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The New York Street

Un blog lleno de historias

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Walt Whitman

Sobre la muerte

La pesca de cientos de animales vivos

La necesidad de estrangularlos

La aleta vieja en el plato. No soy Tolstoi, no soy Whitman

Cada vez que pienso en viejo y en comida pienso en ellos

Como si el hambre me generara memoria

Literaria.

En fin, las cosas que pasan hoy

Las añoraba quien plantaba algodón en el monte

En la tarde cuando bajaba el río y sonaba entre las piedras

Con el alma quieta, mirando el agua.

Niño, joven,

Hombre que no sabe a dónde va

Tal vez la paz es demasiada prueba para el poeta:

Se suele pensar mejor

En la turbulencia y el mercado del desorden.

Añoro las voces de la infancia

la tranquilidad con que organizaban otros mi vida

El deseo que se marcaba transparente en la trusa

El globo de oro inquieto, la sangre

Turbia y negra vertiéndose bajo la piel fresca

¿Vejez? Aquí empiezas

Cuando el futuro es una marca de ceniza en el suelo

Una cruz cargada por otros, el peso de tu cuerpo

Temblando por el escaso equilibrio

Porque quienes te entierran

Son tus viejos.

Harold Bloom and The Western Canon


In the first chapter of The Western Canon, “An Elegy for the Canon,” Harold Bloom quotes W.H Auden, who said that “reviewing bad books is bad for the character.” Bloom uses the experience of W.H. Auden as a literary critic to justify the existence of “The” Western Canon.

Bloom writes that with the thousands of books being published every year, we need a guide of “suggested reading,” filled with the most prestigious minds of the ages, to avoid losing time reading material that won’t nourish our soul or our mind. This is how he begins his defense of “The” Western Canon.

He suggests not only certain authors and books but also certain editions and certain translations. Because of his long career studying, analyzing, reading books, we could say in his favor that he has the expertise and the knowledge to appropriate himself the colossal task reserved for the most respectable individuals in the history of the English language.

However, anybody in any other country of the Western Hemisphere who studies literature with his same passion (or maybe that simply enjoys the pleasure of reading) could ask: who gave him the right to decide who is and who is not in The Canon? Why accept “The” Western Canon of Bloom instead of “My” Canon? What if it was simply a modest List of Suggested Reading by Harold Bloom?

Bloom says that the task is necessary because of the permanent attacks to the departments of literature by a “new” school that pretends to judge literature with other tools than the tools of quality.

He defends his trench furiously because he said that literature is losing some of the most brilliants minds because of this permissiveness, this weakness of professionals who can not differentiate what is the best of the best and what is the worst of the worst.

To go to an extreme, how can anybody even dare to say that a drama written in North America in the 90’s has the same quality than any of the best tragedies of Shakespeare? Why has nobody –before Bloom– had the courage to put Shakespeare at the center of the Western Canon the way Whitman is at the center of the American Canon? Bloom, in a certain way, writes The Canon, as an obligation towards an art that he loves.

Certainly, there is a problem in a field of study where, as Taylor writes in the chapter 3 of the Mc Comiskey’s book –English Studies-, “now some departments are debating whether a course in Shakespeare should be required of all English Majors…many of whom are slipping through innocent of either Dryden or Milton” (216). To Bloom, this equates to an heresy–like telling somebody who studies Mathematics that it is not necessary to study addition, or, in the same field of Humanities, to deny Leonardo or Michelangelo their category of Masters.

As Taylor says, the Canon changes and some authors that were considered major authors at the beginning of the 20th Century aren’t read at all during the 21st Century nor considered in Literature Anthologies. Some of the major changes in the “new” Canons are the inclusion of women’s works.

The problem for Bloom, and certainly the problem for the most radical of the critics who defend the existence of “The” Western Canon, is that after the attack of cultural studies and “all the enemies” of literature as Bloom calls them, there seems to be no standard of quality at all. Now any book, independent of its quality, could be admitted into The Canon. Maybe because there is not an standard of quality anymore.

And, as the chairs of literature departments all over the country should know, the highest standards, the highest quality, is what allows them to get the most brilliant minds to register in their programs.

Shouldn’t the main goal of this profession be to reach the highest standards in the teaching of English studies, and to give every teacher of English the tools and the judgment to say what is good literature and what is bad literature? Is it possible to defend a literary text because of its quality (and to know what quality is?), and not because it has a “label” of “feminist lit”, “gay lit”, or “post colonialist lit”, etc?

Is it possible to love literature and at the same time to deny Shakespeare (or Dante, Whitman, Dickinson, Moore, Pound or Borges) their position in the Western Canon?

Las máscaras y los nortes del último copista -Vigilia de los Sentidos de J. Wiesse

Durante las ultimas dos semanas he estado bosquejando esta reseña sobre el libro de poemas de Jorge Wiesse . El jueves envíe el artículo a Hueso Húmero y Abelardo Oquendo aprobó su inclusión en la revista de diciembre.
Me ha costado mucho trabajo y he recibido orientación de Camilo y ayuda del propio Wiesse cuyo artículo publicado en Hueso Humero 38 más o menos delineaba los objetivos de su poemario.
Acá transcribo la reseña:

Las máscaras y los nortes del último copista
UIises Gonzales

Vigilia de los sentidos es el primer poemario de Jorge
Wiesse. Consta de dos partes. En la primera, titulada
“Personæ”, Wiesse ha juntado 26 poemas, en su mayoría
sonetos. La segunda, titulada “Nortes”, comprende
siete composiciones de distinto metro, agrupadas por
temas, que aluden a distintas zonas geográficas
(“Apuntes toscanos”, “Diario romano” o “Lima”). La
primera parte es producto de la intensa relectura de
la Comedia y al mismo tiempo es un homenaje a Dante,
la segunda es un tributo al territorio de la infancia,
los amigos y la familia. Según el autor, tanto la
Comedia como un viaje de retorno al norte peruano de
su niñez fueron las causas de estos poemas. Al final
del libro se incluye una sección de “Deudas
advertidas”, casi siete páginas en la que Wiesse
detalla las diversas fuentes de inspiración de sus
versos. Vigilia de los sentidos es el primer libro de
una trilogía de cien poemas –como son cien los cantos
de la Comedia– cuyo título alude a una frase
pronunciada por Odiseo al descender al Purgatorio en
una escena figurada por Dante.

Vigilia de los sentidos es una respuesta a Dante en la
línea de la teoría de la crítica responsable de George
Steiner. Según Steiner, la mejor respuesta posible a
una obra artística es otra obra artística. De la
Comedia, Wiesse ha tomado: una línea declamada por
Ulises en el Canto XXVI del Infierno: “questa tanto
picciola vigilia d’i nostri sensi”, un epígrafe al
principio de “Nortes”, algunas escenas (como la de
Odiseo) y un personaje (Pia dei Tolomei). Pero lo más
importante ha sido la apropiación del estilo de Dante.
Borges decía que una de las principales marcas del
estilo dantesco era la capacidad para retratar
personajes con la mínima cantidad de palabras posible.
Al interrogar a Dante, Wiesse solo pretendía conocerlo
mejor, pero al apropiarse del estilo ya todo era
posible. Es como aquella aventura imaginada por Neil
Gaiman en The Sandman, en la que un escritor compra
como esclava a Calíope. Al tener a la musa de la épica
consigo, el escritor empieza a pensar con la magnitud
de Homero.

Varias máscaras con las que se ha confrontado Wiesse a
lo largo de su vida –al menos las que más lo han
conmovido– están detalladas en la primera parte de su
libro: “Personæ”. Wiesse convoca en el título y en la
ambición a Pound. Al igual que el viejo Ezra, escoge
sus personajes dentro del universo de los clásicos y
los hace hablar. Así imagina las palabras de la
hermana de Antígona, que en los exteriores del palacio
real de Tebas proclama las penas de su trágica
cobardía en “Lamento de Ismene”:

Paz, paz y aquellas sospechas violentas
Con que el tirano en confundir insiste
Mi cobarde lucidez y mi pena
Estéril? ¡Ah cabecita! Tú sigues

Serena en la eternidad del gran gesto
Mientras yo quedo amasando en los hornos
El pan oscuro de la vida. Muertos

Ya mi afán y mi linaje le robo
Al silencio estas voces y regreso
A mi papel: a lo blanco, a lo anónimo.

Wiesse resucita la voz de Ismene como si se tratase de
uno de los personajes de Lee Masters en el cementerio
de Spoon River, aludiendo a imágenes de Sófocles, pero
robándole líneas a Vallejo (“yo que me quedo amasando
en los hornos, el pan oscuro de la vida”). En otro de
estos sonetos (“A Grete”) Wiesse imagina el discurso
de la cucaracha que se arrastra mientras deja en el
suelo la grosera marca de su baba e intenta recrear la
voz sibilante del metamorfoseado Gregorio Samsa
invocando a su hermana:

Supuro sanies, sanguaza y saliva
Saburrosa– y un siseo sinuoso
que sale de mi sámago y es zonzo
Socolor, sucia sanguaraña cíclica.

Solo esta soflama, ya sibilina,
Te silbo: Será mi serga el solo
Serpeo con que el sanedrín silvoso
Me sancionó, y tu seca sevicia.

Wiesse utiliza los clásicos para generar cruces
intertextuales, a los que enriquece con sus
experiencias con la música, el teatro, la ópera, el
cine, el ballet, la fotografía y la pintura. En este
proceso de contaminación, el texto original se
enriquece con lecturas posteriores, a la manera de los
copistas medievales que iban agregando notas al margen
a sus nuevas copias. Ha escrito Wiesse que su mayor
goce como artista, “su epifanía lírica”, la encuentra
en el momento en que los textos se contaminan (“Dante
y yo. Del fuego a las cenizas”, Hueso Húmero 38).
Agreguemos que los epígrafes funcionan en este libro
como claves del proceso de contaminatio. Son una
invitación al lector, quien conociendo los textos
utilizados para el cruce intertextual puede disfrutar
del proceso creativo. Como en el poema “Balcón de
Julieta”, en el cual Pedro Salinas, Sergei Prokofiev y
los bailarines Alessandra Ferri y Wayne Eagling leen
el texto de Shakespeare y lo interpretan. En este
poema es Wiesse, imaginándose como el último copista,
quien fusiona las sensibilidades únicas del teatro, la
música y la danza y las moldea para que encajen en la
perfecta arquitectura de su soneto:

Vamos en luz buscando nuestra ruta
Por la región del aire. Confundidos,
Se sumen los neblíes; y la luna,
Perpleja, retira sus rayos fríos.
Atrás quedan la noche, las historias,
Los nombres. Sólo tú y yo, horizontes
Finales de nosotros mismos, formas
De unos sones que lucen bien sus goces.
Somos el blanco y la flecha y el arco
Y el ojo; somos la piel y los pulsos;
Somos los cuerpos que el viento calzaron
A sí; somos este aquí y su futuro…

Vendrá el silencio a reclamar su cuota:
Y se hará la música que nos nombra.

Si bien en “Nortes”, la segunda parte del libro, las
referencias a otras obras artísticas no son tan
abundantes como en “Personæ”, el esplendor y la
riqueza de la literatura se manifiestan en la idea
magnífica que los agrupa: en “Nortes” Wiesse se ha
transfigurado en el marinero griego que vuelve a casa
tras muchos años, cubierto de nostalgia, para
narrarnos sus viajes. Pero este viajero, diestro en el
uso de la lengua, carga consigo el don del estilo
dantesco. Para este juego de personajes
desenvolviéndose en tiempos y geografías distintos
resulta más que apropiado el epígrafe de Borges al
principio de “Nortes”: “…Esa Ítaca de verde
eternidad…”

En “Nortes” hay referencias peruanas e italianas. Las
italianas están agrupadas en “Roma” y en “Apuntes
toscanos”, donde se perciben las escenas más
románticas (caminatas por Roma, sensaciones eróticas
al lado de las fuentes romanas o bajo la sombra de las
colosales estatuas y monumentos). Las referencias
peruanas tienen que ver con el norte del país, a
excepción de “Lima”. El norte peruano es
reinterpretado y contaminado a través de los poetas
que Wiesse admira. Como “Puquio de Sausalito”, que se
declama con el tono elegíaco de Whitman (“Me llaman
por él, por él te invoco”) aunque en una de sus líneas
aparezca Machado (“crepúsculos sucios”) coloreado con
los nombres autóctonos de plantas y de parajes
baldíos. Con préstamos y datos autobiográficos Wiesse
escribe estas bellísmas líneas:

Mis nortes son siempre regresos
A la tierra nunca bien habitada
En que los desiertos sueñan
Con prados verdes
Donde el rumor del agua
Resuena en el gorjeo del pájaro

Y donde los sauces, los guarangos y los algarrobos
Filtran la luz de lo definitivo.

Toro de puquios y de huacas,
Dragón de papel y melancolía,
Ángel de raídas Huamanzañas,
Te he abrazado en ese confuso paraíso:
Se han apagado los crepúsculos sucios
Y me he llenado de auroras

En El canon cccidental Harold Bloom declara que uno de los motivos para elaborar un canon es la necesidad de concentrarse en la relectura de ciertas obras literarias ante la imposibilidad de leerlas todas. El apéndice “Deudas advertidas”, donde se encuentran creadores tan distintos como Mozart, Yourcenar, Fellini, Dinesen, Vallejo o Watanabe, es también un canon propio y a la vez una invitación del autor a compartir su universo lúdico, germen de este libro de versos que por su ambición y complejidad sitúa a Wiesse en la sagrada y breve línea de los poetas trascendentes.

Carátula del poemario Vigilia de los sentidos, Lima 2005


Vigilia de los sentidos. Editorial Laberintos, Lima,
2005. 107 pp.

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