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The New York Street

Un blog lleno de historias

Autor

ulisesgonzales

Writer. Editor of the literary journal Los Bárbaros (New York) and Las Furias (París). Editor at Chatos Inhumanos Publishing House (New York). Professor at the Journalism and Media Studies Department, Lehman College, CUNY, Bronx.

Patrick Stewart es Macbeth


Photo: The New York Press

Anoche vimos Las reglas del juego de Renoir y Frances quedó impactada por la escena de la cacería (masacre) de los conejos. ¡Me preguntó si había escogido la película a propósito!

El clima ha estado tan malo como toda la semana. En la clase de latín hemos empezado con las traducciones del inglés al latín que resultan mucho más complicadas que en el sentido inverso. En la clase de mitología, la profesora Bernardo ha comentado sobre la frase de César a Bruto (Et tu Brute?) que Shakespeare tergiversa, pues en la boca de Julio César, que sólo conversaba con sus pares en griego, la misma frase tiene carácter apotropaico, no reflejaría su corazón partido por la traición sino más bien el profundo deseo de mal para quien le está haciendo mal.

Dos kekitos de Magnolia de por medio (perdido en el West Village, con la casaca hasta la nariz y el gorro hasta la barbilla) y un pollito de Pardo’s Chicken (el pollo más jugoso que otras veces, las yuquitas un poco mejores y una ensalada al vapor bastante buena), el tren 2 hasta el BAM para la función de esta noche: Macbeth, con Patrick Stewart (Capitán Picard de Star Trek) en el papel principal.

El teatro Harvey del BAM (Brooklyn Academic of Music) es una reliquia de fines del siglo 19. Fue abandonado tras la decadencia del centro de Brooklyn en los 70s y 80s (violencia y empobrecimiento de todo el sector) y restaurado y recuperado para las artes a fines de los 90s. Dicen que el entonces director de BAM tuvo que entrar a través de una ventana rota en el segundo piso pues todos los accesos normales estaban sumamante deteriorados. Aparte de los delincuenciales 80 peldaños que hay que escalar para llegar a la galería, el diseño es perfecto, pues respeta la decadencia del edificio, lo que resalta–paradójicamante–los detalles que quedan de su esplendor original.

La puesta en escena es sencilla y eficiente. El efecto dramático es potenciado con sonidos grabados, proyecciones en la pared y efectivos cortes entre escenas. La aparición del fantasma de Banquo es chocante, perfecta para ir al intemedio; igual que el informe del soldado moribundo, al principio, atendido por las tres brujas vestidas de enfermeras; y la carnicería en el castillo de los Macduff. Cuatrocientos años después de haber sido representada por primera vez, todavía se nos pone la piel de gallina al adivinar la suerte de las criaturas o al ver las dagas ensangrentadas con que regresa Lady Macbeth.

Patrick Stewart, actor cuajado en Shakespeare hasta mediana edad, a quien el destino puso como capitán de una nave más longeva y afortunada de lo que pronosticaron a su nacimiento, refleja con gran calidad el deterioro mental del hombre poderoso derrotado por los fantasmas de sus víctimas. Lady Macbeth también da la talla: manipulando, ocultando, tramando, y lavando infructuosamente sus desgraciadas manos de reina mala.

Después de haberme perdido King Lear en el BAM con Ian McKellen ( entradas agotadas) valió la pena comprar los boletos esta vez con más anticipación. El teatro estaba lleno. No sé si muchos vinieron sólo a ver a Picard, pero de todos modos se llevaron a casa un gran Macbeth (Tengo entendido que esta puesta en escena fue la sensación teatral de Londres durante el 2007).

Incendio de la biblioteca/Libro 3 de Paterson

Entre las llamas de la biblioteca que ama
abominable fuego que al dadaismo ofrece
queda la yerma tierra que aborrece
la tremebunda ofrenda que Antonin reclama

Confia en que las cascadas le han de prestar su voz
mientras Paterson arde y se borra su historia
para sembrar otro campo, otra voz y memoria
que el doctor va engendrando con lentitud atroz

De voces de los suburbios pretende sembrar su gesta
Una epica de americanos, sin griegos ni latinos Williams sueña
Recolectando cartas, mapas, revistas; tiempo e ingenio utiliza
Pero van ya tres libros y su hazaña, pequeña.

Paterson ciudad-gigante, a los textos de muertos hoy desdeña
Convoca al fuego y al viento: los reduce a ceniza.

From Paterson, 10 de febrero

To write, nine tenths of the problem is to live.
William Carlos Williams. Paterson Libro 3

Paterson revisited, 10 de febrero

Si bien quienes defienden la ambición de William Carlos Williams de escribir un poema épico que utilice el habla de los Estados Unidos, han querido consagrarlo como el más norteamericano de los poetas del siglo XX; su poema Paterson consigue las mejores imágenes y versos en aquellas líneas donde se proyecta más allá de los bordes de su país.

Tras sus diatribas contra Pound y contra T.S Eliot, a quienes algunas veces calificó de decadentes europeos y de traidores who had run far and wide sniffing at the trees, barking their profundities to each other , el quinto libro de Paterson–que no constaba en la idea original y que Williams añadió en 1958–, es la recreación del River of Heaven (título del quinto libro en los manuscritos originales) y una mirada nueva a la Comedia de Dante.

Pound concibe sus Cantares como una versión universal de la Comedia, como la gesta de una tribu–la humana–que ha trascendido los bordes de Europa. Eliot abriga sus versos más luminosos con el aliento de Virgilio y de Dante. Williams, tras haber agotado su búsqueda de las musas entre las pulcras bibliotecas de los suburbios, da con ellas entre su maltratada colección de poesia clásica. Su quinto libro, con certeza, describe las impresiones del doctor Paterson saliendo del monótono infierno de Rutherford y entrando al Paraíso.

La ciudad

Imagínate a los bárbaros entrando a la ciudad
Imagina la ciudad, el monumento
Ellas que cabreadas entran al laberinto
Ellos que piden pan

Imagínate una ciudad donde
Gallinazos almuerzan gorriones ennegrecidos

Si pudiera pedir siete deseos,
Uno de ellos sería cambiarle el color del cielo
Si pudiera cambiar de ciudad
(Ciudad-deidad-deseo)

No puedes cambiarte de ciudad
Aquí en tu rinconcito la esperas, gris y necio
No hay caminos de salida
No hay barcos

Vives más allá que aquí
Crucificado por siempre

¡Gloria a la vieja ciudad!

¡GIGANTES!

Hace un par de noches estaba en la casa de una amiga que tiene un televisor de 75 pulgadas (exagero un poquito, pero era gigante…) y le pedía a ella y a Frances que se movieran y me dejaran ver, porque estaban pasando en ESPN el resumen de los goles del fútbol europeo.

Mirando las tribunas de los estadios alemanes, ingleses, italianos, viendo esas caras de los hinchas celebrando los goles de su equipo, me pregunté, ¿Cómo es posible que haya vivido tantos años sin disfrutar de ese ritual?

Porque el fútbol, para quienes casi nunca vamos a misa ni se nos ha aparecido la virgen que llora, es lo más cercano a una experiencia religiosa.Hoy, los Gigantes de Nueva York me dieron la oportunidad de vivir una emoción parecida (claro que nunca sabrán estos tíos lo emocionante que es saltar enmedio de la trinchera).

Pero ¡QUé PARTIDO!

El 2002 estuvieron a un paso de llevarse el Super Bowl, pero en la final fueron aplastados sin piedad. Este año no esperaba nada del equipo y creo que por eso fue más emocionante.

Me quedé ronco tras gritar el touchdown de Plaxico Burress. Y más ronco cuando el cronómetro llegó a cero y los Gigantes se abrazaron y en todo el estadio empezó a caer el papel picado.

No importa que haya sido el único en la calle en todo el Bronx, regresando del bar en el auto, tocando el claxon en una ciudad que parecía dormida (estoy seguro que todos siguen en el bar celebrando) Ahí estaba esa misma emoción de los grandes partidos de fútbol. Cierto: Fútbol americano. Pero qué importa. Un gran triunfo para el equipo de fútbol de esta ciudad que es –de lejos– la mejor de los Estados Unidos.

Un poema de Santiago del Prado

Buscando información en la red sobre el autor de Camino de Ximena, encontré este poema publicado en Hueso Húmero. Forma parte de su exquisita antología de los Trece mejores poemas peruanos del siglo XX

TELURICA
Y ESPERPÉNTICA / César Añejo

¡Cibernética francamente peruanaza
la del perro calato!
¡Suelo de tesis, antítesis y síntesis!
¡Surcos con cacumen; verbigracia,
el monolito y su séquito!
¡Yucales, cebadales, alfalfares, provecho!

¡Choclos y pleistocénicos, de natividades inversas,
los oigo por las ojotas cómo se marchan,
los huelo retornar cuando a los campos
los mea esa uretra de los cielos!
¡Neutrón erúctil! ¡Electrón ventoso!

¡Oh campos humanos!
¡Vitamínica ausencia de la mar,
…y resentimiento pelágico de todo!

¡Oh huayco mandarín de cordillera!

¡Pericotes que tiran con ceño patibulario
en torno!
¡Oh burros compatriotas de mi corazón!
¡Cuyes fritos con rocoto para el bravo desayuno!
(¿Cóndores? ¡Que se los metan al culo!)

¡Entenado del chinche,
criatura a la que yo le tengo
un enorme respeto!

¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo!

¡¡Perú profundo!!

¡¡¡Perú campeón del mundo!!!

( En Hueso Húmero No. 35)

Camino de Ximena de Santiago Del Prado


Horacio, siguiendo la filosofía de Epicuro, nos dejó su carpe diem, quam minimum credula postero.

La guerra, antes de Atenas y Esparta, ya era una herramienta al servicio de grandes ideas políticas. Definir las causas y no limitarse a mencionar el pretexto (Atenas rompe la alianza al ayudar a un pueblo del Peloponeso contra otro) fue el mayor aporte de Tucídides a las ciencias de la historia.

Tucidides utiliza a La Iliada y a La Odisea como soportes históricos. «El recuento de las naves» es una de sus fuentes para llegar a conclusiones sobre las denominaciones de origen de los griegos y el comportamiento de las diferentes tribus que conformaban el imperio griego. Barbaros, es el nombre que se les da a los que no hablan el idioma de los dioses. Usan otras lenguas extrañas que suenan asi: Bar, bar,bar…Tucídides, primer historiador moderno, dejó de mencionar a los dioses como responsables de lo que sucede en este lado del infierno.

Santiago Del Prado escribe una de las novelas peruanas más interesantes de principios del siglo XXI: Camino de Ximena. Es difícil de encasillarla como a otras novelas de autores peruanos (Abelardo Oquendo la coloca junto a La Casa de Cartón) El autor menciona 84 Charing Cross Road, filme que rapidamente entra hoy a mi lista de Netflix. Me entretuve mucho con las mini biografías de los fósforos, también con las escenas entre los superagentes secretos y el agente Del Prado. Cuando uno empieza a cansarse de los diminutivos empalagosos, generalmente aparece alguna idea brillante que te vuelve a atrapar. El final redondea muy bien la historia que carga con dos perfectos personajes principales: el marciano que escribe las cartas y la «cerebrito» y escurridiza Ximena.

Sacado del diario de Mircea Eliade: 19 de marzo, 1960


Qué paradoja. Los griegos, quienes, como acabo de decir, amaban la vida, la existencia de la carne, la forma perfecta, tenían como ideal de supervivencia la supervivencia del intelecto puro (mente, nous). Los cristianos, que son ascetas y aparentemente desprecian el cuerpo, insisten en la necesidad de la resurrección de la carne y no pueden concebir el bendito paraíso sin la unión del cuerpo y el alma.

Mircea Eliade. No Souvenirs: Journal, 1957-1969. Harper and Row, New York 1977.

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