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The New York Street

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Nueva York

La lluvia atiende los lunes. 28 de marzo

La lluvia empieza a caer persistentemente desde la noche y no se ha detenido todo el domingo. Szidonia ha llegado a encontrarnos, degustando un spaghetti a la carbonara delicioso en la esquina de McDougal. Szidonia nos ha esperado en el Starbucks y hemos marchado con los paraguas rotosos hasta el Angelika para ver a Clint Eastwood y a Hillary Swank.

Agradezco que nadie me contara el argumento, pues de este modo el giro de la historia es sorprendente, triste. Szidonia ha salido llorando y Camilo haciendo miles de preguntas. Claro, no ha entendido nada. Recuerdo cuando fui a ver Sexy Beast en el Lowes de Times Square. Casi lo mismo. El lenguaje es complicado y el acento del sur. Pido un té al regresar al Starbucks, nadie ha querido seguir caminando, la lluvia ha persistido en su encanto y nos ha mojado a todos de regreso.

A la vuelta a Brooklyn, en el D, comienza a llover con fuerza. Interminable. Sigo leyendo La Odisea y ya estoy pensando en lo que voy a seguir. Camilo sugiere que las tragedias griegas, que no me meta con La Divina Comedia. El cuento final del Hacedor es genial. Borges se desdobla en dos personas, el yo y Borges, y ninguno sabe quién trabaja para el otro. Al momento de soltar la pluma el cuento lo puede haber escrito cualquiera de los dos Borges.

Coincido en que estamos regresando al tiempo en que leer al ciego de Buenos Aires era un secreto, una clave compartida.

Regresamos al hoyo 19. 27 de marzo

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El tren sale a las 8 y aparece pasadas las 10 en el terminal de White Plains. Oscuro el domingo de Easter.

Arranca el auto y llegamos pasadas las 10:20. No hay nadie. El almuerzo es delicioso, no tanto la idea de regresar a la rutina de los fines de semana. Sean LaTella se ha propuesto campeonar esta temporada, Mr. Mahonec ha vuelto con su ex enamorada, la hija de los Hanrahan ha crecido mucho en tan pocos meses. Dyanna ha engordado un poco y sigue viniendo con el lompa negro al cuete. Marcelino dice que quiere invertir en comprarse un negocio u otra casa. Eduardo sigue gritando en lugar de conversar y diciendo volver pa’tras en lugar de regresar.

No me ha gustado volver a ver Knollwood, tal vez porque el césped ha quedado amarillo, o blanco, muerto, porque no hace suficiente calor para salir sin abrigarse, porque queda lejos, porque los mismos temas de siempre. No hay tema.

Regresa el tren muy tarde pero llego a alcanzar a Mina y a Elisa en el restaurante indio. No alcanza para comer pero Elisa me prepara un plato delicioso de quinua, que repito. Mina me invita a Valencia cuando yo quiera, asegura que las paellas “HAY QUE comerlas en Valencia“, que el agua y la forma de prepararlas no se comparan con nada. Ha prometido mandarme un disco de flamenco y una de la Kroll que a ella le encanta.

Elisa dice que prepara su cena el jueves y que espera que lleguemos con una botella para el pisco sour. Camino hasta el G y tomo el tren a casa. No hace tanto frio. Szidonia me ha preguntado si vamos a ir de todas maneras al Met y luego a pasear por el puente de Brooklyn. Yo comienzo a sospechar que los lunes el Met sigue cerrado y dicen que llueve todo el lunes.

 

Las puertas de Central Park, 13 de febrero

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Resulta complicado hacer que entren todas las puertas en la boca del lente. No es sencillo captar la sensibilidad de estos portales color puesta de sol, color fruta de Palpa. Pero lo intento.
He llegado pasadas las 12 y la luz del sol ayuda. Pero hay mucha gente, mucho ruido. Es una feria interminable, muchachas y muchachos, criaturas, adefesios, viejos de lentes que se contraen, digitales, tres pies, fueras de foco, turistas, chinitas que no se mueven, viejas asustadas, fascinadas, atletas que corren entre la gente respirando por la boca. He tomado 15 fotos. De ellas he escogido ocho. Creo que las mejores. Me parece que tengo que revisarlas, ver el paso del tiempo por los colores, las texturas, las formas. Opino que una capa de nieve le ha de dar el tono adecuado.
Annerys llega pasada la 1 y marchamos hacia la pista de patinaje, hacia el lago descongelado, hacia los senderos azafranados.
Siento como nunca que es domingo. Terminamos de marchar por el parque y nos dirigimos hacia las calles atestadas de Chinatown, al encuentro con los dragones que celebran con New York la llegada del gallo, pero los monstruos han desaparecido con la llegada de la tarde y solo encontramos restaurantes repletos. Luego del almuerzo unos postres mirando Canal St. y conversamos de banalidades: de ella, de su padre atrapado por la diabetis y el paro antes de morir, de sus gritos de “Linda” cuando llegaba del trabajo, de los libros en forma de guiones que piensa escribir al retornar de Valencia.
Nueva York forja el caracter. Ella ha descubierto la solidaridad de los parientes entre las calles de la isla y el significado del hambre. Ella ha descubierto que es mucho mas fuerte que lo que que pensaba y en eso podemos compararla con Elisa.
Aunque la paradoja indica que la dificultad es mayor de acuerdo a lo que tuviste, y ella lo tuvo todo. Tal vez no una adolescencia feliz, tal vez quitaría esas frustrantes reprimendas, ese control total de los padres, esas faldas hasta debajo de la rodilla, esa imposibilidad de subirse a una bicicleta para no mostrar los muslos…Pudo haberse convertido en prostituta, me lo dice.
El primo lindo de Santo Domingo, el de los ojos verdes, ya no se ha de casar con ella, porque ha encontrado a su príncipe en San Juan. Tal vez Annerys, regresando de Europa consiga lo que quiere, tal vez maduren sus ojos negros y la mujer-alacrán decida su futuro entre las constelaciones orientales.
Tal vez divagaremos sobre estos asuntos nuevamente. Hoy día fue entre las puertas del parque, las azafranadas. Pero en el futuro, lo haremos cruzando los portales imaginarios, las puertas interminables que se nos cierran y se nos abren en esta ciudad de alucinantes vidas paralelas.

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