones de los frescos en las paredes, fotos de los caminos de piedra y del coliseo reconstruido. Recordé que alguna vez me saqué las sandalias sólo para sentir que estaba caminando «sobre» las piedras de un camino romano. Recordé también las playas de Sorrento, la vista del Adriático desde el malecón hacia la playa. Me gustaría viajar con ella y llevarla en el bote que recorre la costa amalfitana. Me ha abrazado fuertísimo, me ha entendido.

Eneas en el infierno se encuentra con Dido. Ella esquiva la mirada, fija los ojos en el suelo y por más que él le suplica («es tal vez la última oportunidad que tendremos para hablar») y le dedica toda una stanza (No parece mucho, pero el lacónico Eneas pocas veces le dedica más de una línea a alguien que no sea su viejo Anquises) Dido lo ignora, y sigue sufriendo.

Se me ha quedado grabada–no entiendo bien por qué–, la cara de cojudo con la que Caronte acepta llevar a Eneas. Primero lo encara con rabia, le dice que ya estuvo bueno que dejase pasar, muy a su pesar, a unos cuantos hijos de dioses, pero que él mejor que se de la vuelta, que ni sueñe que lo va a pasar al otro lado. Sin embargo el miserable se rebaja toditito cuando la sacerdotisa le enseña el regalo para Perséfone. «¡Sólo soy un simple barquero!», debe de haber pensado el pobre Caronte, resignado a que algunos privilegiados puedan moverse a sus anchas por el infierno.

Walking Uptown Manhattan


Hay ciertos días en que es necesario bajar la cabeza y seguir caminando. Por cierto que el clima no está malo, es más, me ha venido un repentino deseo de ser libre mirando los edificios desde los ventanales de Hunter. El viento es de color gris, pero los vestidos son de todos los colores. El aire es más fresco, se siente bien recuperarse de la fiebre. ¿En algunos trenes la calefacción es distinta que en otros? No sé por qué ayer me asfixiaba a la misma hora y ahora he viajado fresco y hasta con algo de frío. He llegado con exagerado adelanto.

Una muchacha es de Georgia y yo creía que su acento era británico. Por alguna razón cree que por haber terminado la maestría de literatura debo escribir con un inglés muy bueno. Mirando los grabados del libro de Blake me han dado ganas de adquirir la edición crítica de la Norton.

Quedan pendientes algunas cosas en mi clase de diseño. A los estudiantes les ha gustado recibir una variedad de ejercicios pero voy a seguir intentando darles material. Hay algunos trabajos muy creativos. Creo que las mejores tarjetas de presentación que he visto hasta hoy, lo cual demuestra que se les puede tener fe. Haremos una clase adicional lo cual nunca he hecho antes.

Con el cabello corto, lluvia en Johnson Avenue, bajando por la colinita de Riverdale. ¡Qué difícil resulta encontrar un lugar para estacionarse cerca de Lehman College! Pareciera que todo el barrio se ha comprado un auto desde el año pasado.

El exámen de latín, más sencillo de lo que yo esperaba. Las respuestas se pueden deducir si tienes un conocimiento medio de la cultura clásica. La gramática es la parte más difícil pero para poder cumplir sólo queda memorizar y memorizar. No hay otra. Hemos visto la cuarta declinación.

Toda la historia de Cadmos viene a pelo: Fundador de Tebas, hermano de Europa, mandado por su padre a buscar a la hermana, secuestrada por Zeus. De los dientes de la serpiente sagrada, sembrados en la tierra, nacen cincuenta guerreros que luchan entre ellos. Con los cinco que sobreviven se funda Tebas, pero la familia real de Tebas siempre estará condenada por Ares que llorará la muerte del animal y esconderá su maldición a Cadmos al ofrendarle a su hija Harmonia como mujer. Las Nereidas, las 50 hijas de Nereo con Doris (hijos de Pontus y de Oceanus) Tres Nereidas son las más importantes. De ellas la más famosa es Galatea por la cual pierde la cabeza Polifemo y, Anfitrite, esposa de Poseidón.

Es preciso el comentario de la profesora Bernardo. Siendo feo Polifemo era tan vanidoso como el bello Narciso. Qué gran ejemplo de la relatividad de la belleza y de la estupidez de la apariencia. Hay una chinita en la clase, de apariencia muy bonita. Hay muchas mujeres mayores y un bigotón que llega arrastando los pies. No se le ve tan cansado pero tiene la apariencia de ser alguien mortalmente cansado. El hombre más cansado que he visto en Hunter.

Una larga caminata por Lexington, camino a la 86. Hay tantas cosas que ver en la ciudad, cada calle es tan distinta, tan llena de detalles. Creo que si me propusiera conversar con alguien cada día sería aún más interesante. Debe haber muchísimas historias entre tanta gete que sube y baja las escaleras. El mexicano que sirve los hot dogs no me quiere recordar cómo se llama la col hervida. «Repollo» contesta muy serio. No se le puede replicar nada.

Eneas entra al infierno acompañado de la sacerdotisa, Caronte acepta cruzarlo en su barca luego de ver el presente que lleva consigo: la rama dorada. Debí haber leído La Eneida antes de leer el Infierno de Dante, ahora voy a tener que releerlo. Estoy escribiendo otra vez.

Patrick Stewart es Macbeth


Photo: The New York Press

Anoche vimos Las reglas del juego de Renoir y Frances quedó impactada por la escena de la cacería (masacre) de los conejos. ¡Me preguntó si había escogido la película a propósito!

El clima ha estado tan malo como toda la semana. En la clase de latín hemos empezado con las traducciones del inglés al latín que resultan mucho más complicadas que en el sentido inverso. En la clase de mitología, la profesora Bernardo ha comentado sobre la frase de César a Bruto (Et tu Brute?) que Shakespeare tergiversa, pues en la boca de Julio César, que sólo conversaba con sus pares en griego, la misma frase tiene carácter apotropaico, no reflejaría su corazón partido por la traición sino más bien el profundo deseo de mal para quien le está haciendo mal.

Dos kekitos de Magnolia de por medio (perdido en el West Village, con la casaca hasta la nariz y el gorro hasta la barbilla) y un pollito de Pardo’s Chicken (el pollo más jugoso que otras veces, las yuquitas un poco mejores y una ensalada al vapor bastante buena), el tren 2 hasta el BAM para la función de esta noche: Macbeth, con Patrick Stewart (Capitán Picard de Star Trek) en el papel principal.

El teatro Harvey del BAM (Brooklyn Academic of Music) es una reliquia de fines del siglo 19. Fue abandonado tras la decadencia del centro de Brooklyn en los 70s y 80s (violencia y empobrecimiento de todo el sector) y restaurado y recuperado para las artes a fines de los 90s. Dicen que el entonces director de BAM tuvo que entrar a través de una ventana rota en el segundo piso pues todos los accesos normales estaban sumamante deteriorados. Aparte de los delincuenciales 80 peldaños que hay que escalar para llegar a la galería, el diseño es perfecto, pues respeta la decadencia del edificio, lo que resalta–paradójicamante–los detalles que quedan de su esplendor original.

La puesta en escena es sencilla y eficiente. El efecto dramático es potenciado con sonidos grabados, proyecciones en la pared y efectivos cortes entre escenas. La aparición del fantasma de Banquo es chocante, perfecta para ir al intemedio; igual que el informe del soldado moribundo, al principio, atendido por las tres brujas vestidas de enfermeras; y la carnicería en el castillo de los Macduff. Cuatrocientos años después de haber sido representada por primera vez, todavía se nos pone la piel de gallina al adivinar la suerte de las criaturas o al ver las dagas ensangrentadas con que regresa Lady Macbeth.

Patrick Stewart, actor cuajado en Shakespeare hasta mediana edad, a quien el destino puso como capitán de una nave más longeva y afortunada de lo que pronosticaron a su nacimiento, refleja con gran calidad el deterioro mental del hombre poderoso derrotado por los fantasmas de sus víctimas. Lady Macbeth también da la talla: manipulando, ocultando, tramando, y lavando infructuosamente sus desgraciadas manos de reina mala.

Después de haberme perdido King Lear en el BAM con Ian McKellen ( entradas agotadas) valió la pena comprar los boletos esta vez con más anticipación. El teatro estaba lleno. No sé si muchos vinieron sólo a ver a Picard, pero de todos modos se llevaron a casa un gran Macbeth (Tengo entendido que esta puesta en escena fue la sensación teatral de Londres durante el 2007).

Incendio de la biblioteca/Libro 3 de Paterson

Entre las llamas de la biblioteca que ama
abominable fuego que al dadaismo ofrece
queda la yerma tierra que aborrece
la tremebunda ofrenda que Antonin reclama

Confia en que las cascadas le han de prestar su voz
mientras Paterson arde y se borra su historia
para sembrar otro campo, otra voz y memoria
que el doctor va engendrando con lentitud atroz

De voces de los suburbios pretende sembrar su gesta
Una epica de americanos, sin griegos ni latinos Williams sueña
Recolectando cartas, mapas, revistas; tiempo e ingenio utiliza
Pero van ya tres libros y su hazaña, pequeña.

Paterson ciudad-gigante, a los textos de muertos hoy desdeña
Convoca al fuego y al viento: los reduce a ceniza.

From Paterson, 10 de febrero

To write, nine tenths of the problem is to live.
William Carlos Williams. Paterson Libro 3

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