Desde el borde de la acera sobrevino el sonido de los renacuajos asomándose. La ciudad se escondía del viento que golpeteaba las puertas y las ventanas y el pueblo se refugiaba en los hogares sagrados al pie de la leña crepitando y el fuego amable, para escapar de la furia del frío. Nadie más que Tartufo temía tanto al frío en su calle de Brooklyn porque el frío de alguna manera perforaba su piel, se deslizaba dentro de su cuerpo y le calcinaba los órganos. Le aletargaba la memoria y se alejaba dejándolo sin tacto, sin gusto, sin olfato y le disminuía la visión y el oído lentamente. Pronto, gracias al frío, Tartufo sería un completo inútil. Así habían pasado ya cinco inviernos desde que Tartufo se percatara que el frío lo atacaba a él de una manera distinta que a los otros. Y en ese tiempo había aprendido ciertas argucias de superviviencia.
Ya no desperdiciaba su vida en caminatas, pues ellas le robaban la energía que necesitaba para las lecturas.
Tomaba el subterráneo y aprendió de memoria los planos de las estaciones en los cuales podía encontrar amparo, y cuidados en caso de alguna emergencia.
28 de febrero
No podemos salvar la Tierra, sin embargo tal vez podamos salvar Tierra 2. Debe haber algún medio de comunicarse con ellos. En eso estoy.
1 de marzo
Asisto paralizado al espectáculo, incapaz de impedir la hecatombe que borrará Tierra 2. El planeta que recién descubrimos gracias a Kepler, avanza inexorablemente hacia su encuentro con el meteorito Selene. Una luna y una tierra que no son las nuestras, se destruirán mutuamente. Tal vez sea un anticipo de la suerte que le espera a nuestro planeta. Llámenme ingenuo, mas yo creía que si la vida terminaba en Tierra, nos quedaría el consuelo de alcanzar algún día Tierra 2.
2 de marzo
Si mis ojos estuviesen allí, qué cosas verían. Tal vez el inicio de civilizaciones parecidas a la nuestra. Secretos de conviviencia entre tecnología y naturaleza que nos permitirían aplicar a la salvación de nuestro mundo. La etapa heróica griega o Egipto levantando su primera pirámide. Quizás este sea el equivalente al cataclismo que alguna vez terminó con los dinosaurios. Sin embargo Selene es enorme y va con demasiada velocidad. Mis científicos preveen destrucción total.
3 de marzo
He intentado anunciarles el desastre usando los transmisores dispuestos en el exterior de la galaxia. Fue encantador ver una vez más a toda la tripulación trabajando con frenesí, como si Tierra 2 fuera en realidad nuestro planeta y no sólo una esperanza azul flotando en el universo. Mi esposa me consuela y me dice que siga aferrándome a la hipótesis del exterminio de los dinosaurios. Tal vez ésta sólo sea la colisión que necesitaba Tierra 2 para que los pequeños mamíferos empezaran a dominar el planeta.
4 de marzo
El choque es inevitable. Estamos siguiendo el desenlace de Tierra 2 en un panel que hemos instalado en la nave central. Hemos despachado anuncios de luz y mensajes de radio. No hemos recibido respuesta. Si fueran una civilización avanzada habrían podido identificar señales provenientes de otros mundos. Hubieran encontrado la manera de comunicarnos, decirnos que no nos preocupemos, que dejemos el problema en sus manos.
5 de marzo
He tomado todas las fotos que he podido. Ordenaré hacer una imagen tridimensional y dispondré que sea proyectada durante algunos meses en la nave central. He visto a otros tripulantes tomando fotos a escondidas. Tierra 2 se esfumará poco después de la medianoche y con ella nuestra fantasía de conocer su historia y la de sus habitantes.
6 de marzo
No ha pasado nada. Selene ha desaparecido y Tierra 2 sigue donde estaba. No ha habido colisión. Nadie puede explicarme lo que ha pasado. He mandado los primeros informes oficiales a Tierra. Hasta la hora en que me he retirado a dormir, no he recibido respuesta.
7 de marzo
No hay Tierra. No volveré a escribir, no tiene sentido. ¿Quién leerá este diario mal escrito que lleva mi nombre? Podría enviarlo en la cápsula sellada que lanzaremos hacia Tierra 2, que sigue allí, bellísima, como lanzándonos un acertijo o una maldición. La vida continúa en Tierra 2, ya no hay vida en nuestra Tierra original. Los ingenieros intentan darme una explicación racional de lo que ha sucedido. ¿Estuvimos viendo los últimos minutos de nuestro planeta sin saberlo? El juez los ha mandado matar a todos. No he podido cancelar esa orden. He llorado contemplando en la pantalla las últimas imágenes que tomé de Tierra, mi Tierra. Siento rabia.
8 de marzo
No voy a escribir más. Creo que varios en esta misión vamos a perder la cordura. Transposición de imágenes le ha llamado al fenómeno uno de nuestros científicos más viejos. Dice que presentó un informe hace 2 años, oral. No lo recuerdo, no lo debo haber tomado en serio. ¿O es que se están transponiendo nuestras ideas igual que las imágenes? Mi esposa me consuela diciéndome que era muy poco lo que hubiéramos podido hacer. De todos modos, no tiene sentido que siga. No hay Tierra y Tierra 2 está asaz lejos para que lleguemos sin ayuda. Saquen su cuenta.
Las losetas aún llevan la sombra donde cayó su cuerpo, ellas y el rey son los únicos que han sido marcados con su historia. Las manchas en el piso se borrarán pronto, la limpieza se encarga de ellas al amanecer. Es la marca en el alma del rey la que me preocupa, allí no tenemos cómo llegar.
Entonces yo era codorniz del grupo de los poetas en la universidad e iba mal vestida a las reuniones, donde leía con fingido desgano aquellos versos que me había costado la noche entera escribir.
Me desagradaba mi aspecto, mas sabía que en ese grupo era bien visto el mal gusto y que incluso el descuido aparente con que me amarraba los cabellos causaba admiración. Estaban todos locos pero los quería. Y a él más que a nadie. El único del grupo que parecía consagrado al objetivo de nunca dedicarme una mirada.
Así fue toda la noche en aquella fiesta. Me vestí peor que nunca pero cuidando que se adivinaran circulares mis pechos. Me ajusté el más desgarrado de los jeans asegurándome que destacaran las nalgas. Nunca me pongo labial pero los llevaba medio abiertos y humedecidos cada vez que pasaba frente a él. Igual nunca me miró. Así que me dediqué a tomar. Tal vez no eres su tipo, me habían dicho mis amigas tratando de suavizarme el rencor. Tal vez si me pusiera esos lentes ridículos de carey negro que usa ella, pensaba yo. Esa poeta que parece atraerlo tanto, la extranjera.
Tenía que escoger una cerveza. La luz y el hielo me paralizaron un instante. Allí estaban todas, alineadas, heladitas. ¿Por qué iba a escoger ésta? ¿Sólo porque estaba más cerca? ¿Porque brillaba más la chapita y el capuchón? ¿Porque la luz la había iluminado de cierto modo? ¿Era acaso cierta posición, cierta gota fría que se había deslizado por el cuello de la botella? Cogí la cerveza, cerré el refrigerador y con ella en la mano me metí a la fiesta.
Dejé que la botella me condujera entre la gente, hacia ese sofá debajo de esos cuadros. El otro poeta maldito de la clase mencionó algo sobre antropología comprometida. Pasé otra vez frente a mi ídolo con la boca bien cerrada. Me dediqué a bailar. El primer hombre fue un amigo de la dueña de la casa, al que apenas conocía. Estudiante de cine, mencionó dos cortometrajes y miró insistentemente mis pechos ¿Se dará cuenta? El segundo hombre fue mucho más discreto, me conversó de un viaje necesario y transformador a unas ruinas en las afueras de la capital, una calamitosa expedición por las carreteras de la sierra. Luego quiso hablarme de política pero le pedí disculpas y me metí a la cocina en busca de otra cerveza.
Allí estaban otra vez. Escogí la que estaba atrás de todas ¿Porque está más helada? ¿Porque nadie ha pensado en ella y no la han tocado? Así era yo, compasiva. La destapé y me metí otra vez a la fiesta.
La extranjera estaba riéndose y me dedicó una mirada. Nunca le había prestado demasiado atención. No era tan fea, mira tú. Tenía bonitos ojos detrás de esos lentes de carey que me horrorizaban. Sus jeans estaban menos rotosos que los míos y no mostraban nada. Su cabello era sedoso, largo, me provocaba tocárselo. Me acerqué y rocé con mi blusa el borde de la suya.
–¿Así son las fiestas en Dinamarca?
–Sí sí. Más o menos iguales. Iguales de borrachos.
Se le veía cómoda, como si estuviera instalada en un pedestal mirándonos. Cómo me habría gustado entrar en esos ojos. ¿Qué imágenes se mezclarían con las que yo veía? Traté de ver mentalmente una fiesta danesa, pero no lo conseguí.
–¿Y dónde aprendiste castellano?
–En un viaje a España primero, viví por un año, terminé la escuela en Zaragoza. Luego, viajando por Sudamérica, viviendo en el Cuzco.
–¿Viviste mucho tiempo en el Cuzco?
–Año y medio.
A quién quería engañar. Ella me había visto en las reuniones del grupo, había escuchado mis poemas y sabía que apestaban. Los debía haber escuchado más vívidos y mas limpios en alguna otra ciudad europea. Casi me convencí–mirándola, escuchándola hablar sobre ciertas malas costumbres que aprendió en el sur–, de que ni siquiera mi ídolo le interesaba. Sólo estaba asumiendo su posición de diosa y dejándose adorar.
Se la llevaron a bailar y me quedé sola otra vez. Se la llevó mi segundo hombre, a quien noté dudando en invitarme. Ella es extranjera, me dije. Se sintió atraído por ese modo medio inclinado como ella se para, pensé. Bailaron salsa. Ella como si hubiese nacido bailando. Traté de imaginarme cómo serían las fiestas en Dinamarca, pero no pude.
Allí estaba yo. La poeta desgarbada y pechugona con su cerveza, sola en medio de la sala, gritando: ¡Mírenme! ¿Los otros poetas del grupo? Todos borrachos. ¿Habían escogido ignorarme? Unas horas antes les estuve declamando mis mejores versos y ahora que los necesitaba…
Debo dejar de preocuparme, pensé. Busqué en el fondo del bolsillo y no pude encontrar cigarrillos. En la cocina encontré a mi primer hombre, borracho, asomándose al refrigerador y ofreciéndome una cerveza. No le pude decir que aquél era mi ritual, que me dejase escoger a mí. Seleccionó su botella y la mía, me ofreció un cigarrillo y salimos a la calle a fumar.
Habló de cine y yo le seguí la corriente. Qué poco que sé de filmes europeos. Pero he visto mis películas y puedo llevar una conversación. Luego me senté sobre el borde de la vereda y lo dejé sentarse apretado contra mí. Me hace reír, me está mirando mucho más a los ojos pero sigue buscando por el rabillo los senos. Me echo en el suelo y él se aprovecha y se echa sobre mí y me besa y siente mi aliento fuerte y me trata de acariciar por encima de la blusa pero eso sí, eso sí que no lo dejo. Siento el mareo que me alcanza todo de golpe y su boca que apenas si sabe besar. El fue el primer hombre y yo fui su primera mujer. Estaba amaneciendo cuando entré a la cocina por una vaso de agua y vi a mi primer hombre con la danesa, apachurrados contra una esquina. La diosa danesa se había bajado del pedestal, un poco envidiosa de las sanas diversiones de los hombres.
Yo era una mala poeta y entonces tenía ciertas manías por detalles de mi ropa, de mi personalidad y de los objetos que escogía. Viajé mucho, conocí Europa y viví dos años con un hombre que me hizo mucho daño. Aprendí que vestir de mal gusto era contagioso. Me enamoré por épocas, evitando fiestas como aquella, buscando reuniones donde fuese posible transformarme en una diosa extranjera. Funcionaba. Miraba alrededor:muchachos y muchachas celebrando ritos que yo ya conocía, en lenguas extrañas que provocaban el efecto de hacerme sentir mejor.
También encontré a los tímidos que pasaban por las segundas filas tratando de llamar mi atención. Quise ignorarlos pero nunca fui buena para eso. Siempre me daba por estirar las manos y escogerlos, prefiriéndolos a los que se colocaban ruidosos al frente, invitándome a que los mire. Esos tenían una vida más fácil, ellos no me necesitaban.
El Emperador era paisano de los pescadores. No resultó traumático su encuentro y pronto estaban todos alrededor de él y frente al fuego del crepúsculo, conversando de rutinas del verano, de viejos amigos, de parientes fallecidos.
Les sorprendió la familiaridad con la que él los trataba; y a él le agradó que ellos se olvidaran pronto de las formalidades, entendieran sus bromas y se dejasen tutear. Las mujeres se aparecieron con frutos del campo y gaseosas y se sentaron en segunda fila sobre el toñuz, silenciosas, sin poder creérselo, pensando en las muchachas que se morirían de envidia esa noche cuando regresaran al pueblo y les dijeran: hemos estado con el Emperador.
Se escucharon críticas respetuosas y se dieron consejos que los más inteligentes aprovecharían a lo largo de su vida. Esa era una zona virgen, no la habían manchado de publicidad y de comercio los turistas, así que se podía poner en práctica el sentido común colectivo y empezar pronto los trabajos indispensables para prevenir el caos cuando el irremediable progreso llegara a esas costas.
Se habló de los alcaldes y se escucharon las quejas del último de ellos, aprovechador, aventajado delincuente. Sólo hubo elogios para el recién elegido. Éste había ordenado las cuentas municipales, restaurado los servicios indispensables, conseguido buenos tratos comerciales con las mineras y establecido justicia en el reparto de las aguas. La sabiduría imperial dictó que no miraran atrás pero que fueran prudentes cuando les tocara elegir a nuevas autoridades. Los dioses y el destino les habían enseñado las dos caras del gobierno, les tocaba a ellos aprovechar la lección, recordar para siempre y enseñarle a sus hijos los alcances de corrupción del poder y también el poder tranformador de su buen empleo.
Les prometió destruir los muros que el alcalde había levantado alrededor de su casa, con ladrillos firmes, rompiendo con el estilo de las casas gentiles y la armonía de la playa. Pero no les aconsejó proseguir acciones más severas. Sólo aprender, mirar a una buena autoridad en ejercicio y dejar constancia de aquellas buenas obras. Tal vez su poder le permitiría castigar al alcalde malo, les dijo, pero les sugería dejar la idea del castigo sólo en sus manos.
Antes de irse a dormir les enseñó a mirar las estrellas y a interpretar en ellas la voluntad del universo. Les mostró las coordenadas en las que se acentuaba la prudencia de aventurarse en el mar para la pesca; y también las líneas imaginarias donde la esfera eterna auspiciaba abandonarse a los espíritus del ocio. No todo en la vida es trabajo, les dijo antes de subirse a su litera y dejarse llevar por su hombres hasta el siguiente campamento.
Buenas historias dejó la visita del Emperador y los pescadores aún respetan su figura más que la de quienes lo siguieron: reyes que sólo ven en los periódicos y escuchan en las radios, jefes que hablan de grandes obras, venganzas terribles y proyectos que no realizan nunca.
La comida está servida. Hay cuarenta banquetas en posición horizontal esperando las nalgas felices de la jubilación. Hay cada cachetada en esta nueva vida vertical, en esta cadencia superior de ciudad elevada. Desde el balcón, me agacho sobre la barandilla y contemplo sus tetas estampadas en la vereda.
–Ya te abro ¡Sube!
Sus truculentos catálogos de libros viejos y un vasito de ron para empezar el concierto.No me interesa, no me interesa, no me interesa. Ella sigue mostrándome los plásticos de los DVDS a cuatro lucas mientras sigue creyendo que yo tengo algún interés en ellos.
Tal vez se hace la tonta. Porque le conviene, porque sabe que si tuviéramos que conversar en serio, cerraríamos en este instante todos los catálogos del universo y nos meteríamos a la cama. Horizontal-vertical, el mundo es redondo. Muevo mis espejuelos de sol, la miro levantar la barbilla y me vuelvo a enamorar. ¿De dónde has sacado esos ojitos que me vuelven loco?
Ahora dice que se va. Como si no tuviéramos nada que conversar aparte de los DVDs piratas. Hace mucho calor y me ha aceptado el ron. Noto que se despeina un poquito. Eso es intereante, desde todo punto de vista.
Mis amigos están ayudándome a mudar, aún tengo varias cajas de libros esperando ser etiquetadas, archivadas y subidas al camión. Pero podría postergar toda vida feliz si sólo fuera por ti. Si sólo me prometieras que nosotros vamos a tener un hijo.
No se pueden hacer promesas antes del almuerzo y ella no ha querido quedarse ni siquiera para la ensalada. Le digo que tengo buenas manos para la ensalada y creo que ella lo ha tomado como un intento de avanzar hacia su blusa. No hay resentimientos, sé que me adora y que algún día ha de venir con otras intenciones que venderme discos y libros. Sé que algún día nos sentaremos al borde de la chimenea y me dirá que le falta un botón a tu camisa. Ese que perdí en la piscina esperándote.
Sol, cómo te odio. Quisiera estar en la playa y no metido en este agujero. Quisiera que me enseñases el camino y no los poros, cómo se abren y transpiran. Glop, glop. Sube a su auto, hace una venia antes de doblar por la Alameda, yo me meto a la ducha. Después de tanta excitación siempre necesito agua.
Todos vuelven a la tierra en que nacieron. Dice el vals.
Y yo vuelvo porque tengo que decirte que te amo. Y no fue así. Vuelvo porque me llaman las musas desde el desesperado parque de los recuerdos. Vuelvo porque el destino me había tendido una trampa. Qué se yo. Esas cosas por las que pasan los peruanos. Pura tragedia empaquetada. ¿No? Hay que tener huevos para vivir y enfrentarse a lo que venga sin estar sumergiéndose todos los días en la tontería del nacionalismo. Somos lo que somos. ¿Oíste? Carne y huesos y un alma perdida si hemos de creerle a Wilde.
Mira la nieve. Los copos te distraen de la figura importante. Tu nueva sombra. O esa negrura que proyectas sobre el suelo blanco, esas ganas de quebrar en cuatro pedazos el cascajón que te bloquea el camino. ¡Avancen, avancen! ¡Animales! ¿Quién está vendiendo los brevetes en este lado del Bronx?
Y de vez en cuando, enmedio del frío..un rostro como el de ella. Las mejillas claras, libres de pena, las sonrisas. Cómo me gustan las sonrisas del Karamanduka. Ah, la muchachada en el estadio. ¿Todos vuelven no? Hemos regresado duros y parejos, sin plata en los bolsillos pero una bancarrota más que importa. Si en la vida siempre fui feliz.
Y a cortar que nos necesitan para tareas más nobles. La ficción no puede esperar que se sienten a trabajar estos dedos de tiza.

Salí del Perú el 10 de julio de 2000. Regresé el 18 de diciembre de 2008. Me fui a los 27 años, regresé de 36. Tenía una tarea pendiente entonces: vivir en una ciudad diferente de Lima, aprender lo que significa vivir lejos de mi familia y mis amigos, de mi país.
Los que me conocen de antes dicen que soy un aventurero. Yo, que me conozco mejor, sé que todo partió del deseo de aprender. Y que fue una aventura calculada, sin grandes riesgos. Hubo factores inesperados y decisiones que no fue tan difícil de tomar. Fueron muchos los factores y las personas que ayudaron a que yo me quede fuera del Perú.
Escogí Nueva York. Ahora que regreso sé que escogí bien. No hubiese conocido a mi esposa, no hubiese podido trabajar y estudiar con tanta facilidad una carrera que hoy me apasiona: la literatura inglesa.
El Perú ha cambiado. Es una maravillosa experiencia ver que se está haciendo realidad, con cierta pereza, el sueño del desarrollo. El orden y la limpieza de Lima son reales, el crecimiento económico y la integración social son evidentes. Somos más marrones y más lindos los peruanos. Somos más Perú que antes. Es decir, más orgullosos de nuestras mezclas. Estamos integrados mucho más que antes y nuestro destino parece que por fin es común. De todos los peruanos, independiente de la raza y la clase social. No hay lugar en este nuevo país para el racismo y mucha gente está comprendiendo la importancia de convertirnos en una nación integrada antes de pretender ser potencia.
Otros no. Mi esperanza es que alguien ilumine a esa minoría de peruanos que aún no se han dado cuenta que el secreto del desarrollo es la disminución de las brechas de riqueza y la desaparición de las barreras sociales.
Regresé al Perú a mirar, a ver, a comparar. He comparado todo el tiempo.
He regresado a Nueva York y me he vuelto a enamorar de su color, de su cielo, de su frío y de la intensidad de su fuerza. Quiero al Perú y a su gente, pero me siento en casa entre esta gente que no habla mi idioma, entre esos edificios que no miran hacia el sur sino hacia el cielo, entre esas calles que no susurran el nombre de mi patria sino que mencionan tareas multiculturales y multinacionales.
Del Perú sólo puedo decir cosas buenas y prevenir que hay demasiadas tareas pendientes. Avisar a los que se entusiasman con los edificios grandes que aún hay rincones en el Perú donde no podrå pasar el crecimiento económico sino pasa primero la educación. Que en la misma Lima hay enormes bolsones de pobreza que amenazan con desterrar cualquier eventual progreso económico, que todos esos restaurantes de lujo, centros comerciales fabulosos y barrios enrejados están todavía rodeados de calles de miedo, de zonas pobres, de limitaciones que es necesario alcanzar y transformar.
En el Cuzco se nota mejor que en ningún otro lado el efecto distribuidor del turismo. Hay una revolución comercial de la que se benefician desde el taxista y el guía de turismo hasta el panadero de la esquina, el mesero y el vendedor de chucherías. Pero incluso a pocas horas del Cuzco hay comunidades donde la gente vive con 3 soles al día. No seamos ciegos. Eso no puede seguir así.
Esa pobreza que a veces no vemos, porque cierta belleza superficial nos venda los ojos, es la principal amenaza para el Perú posible.

After listening to the speech by Professor Miguel Perez on The Bronx Journal TV, I looked for this information about the origin of the name of the Hudson River.
«The Hudson was known by vary names, and the Indians had various ones. To the Iroquois it was the Cohohatatia, or «place to catch shad». To the Lenapes and Mahicans it was the Muhheakunnuk or Mahicannittuck, or «great waters constantly in motion» (referring to the tides), which came to have the secondary meaning «place where the Mahicans dwell». In 1524 Verrazano called it simple the Grande Riviere or Angoleme. In 1525 Gomez dubbed it the Rio San Antonio, and it was later called the Rio de Gomez, or Guamas. In 1609 Henry Hudson called it the Manhattes, from the tribe at its mouth…»
From The Hudson River Guidebook by Arthur G. Adams
This is important topic when writing about Hispanic heritage, the first European to name the river was Verrazano.The river had an Spanish name (San Antonio) almost 100 years before Henry Hudson studied it. Prof. Perez had a debate on CNN with then Presidential Candidate Tancredo from Colorado, who promotes the English Only policies. After going nowhere in the discussion, Prof. Perez asked Tancredo: «OK, I don’t know how I am going to address you from now on..’ Mr.Tancredo from the RED State’ ? Because COLORADO sounds Spanish to me…