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The New York Street

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Diario

Muhammad Yunus, el banquero de los pobres


Me llegó el mail de Rachel con la noticia del nuevo premio Príncipe de Asturias. Es un capitalista de Bangladesh que creó en 1976 un Banco de los Pobres, otorgando micro-créditos que todos pueden pagar. (Y desde Iquitos, Diego me hace saber que Yunus fue galardonado el viernes pasado con el Nobel de la Paz)

Empezó dando dinero que él mismo se prestó de los bancos convencionales y dándole ese dinero, por poquísimo interés a la gente más pobre de Bangladesh. 50% a hombres y 50% a mujeres (porque para las mujeres de Bangladesh tener más dinero que sus maridos puede hacerlas merecedora de una paliza)

Y ¿Qué descubrió? Que las mujeres no sólo eran mejores pagadoras, sino que el préstamo a una mujer beneficiaba muchísimo más a las familias por el don que ellas han desarrollado para hacer que el dinero dure más y mejor (Yo ya lo sospechaba …) Así que creó un Banco para las mujeres y los resultados han sido asombrosos.

Su porcentaje de morosidad es 1.5% Casi nada. Ridículo para los estándares de los bancos convencionales. Además, él presta sin contratos, sin pedir avales, simplemente basándose en la confianza con esas mujeres. Ellas ponen una pequeña empresa, compran animales para vender leche, o telares para producir vestidos. Y al poco tiempo piden otro pequeño préstamo para construir una casita y a los pocos años un préstamo con un interés de 5% para mandar a sus hijos a la universidad…

Si consideramos que estamos hablando de pueblos donde apenas el 0.2% de la poblacíón no es analfabeta y la espectativa de vida no llega a los 60 años…es asombroso. Hace 3 años, Yunus empezó el Banco de los Mendigos, que le presta dinero a personas mendicantes. Es un préstamo chiquitito pero que lo pagan tarde y cuando pueden. Con ese préstamo compran golosinas para vender, chocolates, fósforos. Ese banco ha salvado de la muerte a cientos de mendigos.

El artículo de El País que ma ha mandado Rachel es larguísimo. Copio aquí una parte de la entrevista que me pareció genial:

El año pasado me reuní a comer en París con el presidente de Danone, Franck Riboud, y le dije que, en mi opinión, el capitalismo estaba encerrado en una definición demasiado estrecha. Que la empresa no puede consistir sólo en hacer dinero, sino en enriquecer la vida de la gente. Que es posible disfrutar y hallar satisfacción cuando se crea una empresa cuyo principal objetivo no es hacer dinero, sino, por ejemplo, llevar agua potable a los pueblos pobres. Una empresa así sigue siendo capitalismo, pero de un tipo más amplio, más generoso y, al final –creo–, más gratificante.

Habría que completar este artículo diciendo que gracias a su idea, Yunus ES multimillonario, que su Banco es uno de los más grandes de Asia y el edificio sede principal del banco, el más imponente y moderno de Dhaka. Yunus, considerado como una de las luminarias del capitalismo busca errradicar la pobreza mundial y considera que el CRÉDITO, al ser la ÚNICA opción que tiene un pobre para salir de su situación, debería ser considerado un DERECHO UNIVERSAL.

Art Spiegelman en Barnes and Noble

Casi de casualidad me enteré que Art Spiegelman (Maus ) iba a estar en Barnes and noble de Union Square para hablar sobre su libro In the Shadow of No towers. Todo como parte de la conmemoración de los cinco años desde los ataques del 11 de septiembre del 2001. Spiegelman es muy crítico del papel que jugó el gobierno americano luego de los atentados y se queja en cada cuadrito del modo como este atentado fue «secuestrado» -secuestraron el secuestro- por el gobierno de los Estados Unidos. Apenas si los neoyorquinos se estaban recuperando de las heridas y empezando a darse cuenta que habían sido agredidos por el terrorismo, cuando ya, EN SU NOMBRE, se les estaba utilizando para preparar una guerra de características apocalípticas. Las páginas, que no fueron publicadas originalmente por ningún medio masivo en los Estados Unidos (salvo el Forward, un medio orientado a la comunidad judía), fueron reunidas el 2004 para realizar este libro de precioso acabado. Allí Spiegleman describe como fue su experiencia el día de los atentados (el vivía y trabajaba a la espalda de las Torres Gemelas) y cómo se las arregló para superar el trauma de aquél día, gracias a la lectura de antiguas historietas publicadas en las tradicionales páginas a todo color de los antiguos periódicos norteamericanos: Little Nemo, The Katzenjammer Kids, Educando a Papa, La Gata Loca, etc.
Con diapositivas que hicieron didáctica la presentación, Spiegelman describió sus experiencias personales con todo el tema de las Torres Gemelas, detalles de su vida que cambiaron aquél día e incluso compartió su experiencia más reciente, junto a su esposa y co-editora, desde los años de su legendaria revista RAW, Francois, con quien está publicando una revista de comics para niños.
Allí al comienzo de esta entrada, está la foto de mi ejemplar autografiado. Uno de los tantos detallitos que hacen tan especial la vida en Nueva York.

V for Vendetta

En el poema «Dover Beach», el poeta y ensayista británico Matthew Arnold, hace una comparación bellísima entre él, en la playa Dover de la costa inglesa, contemplando las luces de la costa francesa 18 millas hacia el sur; con el último ser humano en la historia que creyó en la existencia divina de los dioses griegos, en Zeus, Hera, Atenea.

Me imaginé una escena paralela: el último hombre que contemple una cruz con respeto, que levante los ojos al Cielo e imagine al Dios en el que creemos los cristianos. ¿En qué creemos hoy? La fe de Arnold no era la misma fe de los sacerdotes medievales a los que él visitó en los Alpes franceses -«hombres muertos en vida», dice de ellos-.

A pesar de todos los adelantos de la vida moderna y del pensamiento crítico, Arnold ve con pena la pérdida de la fe, esa corriente que le daba sentido a la existencia. ¿Cuál es es el sentido de la fe ahora? ¿La intolerancia? Matar en nombre de Dios debería ser castigado como el peor de los pecados, sin embargo, del otro lado del espectro político la perspectiva no es muy alentadora, ¿Qué hay de esos individuos que se aprovechan del miedo de las masas para gobernar, para recortar libertades y estupidizar al pueblo con el pretexto de la seguridad y la amenaza terrorista?

De eso trata V for Vendetta, una de las primeras novelas gráficas de Alan Moore (Watchmen), llevada al cine por los hermanos Wachowski. Hay que tener mucho miedo cuando las opciones totalitarias son las que ganan mayores simpatías: Hamas en Palestina, los fundamentalistas en Irán, en Irak, la derecha radical en Europa, Chávez en Venezuela, Humala en el Perú. La gente está dispuesta a darle su voto y su conciencia a los que les ofrezcan orden. La libertad total es una religión que ya pasó de moda, como la religión de los griegos. Ahora la religión es la de la libertad controlada, la de las masas sumisas y homogéneas, donde todo puede ser sacrificado si se trata del bienestar común.

Otros gobiernos van más allá -porque pueden darse ese lujo: atemorizan a la población utilizando los medios de comunicación masivos, fabrican evidencia y mienten descaradamente acerca de sus motivaciones hasta que el Congreso-asustado también-los autoriza a organizar una guerra preventiva. Tres años después comprobamos que son unos idiotas no unos visionarios y que algunos de ellos se llenaron de dinero ¿Alguien los juzgará?¿La historia? ¿O es que ya no es malo predicar y al mismo tiempo ser un hijo de puta (con perdón de las putas)?

Martes 29 de marzo.

Para empezar a leer La divina comedia primero tengo que leer una serie casi interminable de libros, lo cual aplaza mucho la lectura. El restaurante de comida tailandesa ha estado a pedir de boca. Por la tarde he tratado de terminar mi statement para entregar los papeles para los estudios de postgrado, pero no he podido. Felizmente lo encuentro a O’Hanlon que me hace muchas correcciones al texto. Camilo me hace una definitiva.

Los de Netflix dicen que para el jueves llega la peli de Pontecorvo, La batalla de Algers. En Strand nos cierran la puerta pero igual pido tomar un smoothie en Cosi, cerca de Union Square ¿Qué es de la vida de La Roja? Camilo lee mi carta desde California y me pide que por favor me olvide de Jessica. La carta ha sido preciosa. Cosas de la vida: cuando termina de contarme la Carmeniada─es decir toda la tragedia de la gordita Carmen, con llamada a Constanza incluida y con Lerner de testigo─aparece Paloma, que era casi como me la imaginaba. No es fea, pero tampoco nada extraordinario.

Bueno, Camilo te diría que lee griego antiguo, que no hay que negar que en muchos casos─en el caso de Camilo mucho más─es un tremendo plus. Pero descarada: se encuentra con su enamorado en el Graduate Center. Esa es la gota que ha de rebalsar el vaso. Camilo no quiere seguir leyendo el Perramus (una gran obra literaria surgida de la dictadura argentina) y opta por la graciosa retirada.

Como dije, el restaurante tailandés esta bueno (en la calle 3). Strand nos cierra la puerta en la cara. Camilo me habla de los mitos griegos. Me han impresionado sobre todo los que hablan de Agamenón, buscando a Aquiles y a Odiseo para embarcarlos hacia Troya. Al parecer ninguno quiere ir, pero Odiseo tiene que hacerlo de mala gana cuando Agamenón descubre que su estratagema de sembrar sal para hacerse pasar por loco no le impide ver el amor por su hijo Telémaco (que acaba de nacer). Aquiles es escondido por su padre y un rey lo disfraza para que se confunda con sus hijas. Odiseo trama el truco perfecto y Aquiles se lanza entre las mujeres a recoger la espada. Es el gran descubrimiento.

Mencionamos a Don Lucanor, del Infante Juan Manuel. Seguimos merodeando por la idea preclara del Lunarejo. Siento como si yo hubiese sido el que ha perdido sus escritos. No puedo concebir que le quemaran los poemas eróticos. Y que no se haya editado el Apologetico en castellano. Qué desvergüenza.

La lluvia atiende los lunes. 28 de marzo

La lluvia empieza a caer persistentemente desde la noche y no se ha detenido todo el domingo. Szidonia ha llegado a encontrarnos, degustando un spaghetti a la carbonara delicioso en la esquina de McDougal. Szidonia nos ha esperado en el Starbucks y hemos marchado con los paraguas rotosos hasta el Angelika para ver a Clint Eastwood y a Hillary Swank.

Agradezco que nadie me contara el argumento, pues de este modo el giro de la historia es sorprendente, triste. Szidonia ha salido llorando y Camilo haciendo miles de preguntas. Claro, no ha entendido nada. Recuerdo cuando fui a ver Sexy Beast en el Lowes de Times Square. Casi lo mismo. El lenguaje es complicado y el acento del sur. Pido un té al regresar al Starbucks, nadie ha querido seguir caminando, la lluvia ha persistido en su encanto y nos ha mojado a todos de regreso.

A la vuelta a Brooklyn, en el D, comienza a llover con fuerza. Interminable. Sigo leyendo La Odisea y ya estoy pensando en lo que voy a seguir. Camilo sugiere que las tragedias griegas, que no me meta con La Divina Comedia. El cuento final del Hacedor es genial. Borges se desdobla en dos personas, el yo y Borges, y ninguno sabe quién trabaja para el otro. Al momento de soltar la pluma el cuento lo puede haber escrito cualquiera de los dos Borges.

Coincido en que estamos regresando al tiempo en que leer al ciego de Buenos Aires era un secreto, una clave compartida.

Regresamos al hoyo 19. 27 de marzo

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El tren sale a las 8 y aparece pasadas las 10 en el terminal de White Plains. Oscuro el domingo de Easter.

Arranca el auto y llegamos pasadas las 10:20. No hay nadie. El almuerzo es delicioso, no tanto la idea de regresar a la rutina de los fines de semana. Sean LaTella se ha propuesto campeonar esta temporada, Mr. Mahonec ha vuelto con su ex enamorada, la hija de los Hanrahan ha crecido mucho en tan pocos meses. Dyanna ha engordado un poco y sigue viniendo con el lompa negro al cuete. Marcelino dice que quiere invertir en comprarse un negocio u otra casa. Eduardo sigue gritando en lugar de conversar y diciendo volver pa’tras en lugar de regresar.

No me ha gustado volver a ver Knollwood, tal vez porque el césped ha quedado amarillo, o blanco, muerto, porque no hace suficiente calor para salir sin abrigarse, porque queda lejos, porque los mismos temas de siempre. No hay tema.

Regresa el tren muy tarde pero llego a alcanzar a Mina y a Elisa en el restaurante indio. No alcanza para comer pero Elisa me prepara un plato delicioso de quinua, que repito. Mina me invita a Valencia cuando yo quiera, asegura que las paellas «HAY QUE comerlas en Valencia«, que el agua y la forma de prepararlas no se comparan con nada. Ha prometido mandarme un disco de flamenco y una de la Kroll que a ella le encanta.

Elisa dice que prepara su cena el jueves y que espera que lleguemos con una botella para el pisco sour. Camino hasta el G y tomo el tren a casa. No hace tanto frio. Szidonia me ha preguntado si vamos a ir de todas maneras al Met y luego a pasear por el puente de Brooklyn. Yo comienzo a sospechar que los lunes el Met sigue cerrado y dicen que llueve todo el lunes.

 

Si la Irazo no llama, vayamos al Apocalipsis, 5 de marzo

El banco de Williamsburg es la mejor referencia para quien viva en Brooklyn. Puedo decidir cuan lejos, cuan al norte, cuan al sur estoy. Si almuerzo en Smith St. , a donde caminar para coger el 65 de vuelta a casa (sobre Atlantic), si regreso de Williamsburg, la vereda para tomar el 48 que me deja en Dean. Viniendo de las carreteras principales, para indicarle al taxista donde tiene que comenzar a preocuparse o, si se pasa demasiado, para decirle que se ha perdido.
Siendo Brooklyn una ciudad plana, desde Manhattan el Williamsburg Bank destaca. Saliendo de la boca del metro, me ha servido cantidad de veces. Cerca del banco asoma el BAM, principal centro cultural de Brooklyn. Natalia trabaja a medio tiempo en el BAM, donde los festivales de cine alternativo del Village Voice o los internacionales de danza se llevan a cabo.
La tarde en Fulton mirando la ropa dar vueltas, la lavadora, la secadora, la botella de suavizante, el chorro preciso para que huela pero no apeste. La lavadora grande, la normal, caliente, no tan caliente, casi sin calor para que a las prendas no se les vaya el color. Una bolsita de semillas de girasol, con pasas, con trocitos de pretzels, con nueces, algunas veces. Empiezo un resumen ajustado de mi vida, para Bob Carling, que ha prometido escribir una carta recomendando mi ingreso al Master de Literatura. Vuelvo a mencionar los detalles de los amaneceres en Anqui, los viajes en yegua desde Jaqui, los olivos de Yauca. Martha dice que en Florencia los pedazos de pan te los sirven con aceite de oliva casi verde, en Suba hay que esperar hasta la 1 para poder entrar, por ahora solo sirven cena. Caminamos toda la Avenida C. Patrizzia, ¿Onde os has metido? Y su amiga que se va temprano, Martha, me ha mostrado su foto orgullosa junto a Woody Allen, lo cogieron saliendo del Carlyle con su trompeta, pero si te quedas en la barra no tienes que pagar los 80 que cuesta verlo en vivo. Se le ve al envejecido Woody, como una estatua en el video, un robot que coge la trompeta, aunque lo haga bien. New York , New York. Mejor se la pasa uno en Bellavista, pero que dices, en Chile todos son fomes, y los taxistas, escandalizados si llevan cinco personas, rezagos de la dictadura, pero este pueblucho, no hay nada, vamos, abre la cerveza en el fondo del Barraza, bailamos salsa, la Modelo en la lata, todos muy apretados, pero es que tengo que encontrar ese bar decadente con los wiskis a cinco pesos. Por la A tal vez? El Sub Tonic estaba cerrado, arriba tocaban jazz, sonaba bien, pero en Alphabet City los bares no parecen decir nada especial, entramos en el Apocalypse, y aparte de todos los punks, nos sentamos en el estrado y una bandera de los Estados Unidos dentro de un balde blanco con agua. Empieza la performance: los dos tipos vestidos de blanco empiezan a lavarla. Elisa sobre el hombre del que filma, le dice: Burn It¡ y el tipo voltea, con una sonrisa..Me cago en la leche de Patrizzia!! ya estamos entrando en el metro, el J, Elisa me dice que me puedo quedar en su casa, Irazo llama desde el restaurante vietnamita en Chinatown, acaba de ver los cinco mensajes perdidos, y Martha que se parece a Ainoa, aunque seria, tal vez por aquello de trabajar en tantas ferias anualmente, pero los mismos ojos, aunque no la sonrisa de guarra. No-tiernito el tipo-Wash It, Wash it…because it is Dirty… Y solo a Elisa se le ocurre decirle que la quemen, pero es que en Chile a cada rato queman banderas de Estados Unidos, y nos acabamos la cerveza polaca, escuchando a Piazzola, y se acaba toda la cerveza, el pescado con quinua estuvo delicioso, la quinua es peruana que te quede claro, como el pisco, cachay? el pescado toma vino con nosotros, y si supieras de donde viene, rico rico, jugoso, fresco, hay que sobrevivir, cachay? y la cerveza y las botellas de vino en mexicano, antes de venirme, en el supermercado, y si ha vivido en la frontera como es que el polaco no entiende que le digan que se lo chingan. A la que se chinga es a la oriental que viene todos los viernes puntualmente. Y la roja sin tiempo, apenas para cenar con su padres y para recoger una ropa en Williamsburg, como treinta minutos para que se seque, y desde Williamsburg se puede ver el Williamsburg Bank, escribo sobre mi viaje a Brasil.., los dos viajes y esta es Rossana, que le han dado el premio de honor de la PCUP y que publican su cuento de Los Olvidados en todas las lenguas europeas para la Comunidad. Y bueno que ya era hora, tanto tiempo escribiendo. Leo a Quevedo mientras almuerzo el chifita en Smith, los mendrugos que le pasan a Pablos, las tripas transparentes de la vida de quien odiaba con certeza y apasionadamente a Gongora, miope y cojo, se las arregla para poner su nombre en la picaresca y por todo lo alto de la literatura del 17. Claro que me interesan los griegos, pero quiero leer a los que destruyen las estructuras, cachay?

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