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The New York Street

Un blog lleno de historias

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Shakespeare

Mr. Shakespeare


Recuerdo mi primera clase de Shakespeare con el profesor Dunbar hace poco más de un año: “No les voy a pedir que recuerden ninguna fecha más que estas dos. La del nacimiento y la muerte de Shakespeare: 1564-1616.

Luego, durante el semestre, nos preguntaba regularmente. ¿Cuándo nació William Shakespeare? ¿Cuándo murió William Shakespeare? No se sabe a ciencia cierta el día de su nacimiento, sólo queda el acta de su bautizo el 26 de abril de 1564. Pero sí se ha registrado el día de su muerte. Un día como hoy: 23 de abril de 1616.

Recuerdo mi primera lectura de Hamlet. Y la emoción al leer, por primera vez, en inglés, el famoso párrafo donde el príncipe se pregunta: To be or Not to Be? That is the question…

Lo que no sabía y que recién me enteré ese dia, es que de todo el párrafo, lo menos importante son esas palabras. Es mucho más trascendental lo que sigue a esa pregunta:

¿Ser o no ser? Esa es la pregunta ¿Qué es más noble para el espíritu? ¿Sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas?

Dunbar, un experto en Byron, declamaba frente a la clase el discurso sufriente de Shylock, enfrentando a la corte que lo presumía lleno de prejuicios y de rabia, reclamando su derecho a quitarle la vida a Antonio. Y sus quejidos eran tan reales como los de las páginas de Shakespeare. Todavía recuerdo mejor el discurso de Dunbar que el de Al Pacino con la boca desagradablemente reseca, reclamando el corazón de Jeremy Irons en la versión cinematográfica de El Mercader de Venecia.

No creo que haya mejor versión de El Rey Lear que Ran de Kurosawa. Vi primero la película. En ambas me sorprende Shakespeare, en ambas está lo peor del hombre, toda la energía desatada por la codicia, por el resentimiento y la soberbia del padre que no acepta las críticas de la hija, aquella que resulta ser la única que lo quiere.

Descubrí a Shakespeare también en Bergman. Fanny y Alexander, una de sus mejores películas, es un largo homenaje a Hamlet. Su fantasma se ve tan bien en los ojos de Alexander como se ve en la representación de Lawrence Olivier.

¿Y el largo soliloquio de Olivier en Ricardo III? Acababa de leer Bomarzo y tenía todavía en la cabeza el recuerdo del giboso duque. ¡Qué magnífico retrato de Ricardo III! Siempre recuerdo como esos ojos malditos se mezclaban con la voz de Dunbar, solicitando la muerte de todos los que podrían traicionarlo. La llegada del invierno siempre me trae la voz de Olivier diciendo: This is the winter of our discontent.

¿Y el discurso antes de la batalla en Henry V? “We happy few, we band of brothers” No toda Inglaterra está ahora con nosotros, pero sintámonos privilegiados hermanos, porque éste es el momento más glorioso de nuestras vidas.

En Shakespeare se hace permanente referencia a las comidas. Las cenas cumplen un papel importantísimo en sus obras. Igual que la música. Ningún personaje al que le guste la música en una obra de Shakespeare puede ser un villano. Desde Comedy of Errors hasta la preciosa representación que vi en Central Park con Carolina de As You Like It.

Hablando de villanos, no hay sujeto más asqueroso en la literatura que Iago. Aún puedo evocar la mala sensación en el vientre cuando leía sus líneas en Othello. Shakespeare crea a uno de sus mejores personajes en esa criatura vil, que es una mezcla de lo peor de las peores características de los seres humanos. Con descarada sencillez, Iago pone a trabajar su mente retorcida y encamina los celos de Othello hasta transformarlo en un monstruo.

Creo que el único que ha utilizado la maestría de Shakespeare para crear un villano tan redondo es Joseph Conrad. En pocas líneas, Conrad transforma al total desconocido Gentleman Brown en enemigo de Lord Jim y en el más repugnante de los villanos de la historia de la novela inglesa.

Harold Bloom and The Western Canon


In the first chapter of The Western Canon, “An Elegy for the Canon,” Harold Bloom quotes W.H Auden, who said that “reviewing bad books is bad for the character.” Bloom uses the experience of W.H. Auden as a literary critic to justify the existence of “The” Western Canon.

Bloom writes that with the thousands of books being published every year, we need a guide of “suggested reading,” filled with the most prestigious minds of the ages, to avoid losing time reading material that won’t nourish our soul or our mind. This is how he begins his defense of “The” Western Canon.

He suggests not only certain authors and books but also certain editions and certain translations. Because of his long career studying, analyzing, reading books, we could say in his favor that he has the expertise and the knowledge to appropriate himself the colossal task reserved for the most respectable individuals in the history of the English language.

However, anybody in any other country of the Western Hemisphere who studies literature with his same passion (or maybe that simply enjoys the pleasure of reading) could ask: who gave him the right to decide who is and who is not in The Canon? Why accept “The” Western Canon of Bloom instead of “My” Canon? What if it was simply a modest List of Suggested Reading by Harold Bloom?

Bloom says that the task is necessary because of the permanent attacks to the departments of literature by a “new” school that pretends to judge literature with other tools than the tools of quality.

He defends his trench furiously because he said that literature is losing some of the most brilliants minds because of this permissiveness, this weakness of professionals who can not differentiate what is the best of the best and what is the worst of the worst.

To go to an extreme, how can anybody even dare to say that a drama written in North America in the 90’s has the same quality than any of the best tragedies of Shakespeare? Why has nobody –before Bloom– had the courage to put Shakespeare at the center of the Western Canon the way Whitman is at the center of the American Canon? Bloom, in a certain way, writes The Canon, as an obligation towards an art that he loves.

Certainly, there is a problem in a field of study where, as Taylor writes in the chapter 3 of the Mc Comiskey’s book –English Studies-, “now some departments are debating whether a course in Shakespeare should be required of all English Majors…many of whom are slipping through innocent of either Dryden or Milton” (216). To Bloom, this equates to an heresy–like telling somebody who studies Mathematics that it is not necessary to study addition, or, in the same field of Humanities, to deny Leonardo or Michelangelo their category of Masters.

As Taylor says, the Canon changes and some authors that were considered major authors at the beginning of the 20th Century aren’t read at all during the 21st Century nor considered in Literature Anthologies. Some of the major changes in the “new” Canons are the inclusion of women’s works.

The problem for Bloom, and certainly the problem for the most radical of the critics who defend the existence of “The” Western Canon, is that after the attack of cultural studies and “all the enemies” of literature as Bloom calls them, there seems to be no standard of quality at all. Now any book, independent of its quality, could be admitted into The Canon. Maybe because there is not an standard of quality anymore.

And, as the chairs of literature departments all over the country should know, the highest standards, the highest quality, is what allows them to get the most brilliant minds to register in their programs.

Shouldn’t the main goal of this profession be to reach the highest standards in the teaching of English studies, and to give every teacher of English the tools and the judgment to say what is good literature and what is bad literature? Is it possible to defend a literary text because of its quality (and to know what quality is?), and not because it has a “label” of “feminist lit”, “gay lit”, or “post colonialist lit”, etc?

Is it possible to love literature and at the same time to deny Shakespeare (or Dante, Whitman, Dickinson, Moore, Pound or Borges) their position in the Western Canon?

El hueco en el muro

Hay un hueco en el muro, carajo dejen de ver ese video, ya lo vi como quinientas veces ,estoy harto de ver videos sobre Japón, ahora que si te pones a pensar qué cosa es eso de ver primero fotos de Valparaíso y luego escuchar videos japoneses.

 

La clase: siento haber estado como ido, el café parece que ya no me hace nada, en eso estaba pensando esta mañana. La verdad que no planifiqué levantarme a las siete y media pero una vez que lo hice me pareció lógico bañarme y venirme a Lehman. No caminé porque tenía flojera y quería usar la Metrocard que compré en la madrugada: sí funciona.

 

Muchos buses amarillos en el camino, ¡qué temprano se levantan los niños para ir al colegio! Recuerdo cuando yo iba al colegio y eran las 8:05 y ni siquiera habíamos bajado a tomar desayuno. Pero tiene su gracia viajar en el bus, no caminar sino vivir como viven los demás, ir en el mismo bus que los demás, observar como se comporta la gente.

 

Además hay un hueco en la pared, pero no me interesa tanto tocar ese tema ahora, más bien ver lo que dice Carling. Siempre quiso decir eso: no falto a una clase desde antes que ustedes hubieran nacido. 25 años. Me imagino que su frase abarca a casi todos en la clase, excepto a mí, tal vez al gordo que se para quedando dormido. Lo veo, a diferencia de otras clases esta vez no ronca. El triángulo en la pizarra es el principio: Yates, Joyce, Woolf. Me alegro de haber comenzado a leer el Ulises, debería leer otra vez el ensayo de Loayza sobre Ulises antes de ir a verlo.

 

¿Cómo estará Camilo? Es una joda que no tenga teléfono. Carling dice que viene de un funeral. Me acerco al final de la clase a preguntarle pero es imposible siempre hay gente que se demora más de la cuenta hablando con él y no me da ganas de esperar. Como ese pato que estaba en la mañana esperando a la entrada del Computer Center, parecía que quería que le abran la puerta, usar el Internet. La gente estaba semi dormida y el pato tal vez estaba viviendo una pesadilla, quién sabe.

 

Tengo que leer el hoyo en la pared pero me imagino que será algo parecido a esto. Al menos ya escribí el poema que quería basado en el poema que leímos en clase de Yeats. No hay mejor poeta en el siglo XX. Así de categórico. Así que tengo que leer Yeats, es increíble que tenga su libro en mi casa y apenas si he hojeado un poco, igual que el Ulises, me puse la tarea de leer aunque sea unas líneas todos los días y mira donde me he quedado.

 

Ahora mismo debería estar escribiendo el ensayo que tengo pendiente sobre Walden, pero me imagino que es lo que Camilo dice: soy un diletante. No tengo que pensar en esa chica, sus besos son como apagados. Pero no voy a decir su nombre, aún tengo cierto deseo de privacidad, lo que supongo que está bien. Algo anda mal en mi cabeza ciertamente, algo falla. Así me he sentido las útlimas dos semanas, tal vez tres. ¿La mejor película? He visto muchas, pero la mejor: Hamlet , la de Laurence Olivier. En blanco y negro. Al menos creo que me está mejorando el sentido del humor. Qué lindos ojos los de ella. Qué lindos, dime si no es una muñeca. ¿Y la chica de la clase? Qué mirada, tenía como dos puntitos de luz en cada ojo. Hamlet, otra vez. Tengo que hablar de Hamlet. Brillante. El fantasma, la luz, la actuación de Olivier, la puesta en escena. Me quedo con el personaje de Richard III, sólo con él, pero como película Hamlet me parece mejor acabada. Ahora no tengo nada que decir. A veces me pasa, tenía tantas cosas de las cuales hablar y todo por culpa del hueco en la pared. Me imagino que acá tengo que detenerme.

Postdata: El reservorio de agua está vació desde hace casi un año. No es justo. Otras cosas que no son justas: todas las cosas que tengo pendientes por hacer. Dos cafés y todavía tengo sueño. Otra vez, nada. Hueco en la pared. Leer más Yeats, ensayo de Carlin, Walden, Poe, Pound. Vacío en el estómago. ¿Vendrá ella? ¿Qué hago? Hueco en la pared, más bien hueco en mi cabeza. Hueco en el estómago. Muchas lecciones que prefiero olvidar.

Hamlet segun Auden y la muerte de un vendedor

En el libro acerca de sus conferencias en Nueva York sobre Shakespeare, Auden hace precisiones sobre el valor de Shakespeare en Hamlet como medio de experimentación con el verso y con la prosa. Según Auden: Shakespeare, aburrido porque las comedias ya las escribe demasiado bien y fácil, intenta experimentar con el personaje trágico. No es una obra bien lograda ni un personaje que le satisfaga completamente cuando es representado. Y tal vez, explica el poeta, a eso se deba que se haya tomado tanto tiempo para escribirla.
Lo que sí queda claro es que el período comprendido entre 1601 y 1608 es el que cambia para siempre la historia de la literatura, pues fue en ese breve lapso que Shakespeare escribe Macbeth, Othello, Hamlet y King Lear.
Es interesante que esta mañana en tro otexto haya llegado al mismo punto del aburrimiento como tema. Se trata del ensayo de Montalbetti sobre las pinturas de Jorge Cabieses en que enumera las características del hombre post-histórico, es decir del nacido luego del final de la historia. La más importante es el aburrimiento, y de ese aburrimiento ante todo nace un vacío que es representado mejor que nada por la sonrisa tonta que el hombre pone sea frente a Cristo o ante la publicidad de Mc Donalds o ante el prospecto de una vida mejor. La sonrisa tonta es el elemento que usa Montalbetti para cerrar su ensayo. Camilo decía que este ensayo le había fascinado. Montalbetti escribe usando mucha información y contexto y estableciendo ideas claras que se concatenan párrafo a párrafo. Es una escritura creativa, bien escrita y bien sustentada.

La clase de hoy fue sobre La muerte del vendedor y una discusión más o menos extensa y no muy entretenida sobre los valores relacionados en EEUU con el éxito. El éxito y el dinero. Si van juntos o no. La crisis de la familia, si la esposa tiene que ser solo esposa o no. Y el personaje principal Willy Loman, que es un perdedor porque decide serlo, porque no cambia con los tiempos y porque tiene demasiado orgullo metido como para aceptar sugerencias y ofertas de trabajo de personas a las que considera inferiores a él.

Apenas Hamlet

Esta mañana he terminado de leer Hamlet, Príncipe de Dinamarca. Es una de las tragedias más alabadas de Shakespeare sin embargo al terminarla queda uno con la sensación si se trata de una tragedia o sino es más bien una burla de lo que es una tragedia. Todas las muertes una tras otra: Polonius, Ophelia y al final en una seguidilla Gertrude, King Claudius, Laertes y Hamlet. Todos ellos empujados por la maldición del fantasma todos ellos muertos por casualidades, por equivocaciones, por torpezas.
No sé si es el espíritu con el que he leído Hamlet, pero no ha resonado en mí con la misma fuerza que Shylock cuando clamaba por sus 3000 ducados. Hay líneas brillantes, ciertamente el diálogo implica que relea una y otra vez todo Hamlet para entender toda la resonancia y todo el alcance de sus palabras. Pero como obra trágica, está resuelta-me parece- de un modo o burlesco. Esto es tragedia, que todos mueran, pues vamos a matarlos a todos. el personaje que brilla en toda la obra el único cuyo intelecto es incluso capaz de haber creado todo este drama para exaltarse a sí mismo es Hamlet. Hamlet, obra de Hamlet, y no olvidemos también que puede ser el fantasma del hijo del dramaturgo, al que el nombra en su honor, y la imaginación de Shakespeare que viaja a encontrarse con su hijo, poniéndole toda la sabiduría intelectual adquirida en un marco trágico donde Hamlet brille. Por otro lado no veo ninguna escena absolutamente memorable a no ser por los diálogos. Ninguna que tuerza la historia radicalmente como lo hace Portia en El mercader de Venecia o Ricardo III cuando decide la suerte de sus sobrinos.
Ayer estuve leyendo Miller, la “Muerte de un vendedor ” que le da vueltas a los temas del Gran Gatsby, el sueño americano, la felicidad a través del dinero, la unión familiar. Me hizo recordar demasiado a la desintegrada familia de The Corrections, tal vez por el padre en problemas, y la madre que trata de juntarlos a todos para que se despidan de su padre en gran forma. Pero Frazen me parece superior. El papel de las mujeres en la literatura de Estados Unidos otra vez no queda muy bien parado. Creo que solo Henry James ha conseguido personajes femeninos en la literatura de Estados Unidos que se eleven por encima de la mediocridad.
Ayer las conversaciones con Adelle fueron muy instructivas acerca de esto y las convenciones y el complejo edípico presente en Hamlet. No está, no lo veo explícito. Por otro lado Edipo nunca amó a su madre conscientemente, pues nunca supo que ella lo era sino cuando le fue revelado y entonces empieza la tragedia, tras la revelación del cruce de destinos de Edipo y su mujer-madre. En Hamlet no sucede nada parecido.
Adelle es genial. Aún no puedo olvidarme de la sonrisa de Gretty y sin embargo estoy pensando en Adelle. ¿Y Rachel? Ambas estaban preciosas. Lindísimas. ¿Y Stephanie? Una cerveza en el Galaxy y otras dos en Cider. Vuelven mis deseos vegetarianos, hemos quedado una vez a la semana. Por otro lado qué fascinante el viaje desde Brasil cruzando el Amazonas hasta Caracas. Qué inteligente, amante de los viajes. ¡Judía! Ambas bueno.
Y la mujercita iba por la vereda camino al Oyster Bar. Con su chalequito cerrado, los ojos brillantes y mirando a sus pies. Y va a estudiar periodismo dice, aunque su especialidad sea antropología. Stephanie es psicóloga pero estudia trabajo social.

Las máscaras y los nortes del último copista -Vigilia de los Sentidos de J. Wiesse

Durante las ultimas dos semanas he estado bosquejando esta reseña sobre el libro de poemas de Jorge Wiesse . El jueves envíe el artículo a Hueso Húmero y Abelardo Oquendo aprobó su inclusión en la revista de diciembre.
Me ha costado mucho trabajo y he recibido orientación de Camilo y ayuda del propio Wiesse cuyo artículo publicado en Hueso Humero 38 más o menos delineaba los objetivos de su poemario.
Acá transcribo la reseña:

Las máscaras y los nortes del último copista
UIises Gonzales

Vigilia de los sentidos es el primer poemario de Jorge
Wiesse. Consta de dos partes. En la primera, titulada
“Personæ”, Wiesse ha juntado 26 poemas, en su mayoría
sonetos. La segunda, titulada “Nortes”, comprende
siete composiciones de distinto metro, agrupadas por
temas, que aluden a distintas zonas geográficas
(“Apuntes toscanos”, “Diario romano” o “Lima”). La
primera parte es producto de la intensa relectura de
la Comedia y al mismo tiempo es un homenaje a Dante,
la segunda es un tributo al territorio de la infancia,
los amigos y la familia. Según el autor, tanto la
Comedia como un viaje de retorno al norte peruano de
su niñez fueron las causas de estos poemas. Al final
del libro se incluye una sección de “Deudas
advertidas”, casi siete páginas en la que Wiesse
detalla las diversas fuentes de inspiración de sus
versos. Vigilia de los sentidos es el primer libro de
una trilogía de cien poemas –como son cien los cantos
de la Comedia– cuyo título alude a una frase
pronunciada por Odiseo al descender al Purgatorio en
una escena figurada por Dante.

Vigilia de los sentidos es una respuesta a Dante en la
línea de la teoría de la crítica responsable de George
Steiner. Según Steiner, la mejor respuesta posible a
una obra artística es otra obra artística. De la
Comedia, Wiesse ha tomado: una línea declamada por
Ulises en el Canto XXVI del Infierno: “questa tanto
picciola vigilia d’i nostri sensi”, un epígrafe al
principio de “Nortes”, algunas escenas (como la de
Odiseo) y un personaje (Pia dei Tolomei). Pero lo más
importante ha sido la apropiación del estilo de Dante.
Borges decía que una de las principales marcas del
estilo dantesco era la capacidad para retratar
personajes con la mínima cantidad de palabras posible.
Al interrogar a Dante, Wiesse solo pretendía conocerlo
mejor, pero al apropiarse del estilo ya todo era
posible. Es como aquella aventura imaginada por Neil
Gaiman en The Sandman, en la que un escritor compra
como esclava a Calíope. Al tener a la musa de la épica
consigo, el escritor empieza a pensar con la magnitud
de Homero.

Varias máscaras con las que se ha confrontado Wiesse a
lo largo de su vida –al menos las que más lo han
conmovido– están detalladas en la primera parte de su
libro: “Personæ”. Wiesse convoca en el título y en la
ambición a Pound. Al igual que el viejo Ezra, escoge
sus personajes dentro del universo de los clásicos y
los hace hablar. Así imagina las palabras de la
hermana de Antígona, que en los exteriores del palacio
real de Tebas proclama las penas de su trágica
cobardía en “Lamento de Ismene”:

Paz, paz y aquellas sospechas violentas
Con que el tirano en confundir insiste
Mi cobarde lucidez y mi pena
Estéril? ¡Ah cabecita! Tú sigues

Serena en la eternidad del gran gesto
Mientras yo quedo amasando en los hornos
El pan oscuro de la vida. Muertos

Ya mi afán y mi linaje le robo
Al silencio estas voces y regreso
A mi papel: a lo blanco, a lo anónimo.

Wiesse resucita la voz de Ismene como si se tratase de
uno de los personajes de Lee Masters en el cementerio
de Spoon River, aludiendo a imágenes de Sófocles, pero
robándole líneas a Vallejo (“yo que me quedo amasando
en los hornos, el pan oscuro de la vida”). En otro de
estos sonetos (“A Grete”) Wiesse imagina el discurso
de la cucaracha que se arrastra mientras deja en el
suelo la grosera marca de su baba e intenta recrear la
voz sibilante del metamorfoseado Gregorio Samsa
invocando a su hermana:

Supuro sanies, sanguaza y saliva
Saburrosa– y un siseo sinuoso
que sale de mi sámago y es zonzo
Socolor, sucia sanguaraña cíclica.

Solo esta soflama, ya sibilina,
Te silbo: Será mi serga el solo
Serpeo con que el sanedrín silvoso
Me sancionó, y tu seca sevicia.

Wiesse utiliza los clásicos para generar cruces
intertextuales, a los que enriquece con sus
experiencias con la música, el teatro, la ópera, el
cine, el ballet, la fotografía y la pintura. En este
proceso de contaminación, el texto original se
enriquece con lecturas posteriores, a la manera de los
copistas medievales que iban agregando notas al margen
a sus nuevas copias. Ha escrito Wiesse que su mayor
goce como artista, “su epifanía lírica”, la encuentra
en el momento en que los textos se contaminan (“Dante
y yo. Del fuego a las cenizas”, Hueso Húmero 38).
Agreguemos que los epígrafes funcionan en este libro
como claves del proceso de contaminatio. Son una
invitación al lector, quien conociendo los textos
utilizados para el cruce intertextual puede disfrutar
del proceso creativo. Como en el poema “Balcón de
Julieta”, en el cual Pedro Salinas, Sergei Prokofiev y
los bailarines Alessandra Ferri y Wayne Eagling leen
el texto de Shakespeare y lo interpretan. En este
poema es Wiesse, imaginándose como el último copista,
quien fusiona las sensibilidades únicas del teatro, la
música y la danza y las moldea para que encajen en la
perfecta arquitectura de su soneto:

Vamos en luz buscando nuestra ruta
Por la región del aire. Confundidos,
Se sumen los neblíes; y la luna,
Perpleja, retira sus rayos fríos.
Atrás quedan la noche, las historias,
Los nombres. Sólo tú y yo, horizontes
Finales de nosotros mismos, formas
De unos sones que lucen bien sus goces.
Somos el blanco y la flecha y el arco
Y el ojo; somos la piel y los pulsos;
Somos los cuerpos que el viento calzaron
A sí; somos este aquí y su futuro…

Vendrá el silencio a reclamar su cuota:
Y se hará la música que nos nombra.

Si bien en “Nortes”, la segunda parte del libro, las
referencias a otras obras artísticas no son tan
abundantes como en “Personæ”, el esplendor y la
riqueza de la literatura se manifiestan en la idea
magnífica que los agrupa: en “Nortes” Wiesse se ha
transfigurado en el marinero griego que vuelve a casa
tras muchos años, cubierto de nostalgia, para
narrarnos sus viajes. Pero este viajero, diestro en el
uso de la lengua, carga consigo el don del estilo
dantesco. Para este juego de personajes
desenvolviéndose en tiempos y geografías distintos
resulta más que apropiado el epígrafe de Borges al
principio de “Nortes”: “…Esa Ítaca de verde
eternidad…”

En “Nortes” hay referencias peruanas e italianas. Las
italianas están agrupadas en “Roma” y en “Apuntes
toscanos”, donde se perciben las escenas más
románticas (caminatas por Roma, sensaciones eróticas
al lado de las fuentes romanas o bajo la sombra de las
colosales estatuas y monumentos). Las referencias
peruanas tienen que ver con el norte del país, a
excepción de “Lima”. El norte peruano es
reinterpretado y contaminado a través de los poetas
que Wiesse admira. Como “Puquio de Sausalito”, que se
declama con el tono elegíaco de Whitman (“Me llaman
por él, por él te invoco”) aunque en una de sus líneas
aparezca Machado (“crepúsculos sucios”) coloreado con
los nombres autóctonos de plantas y de parajes
baldíos. Con préstamos y datos autobiográficos Wiesse
escribe estas bellísmas líneas:

Mis nortes son siempre regresos
A la tierra nunca bien habitada
En que los desiertos sueñan
Con prados verdes
Donde el rumor del agua
Resuena en el gorjeo del pájaro

Y donde los sauces, los guarangos y los algarrobos
Filtran la luz de lo definitivo.

Toro de puquios y de huacas,
Dragón de papel y melancolía,
Ángel de raídas Huamanzañas,
Te he abrazado en ese confuso paraíso:
Se han apagado los crepúsculos sucios
Y me he llenado de auroras

En El canon cccidental Harold Bloom declara que uno de los motivos para elaborar un canon es la necesidad de concentrarse en la relectura de ciertas obras literarias ante la imposibilidad de leerlas todas. El apéndice “Deudas advertidas”, donde se encuentran creadores tan distintos como Mozart, Yourcenar, Fellini, Dinesen, Vallejo o Watanabe, es también un canon propio y a la vez una invitación del autor a compartir su universo lúdico, germen de este libro de versos que por su ambición y complejidad sitúa a Wiesse en la sagrada y breve línea de los poetas trascendentes.

Carátula del poemario Vigilia de los sentidos, Lima 2005


Vigilia de los sentidos. Editorial Laberintos, Lima,
2005. 107 pp.

El retrato del joven W.H.


Es el titulo del cuento de Wilde, donde expone elocuentemente su teoria sobre el joven al que Shakespeare le dedica los versos de sus sonetos.
Se trata de un actor, de andrógina belleza, de nombre Will Hughes. Si se lee Shakespeare pensando en esta teoría y todas las referencias de Shakespeare a que lo ha de perpetuar en sus obras, (hay un soneto donde se especifica claramente Romeo y Julieta) la propuesta resulta muy clara.

En el New Yorker un critico habla sobre la representacion de Troillus y Cressida en Londres. Al parecer el esfuerzo por representar la obra con la pronunciación original es un desastre pues a los actores no se les entiende nada.

Y la descabellada idea de que los héroes griegos sean representados por mujeres solo da pie a escenas de desapasionado amor sáfico.

Creo que no he mencionado nada en el blog sobre la obra Two Gentlemen of Verona que vi con Carolina en Central Park el jueves pasado, parte del programa Shakespeare on The Park. Es un musical elaborado en la década del 70. La puesta en escena es magnífica, la actriz mas conocida es Dawson, la misma que hace de la pareja de Edward Norton en 25th Hour

To the Young Man from William Shakespeare, 31 de agosto

Se han tejido varias teorías acerca de la dedicatoria de los Sonetos de Shakespeare. Juegos de palabras, mensajes codificados, errores tipográficos, etc.

Mr. Dunbar, quien considera una falta de respeto no llamarlo con esas palabras, se ha endulzado la vida, como todos, me imagino, viendo a decenas de críticos y especialistas hacer sugerencias, muy risibiles algunas y otras brillantes por la perspectiva especulativa. Pero insta a sus alumnos a no dejarnos arrastar por esa basura, mas bien a centrarnos en el análisis del texto. Vamos a ver los Sonetos de Shakespeare, este oscuro personaje britanico cuya vida–al menos los hechos comprobados sin lugar a dudas– se puede resumir en menos de una pagina A4 (sobrando espacio). No se sabe nada de su educacion, se presupone que habría asistido a una escuela de gramática básica, como corresponde a su posición social como de hijo del alcalde del pueblo. No se sabe cuando llegó a vivir a Londres, ni si viajó por Europa, aunque se presupone por las alusiones en sus obras que habría vivido un tiempo en Italia. Sin embargo ni siquiera aquello es seguro, pues escoger Italia para los dramas, era algo de moda. Se especula que era cojo, por una mención que se hace a la cojera de un personaje que Shakespeare habría interpretado. Tampoco se puede afirmar tajantemente aquello.

Dunbar camina de lado a lado de la clase, masculla palabras, de vez en cuando carga su entonación con drama, con furia, con rabia, golpea el diminuto podio. Y nos menciona los sonetos:
Los tres personajes principales en this Sonnets are The young Man, The Dark Lady, a person probably of dark complection and black hair, The Rival Poet and The Speaker. The Young Man, is urged to procreate in the first sonnet. To give birth to a creature, heredero de su belleza. Who’s the Young Man? Is he Shakespeare himself? Nobody knows. Does he invented the whole piece as a small drama, the characters are fictituous? Nobody knows with certainty...

Dunbars keeps walking. The voice, the eyelids half opened, half closed: a small poem of Milton serves him to describe a characteristic of the poetry during that time, the way the lines are designed as Quatrains (3) followed by a couplet.

And he talks again about the iambic pentameter (I’m glad that I ve taken Carling’s class!) and the licenses, poetic licenses that Shakespeare used then, as the permission to finish with an I and Y indistinctively.

The Sonnets have 14 lines. All of them but one (review this). And Dunbar talks about the masculine endings of the lines and the feminine endings of the lines. Accordingly to the fashion, most of the time ,the termination of the lines were masculines, but the Sonnets-all of them-, have feminine (weak) endings..why? Does he feel as a woman in this case ?

Han llegado tarde tres alumnas y Dunbar casi entra en trance. Tengan cuidado con las pronunciaciones pues algunas lo hacen vomitar, hay que tener cuidado hay que cuidarse de Dunbar y hay que leer los Sonetos, del 1 al 126 dedicated to The Young Man, from 127-152 dedicated to the Dark Lady.

Some people suggests that Shakespeare helped with the translation of the Bible to the English, the famous translation of King James, but nothing is sure about this…
About the italian rhyme: (abba-abba) OCTAVE///(cde-cde) SESTET

Vivir con dignidad, 26 de enero

¿Y si muriera? ¿Podré pasearme por el cielo y volver a acariciar tus cabellos? Si renunciara a la vida ¿Puedo seguir viviendo dignamente luego? ¿Acaso the dream is not over after death? Fuera lo que fuera, encauzado en el nivel de un poema o como una denuncia del derecho a vivir con dignidad, el drama de Ramón Sampedro ejemplifica el drama de todo el que clama su derecho a la eutanasia. Cuán difícil puede ser para mí decirlo en este momento, pero nadie sabe cuan cerca o cuan lejos puede estar el momento en que se ha de necesitar ejercer este derecho. El cine, hoy, fue obra de Annerys, ella sugiere y encuentro que después de su clase en ALCC , las 6:45 es la mejor hora. En el Sunshine. La veo reír y llorar. Lo que han hecho Amenabar y Bardem es notable, pues han construido a un personaje inolvidable. Con esas frases breves, con ese tono de ironía y humor negro, el personaje cautiva desde el principio. Y su encuentro con el cura, si bien directo, es lo mejor que se ha puesto en el cine masivo contra la iglesia, creo, desde que Buñuel hizo cine. Si bien éste prefería poner una escopeta en sus manos o burlarse indirectamente de su pomposidad e hipocresía, Bardem, mucho menos sutil, concibe esta escena para establecer mejor que nadie antes que él, su postura frente a la de la Iglesia. El debate en la pantalla, con el estado y el arzobispado. ¡En un filme! La escena final me parece, hasta cierto punto, robada de Dead Man Walking, si bien Bardem no es Penn, –y Ramón no es un asesino–. El desenlace es el punto final que se necesitaba. Ver a la abogada mirando el mar desde un cerebro vacío, es lo que nos faltaba para tener todas las claves necesarias para el debate: ¿Vale la pena que viva? Ella ejemplifica el drama de Ramón, eligiendo vivir sin dignidad, respirando pero sin sentir, sin saber, sin reconocer, vivir porque otros decidieron que vivas o solamente porque no tuviste el suficiente valor de quitarte la vida. Annerys estaba llorando y no la culpo. Antes de dormir he seguido con el Western Canon de Bloom y algunas frases deliciosas sobre Shakespeare que redondea como creo que siempre lo quiso hacer: El Canon es Shakespeare. Coincido con la carta de la Roja en que “si hubiera un canon de criticismo para Bloom, él se pondria en el centro”. El canon es Bloom diria él. Por otro lado, debo anotar que la Roja lo conoce en persona, de Yale, y lo representa como un gordo lascivo, libidinoso, que acosa a sus estudiantes hembras.
La Rojita me ha sorprendido pues le gusta también el libro de Gutierrez: Trilogia sucia de la Habana.

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