Buscar

The New York Street

Un blog lleno de historias

Categoría

Truffaut

Sonata de Bergman, 8 de abril

Ingrid e Ingmar Bergman

¿La odia, la ama? Bergman lo sabe, los otros no. Tal vez el preludio de Chopin pueda decirnos algo. Tal vez Bach, que sabe tanto, mientras Leonardo toca para Helena. No le importa la hija, le importa el mundo y esta agenda apretada, que espera no esta soledad noruega donde se siente atosigada.

Bergman ha pisado fondo, los recaudadores de impuestos lo han metido preso y ha encontrado refugio en Munich. El llanto de Ingrid, la ira de Eva, el paciente Viktor, que escucha la historia del aborto desde un lado de la escena, incapaz de seguir ayudando a la esposa que ama. Erik es el que brinda alegría, pero Erick se ha ahogado en este caudal precioso, bajo estas hojas amarillas y marchitas. La sonata, sigue la estructura de Bach, fue un pedido expreso de la moribunda Bergman en Cannes. Siete siglos que no ha visto a sus hijos y la rabia contenida de Eva, explota, como Helena que no puede llorar solo mover los labios y gritar ¡Mamma!
Los libreros de al lado del río no tienen nada. Lo mejor ha sido este libro de libros raros de Loayza, el viaje del Ulises, la disputa entre Arnold por la literatura. ¡Todo por la literatura! Y el mejor ensayista latinoamericano, diciendo antes de morir: “Vargas Llosa y Gabo son unos mediocres, solo Borges ha creado algo de valor“.
Como un filme de Bergman ¿verdad? Falta la copa rota o el vaso de cicuta cayendo o los ojos del director del teatro, el padre de Alexander, que se cierran mientras Alexander huye y Fanny se queda perpleja al lado de la cama.
Dos Guiness en Smith St. una hamburguesa, una Brooklyn Lager. El mejor Ulises que se haya escrito. Pido la cuenta. Nada de Moses Finley, nada de Steiner, el libro sobre los ensayos de Homero.

Dicen que Bergman tuvo cinco esposas. Las cinco mejores que las otras que no tuvo este compadre. Un brindis por las mujeres, por el close-up de Ingrid Bergman, por la escena final de Breathless, por la cantata de Jules and Jim.

Dos amigos llamados JULES AND JIM. 9 de enero

jules and jim.jpg

Lo intuyes cuando joven. Luego te olvidas y comienzas a pensar no en lo que crees sino en lo que funciona, en lo que se acomoda a un estándar social. De joven la idea de enamorarte de dos o tres mujeres a la vez parece posible, real. Sobre todo cuando te decepcionas la primera vez, cuando el amor idealizado deja lugar a la practicidad del sexo: Me gusta ella y ella…y ella. Pero tengo que elegir. De eso te dicen que se trata la vida antes del matrimonio. Debes elegir alguien con quien te quieras quedar para siempre. Como en el programa del Tio Johny: Una y solo una de todas las cosas que estan allí.

Catherine ha conocido a muchos hombres y es capaz de amar a varios en distintos grados y de diferentes maneras. A Jim lo ama como hombre,  a Jules como amigo, a Ernest como amante ocasional. Cuando se aburre de Jules y de Jim puede recurrir a Ernest. Más aún cuando se cansa de sus juegos machistas y quiere demostrarles que ella no está esperando a que la amen.

Catherine es todo lo que ellos deben amar. Si no quieren amarla a ella, sin amar a nada más, ella no puede entregarse toda tampoco. Si Jules es capaz de proferir sandeces tales como las de la superioridad del hombre en el matrimonio y ante Dios ¿Acaso no puede ella saltar al Sena si se le antoja? Si Jim no es capaz de abandonar a Gilbert y empacar para Alemania de una buena vez: ¿Tiene ella que esperar con los brazos cruzados a que Jim decida?

Catherine─Moreau, bellísima, con esos labios de Rosa─sabe que lo que siente causará problemas y que en la Francia de 1962, una mujer en el cine no puede amar así, sin desenlace fatal. Catherine necesita ser una alma atormentada. Tiene que enloquecer, tomar el arma.

Esta historia pudieron tramarla los griegos. Al final de la película aparecen las dos caras de Jano: Janus Films. Los dioses no distribuyen filmes sino tragedias. Este es un filme exquisito.

Se quedará para siempre en tu memoria la voz del narrador, y la voz de Morau cantando Le Tourbelleine con la guitarra de Bassik. Catherine es como la abuela del personaje de Amelie.

Sin color ni efectos especiales, con diálogos profundos, es como si Truffaut en esta película se hubiera puesto a contarnos un cuento: Érase una vez en Paris, una mujer enamorada de dos amigos, Jules and Jim…

 

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: