Un dia sin mucho aspaviento. La nieve se derrite. Jessica me ha dicho que Platón es importantisimo. La filosofa sabe mejor que yo y me da gusto que ni bien en la introduccion ya me gusta. Pero Platón justifica la existencia de un grupo minoritario que debe dirigir al resto, es una democracia reducida. ¿O tal vez la democracia perfecta sea esta que Platón proclamaba, o que al final acepta luego de ver las desgracias a las que lleva una democracia absoluta? Estoy hablando por hablar pues aun no lo he leido, apenas estoy en la introducción. He avanzado NY Street, pero me faltan fotos. Fui a visitar a Jenny y al final me convenció de que me quede a dormir. Hay algo que me gusta de Astoria pero en definitiva no me gusta tanto Astoria. Preferiria una casita cerca del pub irlandés de Carrol Gardens. Aunque me queda bastante mucho mas lejos del Bronx. El tren C se ha malogrado debido a un incendio. Y ahora requiere mayor tiempo que antes regresar a casa. Bueno, eso es todo. He dormido bien y el frío no ha estado tan fuerte o debe ser que me estoy acostumbrando…

Harold Bloom define el nuevo canon de la literatura occidental
Originally uploaded by Ulises Gonzales.
Estuve en Manhattan por primera vez desde la gran nevada. El hambre feroz lo contuve con un almuerzo a media tarde en el Waverlys. Hace un tiempo helado, por eso me parece razonable optar por matar el tiempo en las librerías. Antes he tratado de solucionar el problema del celular, que ha muerto inexplicablemente ayer al responder una llamada de Alina. Posiblemente me he perdido un buen paseo sobre el Puente de Brooklyn , a eso sumar que Jenny llega de Italia y luego de tres llamadas infructuosas cree que la estoy evitando. Trato de solucionarlo en la tienda, pero parece que dependo del correo pues mandan el aparato para que llegue en 24 horas. Quise comprarme un gorro en Gap porque no logro aguantar el hielo, pero los gorros en Gap ¡se han terminado! Increíble. No recuerdo en otros inviernos nada parecido. Me detengo en una buena librería de la 42 y empiezo a buscar unos libros sobre el arte de filosofar, o la historia del fiolosofeo, como sea. El libro de Bertrand Russell es bastante completo, pero no quiero pagar los 24 cocos. Se me pasa la tarde en el metro, leyendo el poema de Gilgamesh. Estoy siguiendo su amistad con Enkidu y la fatalidad divina que lo hace morir y al mismo tiempo hace girar en la mente de Gilgamesh la rueda del deseo por la inmortalidad. Horas luego, en Strand, consigo asociar la noble idea de la inmortalidad (tan asociado estoy a ella luego de empezar a degustar Bomarzo) cuando encuentro, entre las gangas, el Western Canon de Harold Bloom. Leo fascinado el prefacio, donde Bloom consigna que los a menudo 400 nombres que se han canonizado como indispensables en la literatura, pueden reducirse a 26. No empieza con Grecia sino con Shakespeare, a partir de quien mide a casi todos los otros. Su manera de razonar es que alguien pertenciente al canon debe haberse medido primero con los grandes, con Shakespeare, y haber intentado superarlos. Por ello aparecen Proust, Joyce, Beckett, Ibsen, Tolstoi, Dickens, con los otros genios que considera originales: Kafka, Woolf, Dante, Milton,Whitman, Austen, Emily Dickinson..
Del espectro latinoamericano incluye a 3 nombres: Borges, Pessoa y Neruda. Sin embargo aclara que alguna vez se ha de reconocer a Carpentier como superior a Borges. De los grandes hispanos, incluye, solitario, a Cervantes. Bloom reconoce en todos sus elegidos el deseo vehemento de inmortalizarse con su obra. Antes de volver a casa he seguido merodeando por una librería de Saint Marks y me traje para leer Plato’s Republic. No he comenzado con el texto pero la introducción es lo suficientemente valiosa como para darme cuenta que he elegido bien. Antes de dormir me he encontrado en el chat con Caro y con la Diosa y me han mandado unas fotos de la fiesta ochentera en casa de Paloma. Carolina dice que tal como yo deseo el calor de Lima, ella suspira por la nieve de Nueva York y el friecito. ¡No sabe lo que dice!
Al menos han arreglado el problema del aire caliente y ya se puede vivir tranquilo en esta pieza. Menos mal.
El dia termina con el Libro de Manuel sobre el pecho, dormido. Me he levantado casi a las 3 am para escribir una carta larga a la Roja, contestarle a Carolina y para escribir este diario.
Creo que lo mejor es copiar el editorial que redacto esta tarde para New York Street. En esas líneas resumo estas horas de nieve, nostalgia y paz. Desde mi breve cubículo en Dean St. Jeje
«El tiempo es el mejor aliado. El tiempo está de nuestro lado.»
Los Rolling Stones.
«Es un domingo helado y en la pantalla Akira Kurosawa despierta a los siete samurais para la batalla final. Me he quedado prendido de la imagen del novato echado entre las flores de la colina, suspirando por la vida de aprendizajes y aventuras que se aproxima. Luego he tomado de mi anaquel el libro alquilado de la biblioteca de Brooklyn: Memoria de mis putas tristes. Lo leo con calma mientras saboreo una cerveza belga y un desayuno irlandés en un pub iluminado de Carrol Gardens. He venido caminando dos cuadras e intentando retener las imagenes nítidas de la ciudad cubierta por la nieve. La paciente mirada del discipulo de samurai, la asemejo con la plácida calma con que despues de haber cumplido 90 años, el sabio de García Márquez, esperaba a su putita virgen entre las sábanas de la cama de un burdel caribeño legendario. No sé en qué momento se escapó Gabo de Macondo, pero he debido de perderle el rastro demasiado tiempo. Creo que, desde que terminé desilusionado las primeras páginas de sus memorias y puse a dormir el libro entre una novela de Cortázar y unos ensayos de Vargas Llosa. A propósito de Vargas Llosa, un amigo me telefonea desde Lima para contarme que ha encontrado tres errores en su libro sobre Víctor Hugo. Murmuro que le puede escribir una carta para que corrija los errores antes de su próxima edición. Yo mismo me sorprendo mirando para abajo. Garcia Márquez se muere sin habernos dado la última obra magistral, Vargas Llosa se aleja cada vez con mayor prisa de la violencia interior que necesitaba para plasmar su Guerra del fin del mundo o su Ciudad y los perros. ¿Asistimos a la muerte del Boom? Con dos cervezas encima y un plato de hamburguesas, el boliviano Paz Soldán nos contaba hace unos meses sus penurias en Estados Unidos. ¿Económicas? ¡Qué va! Él, como Baily o como Fuguet, han encontrado en Estados Unidos la nueva patria en la cual se puede ser escritor sin sufrir. Yo no los critico porque bebo del mismo modo de la teta emancipadora de los americanos. Las historias de putas de García Márquez se asocian más con las durmientes de hace siglos dibujadas por Kawabata; mientras Vargas Llosa busca inspiración en la pluma de Los miserables. «No hay ganas», me dice mi amigo desde Lima. En la pantalla Toshiro Mifune, muere mientras penetra con su espada al último de los bandidos que azotaba la aldea; en las páginas de papel reciclado, el sabio busca desesperado la liberadora adicción de Delgadina. El samurai aprendiz mira el cielo en busca de respuestas y yo intento encontrarlas en la luz que se refleja entre los troncos grises de una calle de Brooklyn. Tal vez en esto consista hacer literatura en Nueva York. En rescatar el boom del tropezón final, en lavarnos las manos de McOndo y en resucitar las viejas ideas de Kurosawa, entremezcladas con el lenguaje del Caribe y nuestro propia fatiga cautivada por las nuevas experiencias de una América que descubrimos aún salvaje en castellano. Termino la cerveza belga mientras en la pantalla los Halcones de Atlanta le clavan un touchdown a las Águilas de Philadelphia. Y me sorpendo riendo una vez más por el injerto. ¡Qué mezla carajo, qué mezcla! Bienvenidos a esta calle. Bienvenidos a New York Street.»
Al estrenarse fue considerado por la crítica japonesa, en orden de mérito, como la tercera mejor película de 1954. Finalizando el siglo XX, el filme fue catalogado por los críticos cinematográficos como el mejor que ha sido realizado en Japón durante todo ese siglo.
Amistad, aventura, amor, lealtad, guerra, intriga, traiciones: todo lo tiene este filme de Kurosawa. Me imagino como han de haber resonado esas imagenes, esos encuadres o esas espadas enterradas sobre los montes de los cementerios, en las cabezas de Scorsese, Coppola, Spielberg y Lucas, admiradores de su cinematografía.
La película dura tres horas y media, y los vencedores no son los samurais, sino los aldeanos: un grupo de miserables, condenados al sufrimiento por su cobardía. Hacia el final de la película muere el maestro, también muere el vagabundo convertido en samurai: solo entonces los aldeanos celebran jubilosos, como si fuera su victoria el descalabro de los bandidos.
Me pregunto si Lars Von Triers se inspiró en los Siete Samurais para realizar Dogville. Algo de esa película me resuena en esa frase que surge cuando al samurai le enseñan la armadura que ha conseguido Monzo y murmura: Quisiera matarlos a todos…
En este filme, fue la primera vez que los japoneses vieron a un pueblo contratando a un samurai. Luego de Kurosawa lo veríamos en otras películas; ésta y otras imágenes kurosawanas, como la de los bandidos a caballo en la línea de la colina; o el reclutamiento uno por uno de los guerreros; que en filmes posteriores resultan partes esenciales de la trama. Otros directores también copiarían el método como Kurosawa componía sus imágenes, utilizando las miradas para crear movimiento y dinamismo.
Menú de cine de hoy: vi Maria Llena de Gracia, con Catalina Sandino Moreno en el papel principal. La pobreza de Colombia es la de todo el mundo. Resulta interesante que el director ha descubierto el universo colombiano allí en Sudamérica y también en Jackson Heights ( pero filmando en Ecuador para sortearse el peligro de ir a locaciones colombianas). Las vistas de la película se parecían esos paisajes que vi mientras bajaba a Bogotá desde Boyacá, pasando por el Salto del Ángel.
***
Empecé a leer la novela Memorias de mis putas tristes y me envolvió otra vez el lenguaje de Gabo. No hay ninguno que escriba en castellano como lo hace él. Inclusive en este homenaje/copia de Kawabata, del que Héctor me había hablado tanto.
Por último, tengo que recordar que ha nevado todo el sábado. Conversé con Lima y todo el mundo está en la playa. Mayra dice que hace calor en su cuarto. Aqui hace frío, mucho frío.
El tiempo pasa lento cuando hace frio y uno espera el tren. Pasa lento si cancelan el tren que viene. Y lento si se retrasa el siguiente. Pero siempre quedan cosas positivas. Con dos tazas de chocolate caliente, conversando con el hijo del propietario del Cebiche del Rey, que ahora tiene cuatro restaurantes en Costa Rica. Ese acento peruano es inconfundible. ¿Knollwood? otra vez lo mismo y la demora, conversando con Giovanna mientras pasa el tren. La llegada de Miguel ¿Celos? Enfermizos parece. Pero no entiendo lo que puedo hacer por cambiar eso. Nada probablemente. El invierno ha llegado fuertisimo. Empiezo a ver los Siete Samurais de Kurosawa. El placer del buen cine en Nueva York. Otra vez.
Nueva York con Metrocard se recorre en dos patadas. Desde la Q33 en Queens pasando por el V y el G hasta cambiar al C. No tuve que visitar Manhattan, solo regresar por el mismo camino hasta el JetPeru de la Roosevelt para los cocos que quedaban por mandar para los olivos de Yauca. Vuelta a casa, vuelta al escenario. Las mismas calles, felizmente no el clima helado que pronosticaban en Florida. Conversando con Jessica, con Annerys, Alina, con Lima: el gordito regresa esta noche del norte y sigue bien. Me he dormido temprano porque la verdad estoy un poco trapo.
Por fin sale el sol y se retira el frío. Aunque sea por unas horas sentimos que estamos en Florida y no en alguna zona helada de los Estados Unidos. He rentado Princesa Mononoke para Tiziana y Hana. Espero que les guste. A Susana le he sacado un libro de García Márquez, Las chicas temerarias y Las Cinco personas que vas a ver en el cielo.
Nada espectacular, espero ya llegar a Nueva york.
Un desayuno con jugo mixto, jamonada y queso, crema volteada,leche fresca y buena charla.
Esa es la manera ideal de empezar un día de vacaciones. La ruta hasta Orlando por la 4 East y luego… una perdida hasta alcanzar Kingrod nuevamente (salida 82 de la 4 East). Por la tarde muchas peleas, discusiones.
El viaje hasta Miami estuvo tranquilo pero fue demasiado tarde y se hizo mucho más tarde esperando decisiones sobre dónde pasar la noche. Por fin fuimos al Congo que resulta ser un hueco latino cerca de una de las salidas del Turnpike. Antes de ir nos hemos alojado en el Marriot de Boca Ratón, al lado de donde nos alojamos con Liliana. Es tarde, no me he quedado dormido pero me parece que no ha sido uno de los dias provechosos que yo esperaba.
A pesar de coordinar con Marrou, el negro nunca ha vuelto a llamar para confirmar lo de las entradas VIP ni nada por el estilo. Me he acostumbrado a manejar pero igual sigo prefiriendo el transporte masivo de Nueva York. Acá todo está a grandes distancias, todo requiere highways y turnpikes y estar atento a las diversas salidas. Felizmente por la noche no se congestionan las calles.Hemos regresado a las 5 a.m. Y dormiremos un par de horas si queremos llegar a Kendall a los desayunos de La Bodega.
La carta de la Roja…sin comentarios. Esperaba algo mejor, pero tampoco esperaba lo que dice. Creo que es muy sincera. Creo que me va a dar mucho gusto volver a verla, pero tal vez no tan pronto, tal vez no sea lo mejor.
>Cae la lluvia sobre Orlando. Es poco confortable despertar por segunda vez en dos noches seguidas sobre un mueble. La anterior fue porque no quise dormir y perder el vuelo, esta noche porque no tienen las camas necesarias. Un poco lento el dia, sobre todo porque la lluvia nunca ha parado de caer. Por la tarde, al escampar, Erick decide ir a practicar en un range frente al complejo Ventura. Probando los diferentes grados de clubes de golf. Y el 56 es el sandwich. El drive puede alcanzar hasta las 300 yardas (con suerte). Terminando de comer hemos partido para Tampa, donde Rafael nos ha recibido con Coors y ron Morgan al lado de la piscina y luego nos ha dado una gira por el Hard Rock de los indios Seminole de Tampa. El fin de la noche ha sido en el Applebes, con un piqueo gigante. Algo interesante que decir? Que se puede vivir en Tampa. Con los lagartos saliendo en el verano del diminuto lago posterior a la casa, con los mosquiteros recubriendo la terraza al lado de la piscina. Que la cantidad de gente en el casino es impresionante, que vale la pena regresar. Es una casa buena, decorada con buen gusto. Me he ido a dormir con muchas ganas de dormir.Y eso es bueno.

