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The New York Street

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Griegos

El infinito en un junco

Un gran libro y dos famosos pistoleros.

Estos libros que aparecen de la nada, cuyo nombre se te cruza de repente. Como esas llamadas que crees que son spam y las ignoras. Las pasas. Pero claro: al final contestas.

Así fue como llegó El infinito en un junco. Se me antojaba un libro banal. Entonces alguien en el taller lo recomendó. Y alguien más. Lo busqué en Internet. Muy caro. Me encantan los libros de Siruela pero era muy caro. Los costos de envío ya eran más de lo que podía pagar. Hasta que un día en el invierno, tal vez caía aún la nieve (porque este 2022 ha sido muy extraño), ahí estaba a un precio amable. Apreté un botón en la web. Pim. Mañana llega.

Y claro: el disfrute, la sorpresa. Toda esta información junta, de una manera tan hermosa. Busqué la foto de la autora: no era la anciana librera que yo imaginaba sino una chica joven, hermosa, de Zaragoza. Una nerd de biblioteca con ese brillo fantástico en los ojos que parece que nos viene a los humanos como regalo, tras la lectura de ciertos libros. La dicha del conocimiento.

Por esos días en que empezaba con Vallejo, escuché un discurso de Juan Villoro en Michoacán en el que hablaba de la importancia de la lectura. El escritor mexicano me llevó hasta una imagen de San Agustín mirando a San Ambrosio, asombrado de verlo leer en silencio. Vallejo también lo menciona. Leer en silencio: esa revolución.

Después de leer algunos capítulos tuve que abrir La Ilíada y La Odisea, irme a leer lo que dice Plutarco de Cleopatra (en mi querida traducción de Dryden para la Modern Library). Hoy leí una entrevista con Jesús Marchamalo que me recordó que este gusto por lo que ha escrito Vallejo tiene mucho que ver con la fascinación que sentí al leer Ex-Libris de Anne Fadiman.

Aún no termino El infinito en un junco porque–con la escritura de la tesis– es poquísimo el tiempo que me queda para leer por placer. Y sí, es placer. Del mejor.

The Best Critical Essay


Ejem. Estoy muy orgulloso. Quisiera agradecer. No tengo palabras para..
Bueno, una breve ceremonia en el auditorio de la Art Gallery de Lehman College. La profesora Patricia Cockram se encargó de llevar una fotocopia de mis poemas para que yo se los leyera al pequeño auditorio (Yo que creía haberme salvado de eso). Y me entregaron dos diplomas. El de poesía por mis tres breves experimentos en inglés, mi mezcla de Li Po con Ingmar Bergman, García Márquez y Mircea Eliade. El otro, el que he puesto aquí, es el que mejor me hace sentir, porque es el premio al mejor ensayo crítico del programa de maestría del departamento de literatura inglesa: The Best Critical Essay in the Field of English or American Literature, por el ensayo que escribí el semestre pasado sobre las influencias de Ezra Pound y sus Cantos en el poema Paterson de William Carlos Williams. Un honor. Muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido.

Miércoles 20 de abril, Fornificar y otras perlas del castellano.

Clase con Marie. El mito de Jason y los Argonautas. Me he perdido entre tanto nombre griego, supongo que normal si reviso luego. Hemos quedado a las 7:30 en el Graduate Center. Ella maneja, conmigo y Antonio, hasta Manhattan.

Empiezo a diagramar el Bronx Journal. En realidad a cambiar el formato de las fotos. El color. En mi despacho he estado leyendo el Crumb Handbook que me compré el lunes en Barnes and Noble. Notable, se me han ocurrido algunas ideas acerca de Crumb. Al menos el estilo, empiezo a darle vueltas a la idea.

Llegamos al Medio Rey, el pubcito en la 23rd y la 10 Ave. pero lleno, con algun evento. Terminamos tomando una cerveza y comiendo un sandwich en Chelsea Piers. Marie quiere invitarnos a celebrar la Pascua griega en su casa sobre el Hudson. Parece no tan mala idea. Converso con Antonio sobre ciertos problemas y me dice que son normales, Camilo siente sana envidia por el éxito del «pajarraco» en http://www.match.com.

Dice que le han ligado varias tipas. Marie nos habla de sus cincuenta relaciones y de la pareja que fornifica abajo de su apartamento y que mueve hasta los cimientos del edificio. Tras el aperitivo se impone una cena de verdad, en el italiano donde trabaja la mesera, ex novia de Julio. Pero no es su turno, y le toca al indio con tragos de más, que bota el agua y sonríe demasiado. El fettucini a lo Alfredo estaba genial. A media cena me manda un mensaje Elisa para ir a su casa. Voy y le devuelvo Winter Light, que es del chileno. Es tarde pero nos tomamos unas cervezas en el barcito de la esquina de Broadway y cerramos la barra con Kerry, bar tender lesbiana de Michigan. Llego como a las 3 a mi depa. No me voy a levantar temprano.

Dos nuevos libros, 13 de abril

Casi no hay nada que hacer en Lehman. El mito de Perseus es muy interesante, toda la promesa a Polideic y la captura de la cabeza de la Medusa y el rescate de Andrómeda, volando sobre Pegaso, ayudado por las sandalias aladas regaladas por Hermes. Todo para volver a tener a Danae, su madre, y poder volver a la tierra de su padre para descalabrarlo lanzando el disco, con un tiro certero en le mismo lugar donde flaquea Aquiles.
Camilo ofrece una cerveza en el bar de la 35, donde llegamos luego de conocer a la interesante Alyssa, estudiante del postgrado de literatura inglesa. Dos Guiness y luego a dar vueltas por Strand, donde consigo un libro valioso sobre la literatura comparada italiana e inglesa. Y una baratija sobre la obra de Ezra Pound y los poetas que influenciaron su obra. De regreso en el depa comunico mi futura mudanza, y brindo con el libro sobre los Cantos y las relaciones entre Dante y T.S. Eliot.

En el Graduate Center he conseguido el famoso libro de Steiner sobre los ensayos de Homero. Y camino a Lehman, en el tren, he devorado el ensayo de Steiner en No Passion Spent dedicado a explicar por qué hay más traducciones de La Odisea y La Iliada en inglés, que de la Biblia. Steiner afirma que todo se debe al caracter de los británicos y a instituciones tan arraigadas como las hermanades universitarias y el club. En esos lugares La Iliada gobierna sin competencia.

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