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The New York Street

Un blog lleno de historias

El poema Treintaycinco

Allí afuera existe un mundo
Que quiero ver
Por eso viajo.

Escribo una bitácora de sueños
«Hoy soñé con un barco
Atravesando la tempestad»
Entre el ruido de las sirenas
Mi barco se hacía a la derecha

O la escena del parque
Cuatro muchachos. Un cuetecillo
¿Quieres que lo reviente con la mano?
¿Quieres que me reviente la mano?
Gringo:
Yo fui siempre en el asiento de adelante
Yo nunca usé cinturón, gringo.

Saca las manos pequeño.
Ese es el olor del mar
Ese es el olor de Lima
Viajo también, es cierto
Para olvidar que nací en una ciudad gris

Mis mejores recuerdos
Son los del mar
Y el mar es grandísimo

Hacia allá viven los Nibelungos
En el este los Yahoos
Al sur los Rolling Stones
¿Al norte? ¿Papá, qué hay al norte?

La escena es el parque
Y cuatro muchachos
Revienta un cuetecillo CHINO
Salta el niño sobre el parque
¿Qué brota caliente?
Ese es el olor de la sangre
Grita, grita
Cuando uno grita se va el dolor
Cuando uno grita aparecen los vecinos
Cuando uno llora es maricón
Y así es la vaina, poeta

Lima es compleja, inmensa
En alguna parte de ella, conocí también
El olor del amor.

NY Nov 5, 2006

Esta cara

Hace varias semanas que no enciendo un televisor.Veo nubes con la boca abierta. Hay ciertas escenas que no se pueden olvidar. Hay otras que se deshacen en el fondo de la olla y se convierten en burbujitas.

Río cuando cago. Sueño con otras mujeres, pocas veces con ella. Pero con ella sueño. No sé si me entiendan. Adelanto la hora un minuto y me siento a salvo. Peleo con los pies.

Disfruto con mis propias aventuras. Mis fotos nunca salieron como las imaginaba. Escucho voces en mis pesadillas y las silencio a voluntad.

Fabrico castillos en castellano y a veces lloro. Mis lágrimas tienen sentido. Amo los caracoles marinos.

El fondo de la tabla

Y queda solo
La esperasna
Tu voluntad de arder con frío

Alcanzan frases hechas
Tus latidos
Y llenan tu canasta
Los dados perdidos

Mario Gasa Veros es un escritor


Mario Gasa Veros es un escritor. Vive en mi mente. Cuando empieza a hablarme sé que debo coger un pedazo de papel o encender la computadora y escribir.

Mario es exigente. No puedo escribir de cualquier cosa. El estilo y el tema tienen que ser extraordinarios y originales. A veces me pregunta: ¿Qué lado de tu cerebro funciona cuando lees La guerra y la paz ?

Me grita que estoy confundiendo el color de las hojas de mi calendario con el estado real del tiempo, que me estoy alejando de la verdad. Me asomo a la ventana y veo un día nublado. El 25 de noviembre del calendario es de color azul. He estado viviendo demasiado tiempo bajo la influencia de la computadora, dentro del caos organizado del ciberespacio. Y no lo lamento. Esto me alimenta.

La realidad es un enorme televisor y me dedico a cambiar de canal para evitar aburrirme. Todo ya está lotizado y sin embargo presiento que se puede encontrar un espacio nuevo. Gasa Veros me obliga a buscarlo. Puedo estar el día entero en este proceso de soñar despierto. En las noches debo escribir.

No sé a donde voy ni por qué te escribo. En algún momento Gasa Veros desaparece y respiro tranquilo. Sé que no por mucho tiempo.

Picture: Neuromancer, ballruns.

Hacking in Fury at a Block of Wood

Portada de la primera edición de la novela de James Joyce: "El retrato del artista adolescente"

Líneas acerca del Retrato de un artista adolescente. De libros de Joyce y también de textos vinculados a su obra. Viene al caso porque Frances me regaló la biografía de Joyce por Richard Ellmann y porque el fin de semana me leí más de la mitad de Dublineses:

His anger was also a form of homage. (277)
(Es lo que siempre he pensado del episodio del cactus. Ese debe ser el principio de mi homenaje personal a la Patas Doradas.)

We are your kinsmen

Que otros se jacten de las páginas que han escrito/ a mi me enorgullecen las que he leído (Borges)

Del brusco aprendizaje de Estéfano
me queda la niebla de Dublín
y su corazón de dudas (yo)

Un mar que traga adolescentes rebeldes (Diré como nacisteis, Cernuda)

Y este pedacito es genial. Lo encontré en el diario de José María Arguedas incluido en la introducción a El zorro de arriba, el zorro de abajo:
«Así somos los escritores de provincias, estos que de haber sido comidos por los piojos llegamos a entender a Shakespeare, a Rimbaud, a Poe, a Quevedo pero no el Ulises«

Al final del Infierno

Estrella que termina la Comedia
Cabo suelto, anímame a subir
Sigue Dante enmedio del camino
Y trazando los mapas del Oriente,
Escribiendo Los Cantos desde el fuego,
El viejo Pound.

(Y anónima, se extiende, otra vez
Ante el poeta
La hoja pendiente.)

Apágate

Pablo era un poeta muy malo. Tenía tres temas a los que siempre les daba vuelta: el mal amor, el amor menor, el amor al menor. Por sus poemas de amor al menor fue tildado de pedófilo (con cierta razón) y desacreditado entre los poetas de su barrio que ya lo habían apodado como il poeta cabrissimo.

Por eso no le quedó otra alternativa que dejar la casa de sus padres. Traduciendo poemas del francés al castellano para la editorial Peisa y Sopas del alma del inglés al castellano para la editorial Piratas honrados, consiguió juntar la renta de un despintado departamento en un edificio triste de La Parada, con ventana al burdel del Almirante.

Allí transcurrieron sus mejores días de juventud. Y los de su vejez.

He leído una crítica feroz de un intelectual que compartió auditorios con Pablo, y allí dice que su compañero desperdició su talento por vicioso y vago. Sin embargo, quienes lo conocieron los últimos años de su vida, afirman que nadie lo jodía. Y aquello, sabemos, siempre es importantísimo para los malos poetas.

Que en paz se apague.

Las olas hacia el faro (To the Lighthouse)

En la novela de Woolf es frecuente encontrar la figura del movimiento de las olas «the monotonous fall of the waves on the beach»(17): «they both felt a common hilarity, excited by the common waves» (22)

Vemos el eco de Matthew Arnold, que creía sentir todo el peso de la decadencia de occidente, contemplando las olas y las luces de la lejana costa francesa desde la playa Dover.

Woolf utiliza el mismo recurso que me impresionara al leer Mrs. Dalloway. En ese libro ella ordenaba las palabras para reproducir el sonido del golpe de las campanas. En To the Lighthouse las palabras y la estructura de la frase sirven para imitar las intermitentes luces del faro:

«Turning, she looked across the bay, and there, sure enough, coming regularly across the waves, first two quick strokes and then one long steady stroke, was the light of the Lighthouse. It had been lit.» (70)

Fragmento Introductorio

¿Dónde estarán los dioses de que hablaba Snorri?
¿De qué materia se hizo el amanecer?
¿Dónde estará la espada de que
Hablaba Borges?

Sobre la escalera de papel
Te doy la bienvenida al laberinto
Las reinas y el rey yacen muertos
La mitad del camino: osada y oscura

Si esta mañana de ruinas, tiemblas
Si un hombre te dice que es octubre
Y que la luz es suave, entonces
Abre el libro

Tus eternas luces aguardan encerradas

Octubre 8, 2007

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