A veces me he encontrado con esos artículos que te dicen cosas como esta «el mejor signo de la madurez es cuando sabes qué es lo que te gusta y lo que no te gusta». La conclusión es que al estar seguro de lo que a uno no le gusta, se deja de perder tiempo y se disfruta mejor la vida.

Pues vamos a eso. ¿Qué me gusta? Sospecho que va a sonar a viejo aburrido, pero la verdad es que lo que más valoro es la paz. Paz, para mí, es lo que me decía mi viejo de mocoso: «No hay nada mejor en la vida que irse a dormir todas las noches con la conciencia tranquila». Es decir: no haberle hecho daño a nadie, no deberle nada a nadie, no tener que esconderte de nadie. Vargas Llosa decía que la tranquilidad en el hogar era lo que le había permitido dedicarse a su obra. Y en su discurso al recibir el Nobel empezó a llorar agradeciéndole a su esposa Patricia. (Tal vez recordando las desilusiones que ella se había tragado para que él fuera por allí haciéndose famoso.)

De vez en cuando, disfruto de aquellas noches que se van más allá de lo calculado, las salidas que terminan en lugares insospechados y las decisiones que terminan en aventuras no planificadas y memorables . Muy de cuando en cuando. En el día a día, la ruptura de las «rutinas» (qué palabra tan fea) sólo puede asegurar una sensación de inestabilidad que no me entusiasma nada.

Quizá, esta idea de felicidad en la costumbre esté construida sobre algunos años en que viví para los viajes, las excursiones y los días sin planificar. Quizá la rutina que disfruto sea una compensación para la inestabilidad del emigrante, de esos años en que mi vida dependía de cuántos autos podía estacionar en un día y de no enfermarme para sobrevivir sin seguro médico.

Y la paz que busco me deja tiempo para otros dos grandes placeres: la escritura, los libros, las películas.

Esta semana tengo tres libros a medio leer. Estoy terminando (muy despacio) La vida instrucciones de uso de Perec, un libro tan ambicioso como El Quijote pero menos divertido. A veces le encuentro el gusto y puedo leer 50 páginas de corrido (como en el avión que me llevó a Austin en noviembre), pero suele pasar que no puedo leer más de un capítulo sin aburrirme. Entendiendo la fascinación de Perec por Julio Verne, este libro a veces me recuerda mi angustia cuando el Capitán Nemo, en Veinte mil leguas de viaje submarino, daba un listado gigante de animales y plantas en muchas páginas seguidas.

Otro libro (muy bueno) es Pity the Reader de Suzanne McConnell, que es un listado de consejos de Kurt Vonnegut. Por último: En diciembre, estando con la familia en Florida, descubrimos en Netflix Cheaper by The Dozen y recordé que en algún rincón tenía el libro autobiográfico de Steve Martin: Born Standing Up. Este libro es una maravilla y además se aleja (un poco) de lo intelectual y literario que pueden ser en algunos momentos los libros de Perec y de McConnell.

También me gusta escuchar podcasts. Combinan perfecto con las manejadas que debo hacer un par de veces por semana hacia el trabajo. Esta semana ha sido muy divertido volver a la última temporada de Arsénico Caviar, reencontrarme con los últimos episodios de What Now con Trevor Noah y, encontrar un podcast nuevo sobre ropa y capitalismo recomendado por Molinos en su blog Cosas que (me) pasan (Que de algún modo ha sido también la inspiración para esta entrada en el mío). El podcast se llama Articles of interest. Les va a gustar.