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The New York Street

Un blog lleno de historias

Autor

ulisesgonzales

Writer. Editor of the literary journal Los Bárbaros (New York) and Las Furias (París). Editor at Chatos Inhumanos Publishing House (New York). Professor at the Journalism and Media Studies Department, Lehman College, CUNY, Bronx.

>La guerra por la independencia de Algeria, 1 de abril

>

Ali La Pointe es el rebelde. Ladronzuelo, tras las rejas. Sus ojos miran, aprende. Han fusilado a un patriota. Gillo Pontecorvo comienza su epopeya con el traidor, el informante, el pobre viejo que no ha podido soportar la tortura, su llanto impresionante, una sola gota en frente del lente. Brilla la gota mientras desciende, y las tropas francesas ingresan a La Casbah. El coronel se pregunta si todos los Sartres quedaron en el lado opuesto. Libra la guerra de la inteligencia, de la cual no se han de librar ni Ali La Pointe ni el bravo Omar. La tortura, esa lenta forma de matar testigos, de resquebrajar las causas justas, de terminar con los deseos de libertad. No hay justicia en el mundo, no hay paz, solo la guerra. Esa guerra terrorista o represiva, ambas terribles.
Muy temprano en Lehman, he impreso unas treinta copias de The NY ST. Ha salido por fin, me ha dejado Orlando cerca de Lehman, luego de pasar por la tienda de vinos. No quiero ninguno, me duele la cabeza de anoche. Llama Elisa para decir que le duelen las piernas, y Camilo me cuenta que se ha reconciliado con ella pero la idea de tener a Patricia es un imposible. No quiere nada, lo esquiva. Pobre Camilo. Me gusta como ha quedado el primer ejemplar, ahora a mandarselo a una lista de gente, a repartirlo. Creo que a todos les va a gustar la idea. A mi me gusta aumentar cada vez en mayor cantidad: 4-8-12-16-20-24-28-32 paginas. La siguiente tiene una entrevista con Daniel Alarcon. en McSorleys.

>Segundo pisco sour, 31 de marzo

>Esta noche hemos clebrado el cumpleanos de Elisa con Pisco sour para todos. Vino y pisco a granel. Me he quedado a dormir porque el alcohol ha sido demasiado, no se puede seguir tomando en esas cantidades. No se puede. Camilo ha sido recibido con honores, entrego el primer ejemplar de NY St. que lo he conseguido imprimir en cartulina gruesa 12 x 18, extra-tabloid se llama.
He hecho unos bocetos para los folletos del departamento, me ha gustado mucho. Pero hay que seguir probando. Me voy a trabajar, la jornada es larga.

Es la noche de las vírgenes suicidas. 30 de marzo

 

virgenes suicidas

No se me puede culpar de desear a Lux. Quién no lo haría.

Claro que los que me conocen, saben que nunca la dejaría dormida en el campo, nunca me iría vagando y desconcertado en la madrugada. Es que no se puede vivir con la culpa tan grande de una muerte como aquella.

William Blake despide inocencia en sus Cantos, luego suda experiencia. Pero no sabe nada usted caballero Bloom. He terminado casi como un golpe La Odisea, y he parido este «Autor de dos poemas», que no he escrito, pero que ha de salir sobre los restos de las cinco hijas de la calle de Michigan. Con las letras de los títulos que parecen sacadas del American Splendor, como un comic, las cinco hijas de los Lambois, de Woods y Turner. Su cruz, como la cruz del padre de Alexander -si supiera Cristo todos los pecados que cometen sus Pedros favoritos-, si supiera que no una sino quinientos veces lo traicionan y que esos hijos, testigos de la Iglesia represora han aprendido a hacer cine, han aprendido a vengarse de las manos salvajes que los castigaban injustamente en el colegio y en la casa.

«No me dejes de mirar, espera a mis hermanas». Descuelga a la menor de ese poste, rescata a Lux del gas del auto, con el tanque lleno para llegar hasta California, recuerda cómo hace el amor por las madrugadas, como una gata sobre el tejado de la casa vigilada. Deja una clave en morse para que la lean los vecinos a la medianoche.

Ten piedad de los asistentes a la sala, no sea que Hermes jale tu pata y te lleve hasta el Hades como a los pretendientes, o que llegue Odiseo cubierto de andrajos y traspase tu cuello con sus flechas.

Que el porquerizo ayude a morir a los que han inflamado de rabia al ingenioso Laertiada, que salgan como en el reino de los anillos, los tres de la misma casta: abuelo Laertes , nieto Telémaco y padre Odiseo, a defender la voluntad de Zeus.

No me maten al rey, que se lo lleven los negros bajeles y su cuerpo lo tiren al fuego y que honren con un túmulo su memoria. Las cinco hijas respiran mejor, sosegadas. Y la princesa de los feacios, la hija del rey que ordenara a los marinos que conduzcan al Laertiada es la que escribe La Odisea, pues el anciano de los harapos, la ha educado ya en el arte de las coplas heróicas.

Martes 29 de marzo.

Para empezar a leer La divina comedia primero tengo que leer una serie casi interminable de libros, lo cual aplaza mucho la lectura. El restaurante de comida tailandesa ha estado a pedir de boca. Por la tarde he tratado de terminar mi statement para entregar los papeles para los estudios de postgrado, pero no he podido. Felizmente lo encuentro a O’Hanlon que me hace muchas correcciones al texto. Camilo me hace una definitiva.

Los de Netflix dicen que para el jueves llega la peli de Pontecorvo, La batalla de Algers. En Strand nos cierran la puerta pero igual pido tomar un smoothie en Cosi, cerca de Union Square ¿Qué es de la vida de La Roja? Camilo lee mi carta desde California y me pide que por favor me olvide de Jessica. La carta ha sido preciosa. Cosas de la vida: cuando termina de contarme la Carmeniada─es decir toda la tragedia de la gordita Carmen, con llamada a Constanza incluida y con Lerner de testigo─aparece Paloma, que era casi como me la imaginaba. No es fea, pero tampoco nada extraordinario.

Bueno, Camilo te diría que lee griego antiguo, que no hay que negar que en muchos casos─en el caso de Camilo mucho más─es un tremendo plus. Pero descarada: se encuentra con su enamorado en el Graduate Center. Esa es la gota que ha de rebalsar el vaso. Camilo no quiere seguir leyendo el Perramus (una gran obra literaria surgida de la dictadura argentina) y opta por la graciosa retirada.

Como dije, el restaurante tailandés esta bueno (en la calle 3). Strand nos cierra la puerta en la cara. Camilo me habla de los mitos griegos. Me han impresionado sobre todo los que hablan de Agamenón, buscando a Aquiles y a Odiseo para embarcarlos hacia Troya. Al parecer ninguno quiere ir, pero Odiseo tiene que hacerlo de mala gana cuando Agamenón descubre que su estratagema de sembrar sal para hacerse pasar por loco no le impide ver el amor por su hijo Telémaco (que acaba de nacer). Aquiles es escondido por su padre y un rey lo disfraza para que se confunda con sus hijas. Odiseo trama el truco perfecto y Aquiles se lanza entre las mujeres a recoger la espada. Es el gran descubrimiento.

Mencionamos a Don Lucanor, del Infante Juan Manuel. Seguimos merodeando por la idea preclara del Lunarejo. Siento como si yo hubiese sido el que ha perdido sus escritos. No puedo concebir que le quemaran los poemas eróticos. Y que no se haya editado el Apologetico en castellano. Qué desvergüenza.

La lluvia atiende los lunes. 28 de marzo

La lluvia empieza a caer persistentemente desde la noche y no se ha detenido todo el domingo. Szidonia ha llegado a encontrarnos, degustando un spaghetti a la carbonara delicioso en la esquina de McDougal. Szidonia nos ha esperado en el Starbucks y hemos marchado con los paraguas rotosos hasta el Angelika para ver a Clint Eastwood y a Hillary Swank.

Agradezco que nadie me contara el argumento, pues de este modo el giro de la historia es sorprendente, triste. Szidonia ha salido llorando y Camilo haciendo miles de preguntas. Claro, no ha entendido nada. Recuerdo cuando fui a ver Sexy Beast en el Lowes de Times Square. Casi lo mismo. El lenguaje es complicado y el acento del sur. Pido un té al regresar al Starbucks, nadie ha querido seguir caminando, la lluvia ha persistido en su encanto y nos ha mojado a todos de regreso.

A la vuelta a Brooklyn, en el D, comienza a llover con fuerza. Interminable. Sigo leyendo La Odisea y ya estoy pensando en lo que voy a seguir. Camilo sugiere que las tragedias griegas, que no me meta con La Divina Comedia. El cuento final del Hacedor es genial. Borges se desdobla en dos personas, el yo y Borges, y ninguno sabe quién trabaja para el otro. Al momento de soltar la pluma el cuento lo puede haber escrito cualquiera de los dos Borges.

Coincido en que estamos regresando al tiempo en que leer al ciego de Buenos Aires era un secreto, una clave compartida.

Regresamos al hoyo 19. 27 de marzo

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El tren sale a las 8 y aparece pasadas las 10 en el terminal de White Plains. Oscuro el domingo de Easter.

Arranca el auto y llegamos pasadas las 10:20. No hay nadie. El almuerzo es delicioso, no tanto la idea de regresar a la rutina de los fines de semana. Sean LaTella se ha propuesto campeonar esta temporada, Mr. Mahonec ha vuelto con su ex enamorada, la hija de los Hanrahan ha crecido mucho en tan pocos meses. Dyanna ha engordado un poco y sigue viniendo con el lompa negro al cuete. Marcelino dice que quiere invertir en comprarse un negocio u otra casa. Eduardo sigue gritando en lugar de conversar y diciendo volver pa’tras en lugar de regresar.

No me ha gustado volver a ver Knollwood, tal vez porque el césped ha quedado amarillo, o blanco, muerto, porque no hace suficiente calor para salir sin abrigarse, porque queda lejos, porque los mismos temas de siempre. No hay tema.

Regresa el tren muy tarde pero llego a alcanzar a Mina y a Elisa en el restaurante indio. No alcanza para comer pero Elisa me prepara un plato delicioso de quinua, que repito. Mina me invita a Valencia cuando yo quiera, asegura que las paellas «HAY QUE comerlas en Valencia«, que el agua y la forma de prepararlas no se comparan con nada. Ha prometido mandarme un disco de flamenco y una de la Kroll que a ella le encanta.

Elisa dice que prepara su cena el jueves y que espera que lleguemos con una botella para el pisco sour. Camino hasta el G y tomo el tren a casa. No hace tanto frio. Szidonia me ha preguntado si vamos a ir de todas maneras al Met y luego a pasear por el puente de Brooklyn. Yo comienzo a sospechar que los lunes el Met sigue cerrado y dicen que llueve todo el lunes.

 

Fanny och Alexander. 26 de marzo

 

fannyandalexander

Auerbach’s book on one hand
The keys of the kingdom on the other.

If the devil comes
I’d show him the book.

The West to the front
and to the side
these magnificent, invisible
mountains of New York

He escrito esto regresando del correo, apurado sobre cualquier papel. Auerbach es el maestro del criticismo, las llaves del reino de la crítica literaria. El oeste es interpretado de acuerdo a estos preceptos. Lo de las montañas de Nueva York, es mi homenaje personal a los poemas de Li Po.

Este es el primer poema de un libro que se llama Distractions. El segundo poema comienza:

With an inmense debt
Carl farts on the staircase.
Granny shows him the paper:
37,000 krones.

Alexander looks to the cloud on the horizon
Show me how to do it, he says.
Trying to go back. Impossible. The farts
don’t show how to pay debts
and Zeus won’t be offended by them.

If he exists is a piece of shit,
and I’d kick his ass. That’s offensive.
Burnt, as in the seventh circle. His hands.
The horror in his eyes.
Alexander, don’t go back.
Zeus doesn’t exist,
He says. Alexander agree.
That’s the whole magic of the lantern.

Este poema, obviamente, ha sido inspirado por una de las mejores películas que he visto. Fanny and Alexander. Tal vez sea la obra maestra de Bergman. La escena final alude a la teoría platónica del tiempo circular: El tiempo no existe, se pueden hacer dos cosas en un mismo tiempo, dos cosas a la vez. Hemos llegado a donde debimos de estar al principio.

El decorado de la película es fabuloso. La música de Schubert al principio del filme. La textura de la nieve bajo los cascos de los caballos. La luz en la oscuridad, la linterna mágica. Los pechos de Maj, la barba de Gustav, la cólera del arzobispo, la bondad en los ojos de la madre, de Helena, el judío. El amor como una moraleja pues el tiempo no lo ha hecho quebrantar.

Y si de corazones rotos hablamos, pasemos a Donne y a la carta a la hebrea colorada.

Williamsburg de fiesta. 25 de marzo

Cartel de la película Fall of Fujimori, presentda en el Film Forum de Manhattan
Cartel de la película Fall of Fujimori, presentada en el Film Forum de Manhattan

Necesitamos la ayuda de un cuerpo de paz.

La historia viene como sigue: este es un gran edificio, donde yo trabajo, en uno de los pisos superiores, funciona el Banco Latino, donde trabaja Pilar, la que se casa con Diego Rebagliti, el futbolista de Cristal. En el Banco Latino acaban de inaugurar una nueva ducha, con la tina tipo griega.

Subo hasta la tina griega para mear. Y el sonido del agua pasando, como si fuera un water gigantesco, es aterrador. En el piso de abajo, Ricardo Cebrecos se queja del auto nuevo de Pilar. Un carrazo. Yo le digo que pues, no la envidie tanto. Recuerdo algo del edificio, como una de las torres donde queda el Swiss Hotel en San Isidro.

Lo mejor de la fiesta de Elisa ha sido el exceso de cerveza, de trago y de comida. Y la samba de enredos, con la que hemos comenzado a poner la fiesta. Luego he tratado de mantener el clima festivo, pero sobre las tres creo que ya nadie jalaba para el baile. La chilena era la mejor animada para el baile. Y se negaba a escuchar cosas malas de la tierra de su amiga Laura. Le encantaba Machu Picchu. Recuerdo con extrema vergüenza haberle besado la espalda a la mexicana. Bueno, no era solo yo, sino los tres, con el pintor y el poeta. Y celebrando el lanzamiento de Casa Tomada, la buena ventura de Manuel Tiberio, el fin de la fiesta, abrimos los pies al punto final. Podemos seguir diciendo que todo sigue en manos del destino. Se asoma Morfeo, me tiendo sobre el mueble de la sala. Casi no queda nadie. La piel de los hombros de ella es suave, como sus trenzas, suave y caliente.

Respiro hondo, vuelvo a tenderme en el abismo, descalzo. Espero que no haga frio.

Con Szidonia en el Speedy: 24 de marzo

Herald Square, Midtown Manhattan
Herald Square, Midtown Manhattan

El Speedy es una esquina tranquila, con ventana a Herald Square. Szidonia nació en Rumania pero sus padres son húngaros y por lo tanto considera ésa como su primera lengua. La idea era tomarnos un café y charlar un poco. La charla felizmente ha sido muy interesante y la hemos prolongado con un largo paseo hasta la parada de West 4 y el mismo tren hacia Brooklyn. Su madre le escribe cartas de amor a las flores. Szidonia dicta tres clases en BMCC, y espera que la contraten en el departmento de inglés en Lehman, este verano. Dice que le gusta la idea que yo sea su maestro de tennis, y que una vez que los dos tengamos tiempo podemos cruzar el Hudson a nado. Nunca ha ido a ver la fiesta del árbol de las cerezas en el Brooklyn Botanical Garden, ni ha celebrado el ritual del picnic sobre el parque central ni las visitas al paisaje del lago en Prospect Park.
En fin que ha sido una tarde muy grata. He empezado a leer La Odisea y ya he pasado la parte en que el hijo de Odiseo relata sus desventuras a Menelao y recibe nuevas sobre su padre. En mi vuelta por el Barnes and Noble he conseguido el Museo, escrito a dos manos entre Borges y Bioy Casares, y tras la vueltecita por Strand, el librito que hace una semana quise comprarme, y no lo hice, -felizmente pues ahora he pagado la mitad del precio-, sobre los tesoros encontrados en las excavaciones de Troya. He terminado Pride and Prejudice antes de encontrarme con Szidonia y he quedado satisfecho con el final de telenovela. Austen cumple 21 poco antes de terminarla. Ame cumple 33 el 10 de Abril y Ivy en estos momentos de debe estar yendo si ya no se fue, por la base 4.
Me dicen todos en Lima que se van a Tanaka. A Caro se le escucha tranquila, pero me imagino que le duele mucho. Paloma dice que no me preocupe de nada, que lo deje todo en sus manos… Todos esperan que se duche Nicolás, todo sigue igual, como en los viejos tiempos.

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