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The New York Street

Un blog lleno de historias

mes

enero 2015

Ida: en blanco y negro

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Las tragedias nacionales a veces requieren de historias sencillas, de saltos al vacío limpios como el de Ida.

“Me olvidaba que yo soy una puta y tú eres una santa”, dice la camarada Wanda Gruz. Ida ni siquiera sabe besar. Quienes la respetan asesinaron a su familia. Ida tiene el ritmo de una trágica melodía de jazz. Amará en blanco y negro, después de haber seguido el consejo de la tía Wanda y haber vivido por unas horas como el resto de los polacos. “¿Y después” “Tenemos un perro. Nos casamos, tenemos hijos, una casa” “¿Y después” “Lo normal. La vida”.

ida2Como si se pudiera abrazar la vida después de haber llevado los restos de tu madre en una manta y haber removido la tierra para encontrarles una tumba. Ida es un poema bello y trágico, una de aquellas historias sencillas que se requieren para entender mejor el peso de la tragedia de un país.

When the Levees Broke

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Cinco dias después de la inundación de New Orleans, miles de refugiados aún esperaban a los autobuses que los evacuarían. La temperatura bordeaba los 40 Celsius. Bandas de grupos armados cerraban las autopistas. La turba saqueaba los supermercados y la policía apuntaba a los civiles que se deshidrataban en las afueras del Centro Cívico. Los rumores: los blancos habían dinamitado los diques para que se inundara el barrio de los negros, los presos negros habían huído y se paseaban armados por las calles de Nueva Orleans.

El documental de Spike Lee, When the Levees Broke, es el recordatorio de una vergüenza nacional. Soledad O’Brien, reportera de CNN, cuatro días después de la inundación reta en cámaras a Michael Brown, director de la Administración Federal de Emergencias (FEMA), por saber menos acerca de lo que sucedía en el centro de la ciudad que su asistente de edición, un practicante de 23 años. Un hombre relata la muerte de su madre anciana y cómo el cuerpo se descompuso en un pasillo del Centro Cívico sin que nadie supiera qué hacer con ella. Otros cuerpos se descomponían en los bordes de las autopistas, al lado de quienes esperaban los autobuses.

Entre los videos de los cadáveres flotando entre las calles, emergen las tensiones políticas entre el alcalde y Kathleen Blanco, la gobernadora de Louisiana (él había apoyado a su rival en las elecciones del Estado). El alcalde, Ray Nagin, llama por teléfono a una radio e insulta al gobierno que no puede enviar agua, comida ni autobuses en casi una semana. Alguien lo acusa de que antes de declarar la evacuación de la ciudad su primera llamada de consulta fue a la Oficina de Negocios de la ciudad.

katrinaCondoleeza Rice, nacida en Alabama, la mañana siguiente al desastre, compraba zapatos en una tienda Salvatore Ferragano. George W. Bush, la segunda noche después de la inundación, daba un discurso acerca de la situación en Iraq. Dick Cheney jugaba al golf, la mañana en que las víctimas de Katrina intentaban sobrevivir en una ciudad con un calor endiablado, sin electricidad, sin agua y con el sistema de desagüe colapsado. Alguien recuerda que la misma noche en que el huracán Betsy golpeó la ciudad en 1965, el presidente Lyndon Johnson se paseaba por las calles oscuras e inundadas con una linterna apuntándole la cara diciendo: Soy su presidente, aquí estoy para ayudarlos.

When the Levees Broke (2006) es la prueba mayor de la ineficacia de un gobierno que siempre estuvo centrado en prioridades distintas a las del pueblo al que tenía que servir. Hilados con paciencia, allí están las imágenes y los testimonios que brindan fuerza a las acusaciones en contra de la administración de George W. Bush. Hay que recordarlas cada vez que se nos ocurra pensar que aquella administración, su familia o sus aliados, merece volver al poder.

bush en el avion

The Prairie Home Companion

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Al escuchar eso de ser “Real American”, como a muchos, me viene la alergia. El adjetivo se suele emplear para sacarle provecho a una imagen idealizada (y falsa) de un universo en que la economía depende de la granja, todos nos rompemos la garganta cantando el himno el 4 de julio y nuestros vecinos disfrutan tanto si empieza la misa del domingo como si se inicia la temporada de caza y pueden salir a ufanarse de los rifles que recibieron por Navidad. Además, el “Real American” estadounidense siempre tiene que formar fila detrás de sus líderes cuando estos van a la guerra, sin cuestionar los motivos.

Las intenciones políticas son diferenciar al hombre que “conserva” las tradiciones de “patria, religión y pistolas” del nuevo inmigrante, del que vive en la ciudad o en los suburbios y no tiene conocimiento alguno de la tierra americana. Se suele asumir que al “Real American” no le interesa salir de las fronteras de esta tierra, casi todo lo que sabe lo ha aprendido en la Biblia, a la que respeta por encima de cualquier otro libro, solo habla en inglés, detesta la metrópolis, ama el campo, ama la música country y se viste a la moda de los catálogos de Sears o JCPenny.

Sería ese un mundo primitivo, de costrumbres básicas en el que todos se conocen y se saludan al encontrarse en el Diner o en el bar, van juntos a la iglesia y conservan las buenas costumbres proclamadas por la religión.

Es una vida muy distinta a la de Nueva York. Es probable que sea por ese motivo que las grandes ciudades siguen recibiendo inmigrantes y los pequeños Real American towns adolezcan de problemas relacionados al envejecimiento de su población. Lo cual no quiere decir que las ideas y valores que representan se trasladen a los gustos políticos de una gran mayoría de estados norteamericanos, muchos de ellos dependientes de la agricultura subsidiada, de explotación de minerales, del procesamiento químico o de la industria generada a partir de estos minerales y de la maquinaria militar.

Ver The Prairie Home Companion, la película de 2006 dirigida por Robert Alman (con la ayuda de Paul Thomas Anderson) con Meryl Streep, Tommy Lee Jones, Kevin Kline, Woody Harrelson, Lindsay Lohan; significa remontarnos a ese universo idealizado de la “verdadera nación americana” que vive aún pendiente del curso del Mississippi. La película está basada en el show del mismo nombre, escrito y dirigido por Garrison Keillor, una de las voces más reconocidas de los Estados Unidos: The Prairie Home Companion es un espectaçulo de variedades que se escucha todas las semanas en las estaciones de radio pública (NPR). GK escribió el guión para la película, donde hace el papel de sí mismo.

La película tiene algunos problemas: la idea del fantasma que ronda el espectáculo no está bien realizada. Sin embargo, es un filme muy emotivo. Es una trama, tal vez floja y bastante simple: los dueños de la radio que financia el show han vendido los derechos a una corporación y ésta, que no le ve ningún sentido comercial, decide demoler el teatro desde donde se transmite, para construir un edificio de estacionamientos. La película cubre lo que sería la última transmisión en vivo de The Prairie Home Companion desde el teatro Fitzgerald en San Paul en Minnesota.

Las partes más felices de la película son los diálogos de Keillor, quien no solo actúa y canta, sino también inventa los comerciales y un famoso segmento en el que se refiere a un pueblo ficticio (Lake Wobegon) en las praderas de los Estados Unidos, poblado de inmigrantes escandinavos, olvidado por el tiempo; y, sobre todo, las performances sobre el escenario (Meryl Streep recibió el premio de la crítica por su papel): música country, baladas, gospel y chistes. En el show se leen cartas y saludos de los lectores.

El show radial, una vez al año, dedica las dos horas solo a contar chistes. Es una extraordinaria colección que se puede encontrar en formato de CD en cualquier librería de los Estados Unidos. Es el disco ideal para el viaje hacia el trabajo. En la película Woody Harrelson y Jonh C. Reilly, los Singing Cowboys, cuentan un repertorio de chistes malos al ritmo country de sus guitarras. Esa escena es hilarante.

Si les gusta la película, pueden sintonizar el show que aún se sigue transmitiendo en vivo, o pueden viajar a Minnesota en el verano: a la feria agrícola, donde se realiza el show una vez al año. El espectáculo es itinerante, pueblos y ciudades de EEUU suelen recibir a TPHC, con salas llenas. El show, y la película es un viaje al espíritu “Real American”, que complace al público porque da la impresión de ser un mundo que disfruta de las bondades de la vida sencilla, incluyendo aquella virtud tan necesaria: la tolerancia.

El humor amenazado

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Alguna vez dibujé una historieta de varias páginas en las que el personaje principal era Alberto Fujimori.

Había una orgía en la casa del embajador japonés, a la que él no había asistido porque tenía un plan de última hora. El plan consistía en tirar en el carro con una de sus trampas frente al mar de la Costa Verde. Hasta allí llegó Montesinos (recibiendo la maldición de Fujimori por el coitus interruptus) para anunciarle la toma de la casa del embajador japonés por los comandos dirigidos por Nestor Cerpa Cartolini. Nadie parecía saber cómo solucionar la crisis. Sin embargo Fujimori (asociando la toma con la reciente visita al Perú de la supermodelo Claudia Schiffer) recibió la respuesta, que le fue revelada durante un sueño húmedo: allí, él se imaginaba convertido en la toallita higiénica de la modelo alemana. Entonces, gracias a la visión inspirada por la vagina de la Schiffer, tuvo la brillante idea de cavar un túnel y rescatar a los rehenes.

Dibujar la historieta me había costado un par de semanas de trabajo, entre el dibujo y el entintado. Estaba lista y pensaba publicarla en el siguiente número de la revista Resina. Llevé las páginas sueltas al trabajo. Más o menos a las 10 de la mañana, el vigilante de la empresa llamó a mi oficina. Dijo que tenía que salir a la calle a conversar con unos oficiales que estaban haciendo preguntas sobre mi auto.

Salí a la calle y, a una media cuadra de la empresa, frente al parque Mariscal Castilla en Lince, vi a varios patrulleros, motos y unos 20 oficiales uniformados rodeando mi automóvil estacionado. Me presenté y el que parecía dirigir el operativo, me exigió que abriera la puerta. El oficial tomó del asiento del copiloto las páginas sueltas de mi historieta. Tuve que explicarle el contenido, mientras me observaba con el ceño muy fruncido: que las arengas emerretistas eran lanzadas mientras se interrumpía la orgía en honor al emperador japonés, que la presencia de Fujimori convertido en toalla higiénicharliehebdo2ca era una prueba más de mi pésimo sentido del humor.

Al final, el oficial me miró con una sonrisa socarrona que nunca supe si era apreciativa o de absoluta burla por mi trabajo. Dijo que “tenga cuidado”. Los veinte oficiales se treparon a sus patrulleros y a sus motos y desaparecieron.

Nunca supe qué pasó esa mañana. Tal vez fue la culpa de algún vigilante alarmado, que llamó a la policía. Supongo que imaginó que en ese auto estaban las pistas que necesitaba el gobierno para desarticular a los últimos reductos de la subversión. Claro que me gustaría creer que quien me denunció fue un fujimorista que pasaba por allí, desencantado por encontrar a su líder dibujado calato.

No era la primera vez que pasaba por una situación similar. En quinto de secundaria, alguien me denunció con el padre director por dibujar caricaturas y escribir historias satíricas. Alguien me dijo que el denunciante fue un profesor sin sentido del humor. Otros me dijeron que fue un compañero de clase con alma de espía y de sobón. Nunca lo supe. Un día me encontré en el despacho del Reverendo Padre Gastón Garatea Yori, explicándole que la idea de que el gobierno de Alan García estatizara al colegio Recoleta para convertirlo en un mercado popular, tal vez por una tara congénita, me provocaba mucha gracia. El director me explicó que no iba a recibir ningún castigo pero que era aconsejable que me abstuviera de escribir ese tipo de historias dado que otros (profesores) no compartían mi sentido del humor.

Recuerdo esto hoy que un par de fanáticos ingresaron repartiendo tiros a la casa de la revista satírica Charlie Hebdo y mataron a doce humoristas. La risa está con la bandera a media asta.

Doce humoristas asesinados sí es motivo para ponerse serios. Hace muy poco Sony detuvo el estreno de una película porque recibió amenazas de Kim Jong Un. La risa es tan inexplicable como la muerte. Sin embargo, nadie en su sano juicio pondrá en duda cuánto la necesitamos.

El humor amenazado: vaya manera de comenzar el 2015.

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