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The New York Street

Un blog lleno de historias

Paterson revisited, 10 de febrero

Si bien quienes defienden la ambición de William Carlos Williams de escribir un poema épico que utilice el habla de los Estados Unidos, han querido consagrarlo como el más norteamericano de los poetas del siglo XX; su poema Paterson consigue las mejores imágenes y versos en aquellas líneas donde se proyecta más allá de los bordes de su país.

Tras sus diatribas contra Pound y contra T.S Eliot, a quienes algunas veces calificó de decadentes europeos y de traidores who had run far and wide sniffing at the trees, barking their profundities to each other , el quinto libro de Paterson–que no constaba en la idea original y que Williams añadió en 1958–, es la recreación del River of Heaven (título del quinto libro en los manuscritos originales) y una mirada nueva a la Comedia de Dante.

Pound concibe sus Cantares como una versión universal de la Comedia, como la gesta de una tribu–la humana–que ha trascendido los bordes de Europa. Eliot abriga sus versos más luminosos con el aliento de Virgilio y de Dante. Williams, tras haber agotado su búsqueda de las musas entre las pulcras bibliotecas de los suburbios, da con ellas entre su maltratada colección de poesia clásica. Su quinto libro, con certeza, describe las impresiones del doctor Paterson saliendo del monótono infierno de Rutherford y entrando al Paraíso.

La ciudad

Imagínate a los bárbaros entrando a la ciudad
Imagina la ciudad, el monumento
Ellas que cabreadas entran al laberinto
Ellos que piden pan

Imagínate una ciudad donde
Gallinazos almuerzan gorriones ennegrecidos

Si pudiera pedir siete deseos,
Uno de ellos sería cambiarle el color del cielo
Si pudiera cambiar de ciudad
(Ciudad-deidad-deseo)

No puedes cambiarte de ciudad
Aquí en tu rinconcito la esperas, gris y necio
No hay caminos de salida
No hay barcos

Vives más allá que aquí
Crucificado por siempre

¡Gloria a la vieja ciudad!

¡GIGANTES!

Hace un par de noches estaba en la casa de una amiga que tiene un televisor de 75 pulgadas (exagero un poquito, pero era gigante…) y le pedía a ella y a Frances que se movieran y me dejaran ver, porque estaban pasando en ESPN el resumen de los goles del fútbol europeo.

Mirando las tribunas de los estadios alemanes, ingleses, italianos, viendo esas caras de los hinchas celebrando los goles de su equipo, me pregunté, ¿Cómo es posible que haya vivido tantos años sin disfrutar de ese ritual?

Porque el fútbol, para quienes casi nunca vamos a misa ni se nos ha aparecido la virgen que llora, es lo más cercano a una experiencia religiosa.Hoy, los Gigantes de Nueva York me dieron la oportunidad de vivir una emoción parecida (claro que nunca sabrán estos tíos lo emocionante que es saltar enmedio de la trinchera).

Pero ¡QUé PARTIDO!

El 2002 estuvieron a un paso de llevarse el Super Bowl, pero en la final fueron aplastados sin piedad. Este año no esperaba nada del equipo y creo que por eso fue más emocionante.

Me quedé ronco tras gritar el touchdown de Plaxico Burress. Y más ronco cuando el cronómetro llegó a cero y los Gigantes se abrazaron y en todo el estadio empezó a caer el papel picado.

No importa que haya sido el único en la calle en todo el Bronx, regresando del bar en el auto, tocando el claxon en una ciudad que parecía dormida (estoy seguro que todos siguen en el bar celebrando) Ahí estaba esa misma emoción de los grandes partidos de fútbol. Cierto: Fútbol americano. Pero qué importa. Un gran triunfo para el equipo de fútbol de esta ciudad que es –de lejos– la mejor de los Estados Unidos.

Un poema de Santiago del Prado

Buscando información en la red sobre el autor de Camino de Ximena, encontré este poema publicado en Hueso Húmero. Forma parte de su exquisita antología de los Trece mejores poemas peruanos del siglo XX

TELURICA
Y ESPERPÉNTICA / César Añejo

¡Cibernética francamente peruanaza
la del perro calato!
¡Suelo de tesis, antítesis y síntesis!
¡Surcos con cacumen; verbigracia,
el monolito y su séquito!
¡Yucales, cebadales, alfalfares, provecho!

¡Choclos y pleistocénicos, de natividades inversas,
los oigo por las ojotas cómo se marchan,
los huelo retornar cuando a los campos
los mea esa uretra de los cielos!
¡Neutrón erúctil! ¡Electrón ventoso!

¡Oh campos humanos!
¡Vitamínica ausencia de la mar,
…y resentimiento pelágico de todo!

¡Oh huayco mandarín de cordillera!

¡Pericotes que tiran con ceño patibulario
en torno!
¡Oh burros compatriotas de mi corazón!
¡Cuyes fritos con rocoto para el bravo desayuno!
(¿Cóndores? ¡Que se los metan al culo!)

¡Entenado del chinche,
criatura a la que yo le tengo
un enorme respeto!

¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo!

¡¡Perú profundo!!

¡¡¡Perú campeón del mundo!!!

( En Hueso Húmero No. 35)

Camino de Ximena de Santiago Del Prado


Horacio, siguiendo la filosofía de Epicuro, nos dejó su carpe diem, quam minimum credula postero.

La guerra, antes de Atenas y Esparta, ya era una herramienta al servicio de grandes ideas políticas. Definir las causas y no limitarse a mencionar el pretexto (Atenas rompe la alianza al ayudar a un pueblo del Peloponeso contra otro) fue el mayor aporte de Tucídides a las ciencias de la historia.

Tucidides utiliza a La Iliada y a La Odisea como soportes históricos. «El recuento de las naves» es una de sus fuentes para llegar a conclusiones sobre las denominaciones de origen de los griegos y el comportamiento de las diferentes tribus que conformaban el imperio griego. Barbaros, es el nombre que se les da a los que no hablan el idioma de los dioses. Usan otras lenguas extrañas que suenan asi: Bar, bar,bar…Tucídides, primer historiador moderno, dejó de mencionar a los dioses como responsables de lo que sucede en este lado del infierno.

Santiago Del Prado escribe una de las novelas peruanas más interesantes de principios del siglo XXI: Camino de Ximena. Es difícil de encasillarla como a otras novelas de autores peruanos (Abelardo Oquendo la coloca junto a La Casa de Cartón) El autor menciona 84 Charing Cross Road, filme que rapidamente entra hoy a mi lista de Netflix. Me entretuve mucho con las mini biografías de los fósforos, también con las escenas entre los superagentes secretos y el agente Del Prado. Cuando uno empieza a cansarse de los diminutivos empalagosos, generalmente aparece alguna idea brillante que te vuelve a atrapar. El final redondea muy bien la historia que carga con dos perfectos personajes principales: el marciano que escribe las cartas y la «cerebrito» y escurridiza Ximena.

Sacado del diario de Mircea Eliade: 19 de marzo, 1960


Qué paradoja. Los griegos, quienes, como acabo de decir, amaban la vida, la existencia de la carne, la forma perfecta, tenían como ideal de supervivencia la supervivencia del intelecto puro (mente, nous). Los cristianos, que son ascetas y aparentemente desprecian el cuerpo, insisten en la necesidad de la resurrección de la carne y no pueden concebir el bendito paraíso sin la unión del cuerpo y el alma.

Mircea Eliade. No Souvenirs: Journal, 1957-1969. Harper and Row, New York 1977.

Invierno

Las hojas heladas
Son tus labios cerrados
Las ramas secas y tiesas
Son tus lágrimas.

La nieve dura, resbalosa, dañada
Son la distancia que tú marcas

El viento helado, agrio
Es el recuerdo
Las horas silenciosas
Son las ganas de olvidar

Invierno: aquí estas.
No te estaba esperando, pero bienvenido.

Bronx, 2005

Recuperado esta noche, de un viejo cuaderno.

La segadora de nabos (Seamus Heaney)

Para Hughie O’Donoghue

En tiempos de manos callosas
y hierro forjado,

la moledora de carne,
el pozo de agua de doble rueda,

hunde sus talones entre las bañeras
de madera y los bebederos

más ardiente que el calor de su cuerpo
en el verano, frío en el invierno

como invernal armadura,
apechado tonel protector de pecho

atento y en guardia
sobre cuatro tacos broncíneos.

«Así ve Dios la vida»,
dijo, «desde el brote hasta la segadora»

Mientras la manivela giraba
y las cabezas de los nabos eran dejadas caer y alimentar

las jugosas cuchillas interiores,
«Este es el ciclo del nabo»,

mientras arrojaba su desorden crudo y en rodajas
cubo brillante tras cubo brillante

Poema The Turnip-Snedder
del libro District and Circle (FSG, New York, 2007)por Seamus Heaney.
Traducido por U.G. el
23 de enero 2007

Todo menos morir

Triscando el cielo aparecen los signos de Atenea
Tucídides nos previno de las historiadores mediocres
De la poca seriedad de las fuentes orales
De las páginas amarillas.

Hay una camada nueva de apariciones
En esta madrugada del año del renacimiento
Parece que ya no importa el dinero
Que las empresas se corrompen de ecología y de apoyo
Que convencen al vecino de que menos es más
Y los rayos del sol alumbran mejor que los adoquines
Negros de las compañías chinas.

Hablo, por supuesto,
De la nueva esencia del pensamiento filantrópico
Y de las faldas de las calles de Manhattan
Pues si es cierto que otros poetas
Nos corrompían con sus vanos efluvios de tomillo
Y sus pecados que nunca llegaban a cometerse
Ahora hay que tapar para ver mejor
Todo sale a la luz y nos ciega

Hagamos de estos signos esperanzas
Y escuchemos nuestro pedazo de la profecía, de la verdad incómoda
¡Arrastrémonos, antes que acomodarnos a la mentira
Del progreso y del mundo circular!

En cada camarada de la industria, las tinieblas
En cada corazón incorruptible de verdad asoma la esperanza
Como en esos videos
¡Tantas notas correctas en la red, tantas cabezas progresistas!

Quisiera creer que avanzamos
Que nos hemos aburrido de las mentiras
Y que peleamos todos juntos
Contra el desamparo de las guerras ignorantes
Y la miseria de los argumentos tibios pero poderosos

Corazón de Tierra, aburidos pero no vencidos
Todo Adán, menos morir.

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