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The New York Street

Un blog lleno de historias

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Personal

Cinco labiales

I

Entra en tus brazos el deseo
El deseo posee tus brazos
Tus brazos se dejan poseer
Al poseerte cobran vida

II
Hombre y mujer
Grandes dolores de la celda
Del simulado precipicio
De la ventana incompleta

III
Quedando en el tierno tiempo
En la recta del recto tierno
En el tiempo de la mujer
En su piernura

IV

Acerca el 1 al 1
Y se caen
Abrazados y en el futuro
En una copa de vino

V
Entre las similitudes y el retorno
Amanece y los gatos tuercen pardos
Vuelve el sol, la línea de misericordia
El deseo de volver a entrar.

Yo soy el deseo

Arena y barro

La aspereza del desierto es como una goma de textura lija. No soy hombre de arena. Si bien la he visto como espectador curioso. Tal vez en el futuro he de aprender a querer a la arena y la arena ha de aprender a quererme.

Mas bien soy hombre de barro. Mantengo un antiguo aprecio por el lodo. Grata mezcla del agua y de la tierra. Entre el barro, sobre el barro, metido hasta la frente en el barro, he sido y creo poder volver a ser feliz.
El sonido del barro viene con carga de electricidad y de vida. No tiene ese mudo desprecio de la arena, que toca y se va. El barro te invita revolcarte entre sus brazos. O a pisotearlo.

Con Eneas en la 57

Camino a paso rápido por la calle 57. Estoy matando el tiempo en el mejor sentido posible. Salgo de mi clase de latín, y me dirijo hacia la estación del subterráneo para tomar el tren hacia Lehman. Ya me han empezado a entregar las primeras páginas que necesitan ser diagramadas para el Bronx Journal.

Según los informes de la radio esta mañana, el clima iba a ser bondadoso. Sin embargo, tengo las manos heladas.

Nunca había entrado al local de Borders en la esquina de la 57 con Park Avenue. Encontré el libro que reseñaron con tanto desprecio en el NY Times Review : My Unwritten Books de George Steiner. Se me ocurre que es posible adaptar ese camino de la envidia de los personajes hacia sus creadores. En la foto de la contraportada se le ve muy viejo al señor Steiner.

Nota, clase de mitología: ¡Qué hija de puta la Venus! Y las hermanas de Psique ¡Pirañas!

White Teeth de Zadie Smith, por recomendación de una profesora feminista de la escuela de idiomas, resultó ser el primer libro en inglés que leí ya viviendo en Nueva York. Me atrae la carátula anaranjada y abro la primera página para encontrar un epígrafe tomado de una novela de E.M. Forster que estuve leyendo en enero: Where Angels Fear to Tread. Leo las dos primeras páginas de la novela y me sorprende la facilidad para leer la misma página que en el 2001 me tomó tanto trabajo. La prosa de Smith es ingeniosa si bien después de haber leído a Rushdie, Smith ya no sorprende.

La diosa me comenta lo que yo ya sé. Hay fuerzas mucho más grandes que la voluntad. Allí no te puede dar apoyo ningún librito de auto ayuda. Pienso en la tarde de ayer, en la otra parada más placentera sobre el grass de Central Park. La vida te entrega sueños y ellos se te van escurriendo conforme caminas. Cuando abres la bolsa para ver los que te quedan a veces sólo descubres el reflejo de tus arrugas.

Martel explica cómo nació Life of Pi: Derrotado y en la India, frustrado al no haber podido darle forma a una novela histórica ambientada en Portugal, se tomaba un café. Se disponía a marcharse cuando un anciano se le aproxima y le ruega que lo escuche, que quisiera contarle una historia «capaz de hacernos creer en Dios». Presto un poco más de atención a los tacazos de las mujeres que caminan por la calle 57. En el subway, por lo general, todos usan zapatos planos o zapatillas.

Tom O’Hanlon se acerca hasta la puerta de mi oficina y me narra su epifanía de las ocho de la mañana:

 

Venía desde la casa manejando y maldiciendo todo lo que tengo que hacer hoy, y de repente se me ocurrió pensar que mi día nunca podría ser tan malo como el que le esperaba a Eliot Spitzer

Y de todo el escándalo, de los cristales rotos de la carrera política de Eliot Spitzer, como de las cenizas, resurge el próximo gobernador del estado de Nueva York: ¡Nuestro gobernador es el primer gobernador negro (el tercero en la historia de los EEUU) y es ciego (el primero en la historia de los EEUU)!

Se vienen buenos tiempos en Albany.

Y a la deliciosa prostituta inspiradora de sus infidelidades, no han dudado en crucificarla con titulares en el Daily News y el New York Post. Como si no bastase que el NY Times nos haya otorgado el enlace a su página en myspace, donde ella resume su infancia difícil, los abusos a que fue sometida. El New York Post llena su portada: Conozca a la ramera que provocó la caída de Spitzer.

Otra nota (esta vez de mi clase de latín ¡Qué bien que escribe Ovidio!):

hoc opus, haec pietas, haec prima elementa fuerunt
Caeseris ulcisci iusta per arma patrem.

 

El viaje en ferry

Era la primera vez que ella se subía a un ferry. Cuando las plataformas del muelle descendieron para recibir a los pasajeros, el mecanismo hizo un ruido escandaloso.

-Lo malo es que después de haber visto Nueva York, cualquier otra ciudad del mundo te va a parecer pequeña.

No creo que viajar en ferry y atracar en otra ciudad del mundo provoque la misma sensación de insignificancia. Pero puedo equivocarme.

Naoko también venía por primera vez. Ella tenía sus ojitos casi cerrados en una sonrisa. Me hubiera gustado saber lo que estaba pensando.

Además, el viaje es gratis. Difícil tener una mejor vista de la ciudad por ese precio. (La segunda mejor vista es desde el mirador de Brooklyn Heights, cruzando el puente.)

La estatua es el principal atractivo. Si bien te acostumbras a su tamaño, no puedes olvidar la imagen gigantesca que tenías de ella antes de conocerla. Ella es sólo un elemento más en el paisaje. Es más impresionante la vista de la ciudad. Pero claro, la estatua siempre se roba todos los flashes.

Jorge se pasó la bufanda sobre la boca. Su desgarbada figura parecía la de Ribeyro después de las cinco mil cajetillas. Pero él no fumaba. En su foto parecen perseguirlo las gaviotas, que vuelan casi a ras del agua.

Hay otras fotos. Me gustaría saber en qué estarán pensando cada uno de ellos cuando posan con la estatua a la espalda ¿Con qué imagen de ella se estarán comparando? ¿A quién pensarán enseñársela? ¿Dónde terminarán esos retratos, en qué album, en qué cajón de recuerdos?

Yo tengo varias ¿Cuándo vine por primera vez? Creo que el 2001. Y seguramente que desde entonces he hecho el viaje del ferry al menos una vez cada año. Es obligación indispensable para con los amigos. Sobre todo porque es más difícil convencerlos de cruzar el puente de Brooklyn caminando.

Cierta tarde caminaba sobre las callecitas del bajo Manhattan buscando una dirección. El viento era terrible y yo iba en sentido contrario, maldiciéndolo. Las aguas de la bahía se agitaban desesperadas, formando pequeñas olas. Esa fue la misma tarde de la desgracia, aquella en la cual el capitán del ferry se quedó dormido, la proa se llevó de encuentro una de las esquinas del muelle y murieron unos cuantos pasajeros, comprimidos entre el bote y el cemento. Como cucarachas.

A mis amigos nunca les cuento nada de eso. No quiero arruinarles el viaje. No quiero malograrles la experiencia diciéndoles que ahora el viaje en ferry es más seguro pero que antes había más libertad para moverse por la cubierta, para ver la estatua y los edificios desde distintas posiciones.

No se los digo porque me gusta verlos observando Nueva York con una deliciosa mirada de satisfacción. Me imagino que se sienten maravillados de pertenecer al grupo de quienes han visto la puesta de sol sobre los vidrios de aquellos rascacielos, y descubierto el verde reflejo de la estatua de la libertad.

Tantos libros (So many books)

Cosas que recuerdo de Strand (18 miles of books):
1.Encontrar una primera edición de un libro de Richard Burton (y comprármelo a precio huevo)
2.Hallar la edición de Anábasis, la segunda traducción de T.S. Eliot
3.Leer las notas al Génesis de la edición original de la Biblia de Jerusalem y las menciones a los cíclopes.
4.Los libros de la Historia de la religión, El mito del eterno retorno y los diarios personales de Eliade
5.Todos los ensayos de Ezra Pound
6.The Western Canon de Harold Bloom
7.La biografía de Oscar Wilde
8.Buscar libros de drama griego y encontrar una edición traducida de los Comentarios Reales
9.Los versos de Yates
10.Los dramas de Shakespeare
11.La colección de la Everyman Library
12.Los ensayos de Montaigne en tapa dura
13.Los libros Taschen a 10 dólares (Fotografía siglo XX, Iconos del siglo xx, Forbidden Erotica)
14.Las mujeres entre los libros
15.Sobre las escaleras buscando entre los libros pegados al techo
16.Las miradas
17.Los laberintos del sótano
18.Las horas.
19.Un libro sobre la historia del blues por Robert Crumb
20.Los ensayos de E.B. White, recomendados por Iwasaki
21. Un libro viejísimo de Joseph Conrad

He leído más en los Barnes and Noble. De aquellas librerías tengo recuerdos más placenteros (de labios, de sonrisas, de escotes, de caminatas de atardecer, entre las sillas de alguna presentación). Tengo además el autógrafo de Zadie Smith, el de James Ivory, el buen trazo de la firma de Art Spiegelman y la de Frank Miller en Sin City.

Además, he escrito cosas importantes pegado a las ventanas de Broadway. El ambiente espacioso y moderno de B & N se presta más para la lectura que los atestados pasillos, los estrechos pasadizos y el excesivo calor de los locales de Strand.

Sin embargo, me sucede algo difícil de explicar. De los Barnes and Noble recuerdo el placentero silencio de mi lectura. Entre los libros viejos de Strand, siempre me parece estar escuchando una prolongada conversación.

Libros raros


El codo sobre el libro. Detrás de las ventanas del edificio, Harlem. Se ha gastado tanta tinta. Tantas palabras y tantos sueños han derivado de éste, el primero. En algún lugar de La Mancha dice la primera página de la novela. Y el gringo pone el codo sobre el lomo del Quijote. El peruano mira, con la boca abierta.

Apágate

Pablo era un poeta muy malo. Tenía tres temas a los que siempre les daba vuelta: el mal amor, el amor menor, el amor al menor. Por sus poemas de amor al menor fue tildado de pedófilo (con cierta razón) y desacreditado entre los poetas de su barrio que ya lo habían apodado como il poeta cabrissimo.

Por eso no le quedó otra alternativa que dejar la casa de sus padres. Traduciendo poemas del francés al castellano para la editorial Peisa y Sopas del alma del inglés al castellano para la editorial Piratas honrados, consiguió juntar la renta de un despintado departamento en un edificio triste de La Parada, con ventana al burdel del Almirante.

Allí transcurrieron sus mejores días de juventud. Y los de su vejez.

He leído una crítica feroz de un intelectual que compartió auditorios con Pablo, y allí dice que su compañero desperdició su talento por vicioso y vago. Sin embargo, quienes lo conocieron los últimos años de su vida, afirman que nadie lo jodía. Y aquello, sabemos, siempre es importantísimo para los malos poetas.

Que en paz se apague.

Fanny och Alexander. 26 de marzo

 

fannyandalexander

Auerbach’s book on one hand
The keys of the kingdom on the other.

If the devil comes
I’d show him the book.

The West to the front
and to the side
these magnificent, invisible
mountains of New York

He escrito esto regresando del correo, apurado sobre cualquier papel. Auerbach es el maestro del criticismo, las llaves del reino de la crítica literaria. El oeste es interpretado de acuerdo a estos preceptos. Lo de las montañas de Nueva York, es mi homenaje personal a los poemas de Li Po.

Este es el primer poema de un libro que se llama Distractions. El segundo poema comienza:

With an inmense debt
Carl farts on the staircase.
Granny shows him the paper:
37,000 krones.

Alexander looks to the cloud on the horizon
Show me how to do it, he says.
Trying to go back. Impossible. The farts
don’t show how to pay debts
and Zeus won’t be offended by them.

If he exists is a piece of shit,
and I’d kick his ass. That’s offensive.
Burnt, as in the seventh circle. His hands.
The horror in his eyes.
Alexander, don’t go back.
Zeus doesn’t exist,
He says. Alexander agree.
That’s the whole magic of the lantern.

Este poema, obviamente, ha sido inspirado por una de las mejores películas que he visto. Fanny and Alexander. Tal vez sea la obra maestra de Bergman. La escena final alude a la teoría platónica del tiempo circular: El tiempo no existe, se pueden hacer dos cosas en un mismo tiempo, dos cosas a la vez. Hemos llegado a donde debimos de estar al principio.

El decorado de la película es fabuloso. La música de Schubert al principio del filme. La textura de la nieve bajo los cascos de los caballos. La luz en la oscuridad, la linterna mágica. Los pechos de Maj, la barba de Gustav, la cólera del arzobispo, la bondad en los ojos de la madre, de Helena, el judío. El amor como una moraleja pues el tiempo no lo ha hecho quebrantar.

Y si de corazones rotos hablamos, pasemos a Donne y a la carta a la hebrea colorada.

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