Buscar

The New York Street

Un blog lleno de historias

Categoría

Malcolm Lowry

Una novela extraordinaria: Bajo el volcán

The New York Street

He pasado tantas veces frente a ese libro en Strand y jamás asocié su nombre con la de aquella película en la que Nicolas Cage agota su vida consumiendo licor en un motel barato. Otra prueba de que los libros muestran una cara y esconden otra. Otro dato firme de que la literatura te transforma la vida. Esta tarde he leído en voz alta unos pasajes que ciertamente transmiten toda la belleza de una caminata entre las ramas de una trocha de tierra afirmada, por el campo de México. Así que he recordado los caballos alrededor del pueblo y al mismo tiempo al pescador inglés que me hablaba hace unos meses de matrimonio, acerca de un pueblito cerca de Cabo San Lucas, donde se puede vivir sin que la civilización se entrometa.
Es sol y es playa y es cena a la luz del sol, mirando el jardín, descubriendo si…

Ver la entrada original 238 palabras más

Leyendo: Bajo el volcán

Malcolm Lowry, autor de la novela "Bajo el volcán"
Malcolm Lowry, autor de la novela “Bajo el volcán”

He pasado tantas veces frente a ese libro en Strand y jamás asocié su nombre con la de aquella película en la que Nicolas Cage agota su vida consumiendo licor en un motel barato. Otra prueba de que los libros muestran una cara y esconden otra. Otro dato firme de que la literatura te transforma la vida. Esta tarde he leído en voz alta unos pasajes que ciertamente transmiten toda la belleza de una caminata entre las ramas de una trocha de tierra afirmada, por el campo de México. Así que he recordado los caballos alrededor del pueblo y al mismo tiempo al pescador inglés que me hablaba hace unos meses de matrimonio, acerca de un pueblito cerca de Cabo San Lucas, donde se puede vivir sin que la civilización se entrometa.
Es sol y es playa y es cena a la luz del sol, mirando el jardín, descubriendo si han asesinado a las avispas que constuyeron su panal entre las maderas de la casa, si los vecinos de al lado se van a callar de una vez, si ese Consul que camina entre las polvorientas calles de un poblado mexicano conversa con su delirio, ¿Por qué entonces no podemos comunicarnos con los cerebros confundidos, las miradas esquivas en otros puntos de interés? ¿Hay caminos que cruzan por el infierno?
¿Por qué llama el punto y aparte a la hora nueva, y se desafinan las cuerdas apenas tocan base, apenas llama como puede e invoca a la autoridad, a la moral, a las buenas costumbres y a los compromisos celebrados en la misa?
Somos hombres religiosos, pero hombres y eso nos pone las comillas, los puntos suspensivos, los acentos, las preguntas y respuestas que se manejan en cuartos secretos de algún territorio desconocido, de algún infierno personal donde se ha muerto el piloto y el copiloto no recuerda la contraseña y la palabra clave que permita cambiar de rumbo enmedio del temporal.

Hay bares donde vendan a la justicia y le regalan un tamal para el desayuno, le roban el vuelto y la mandan a su casa con el taxista que cobra comisión, hay cirugía de por medio, crimen pasional.

De todos modos, se detiene el poeta. Aspira el aie puro de este rincón de la isla, de estas siluetas de silenciosa paz frente al mar, de felicidad.

Las luciérnagas de Washington Square, 30 de junio

Ana Diz tiene las pupilas abiertas argentinas. Recorre el estrecho pasillo de una tienda de comics. A los 60, todas las tapas de los libros le resultan novedosas, emocionantes. Se pide Sandman, Sin City y Watchmen. Es decir, quiere conocer de una sola vez cual es el barullo en torno a estos tres revolucionarios del género.
Luego de pedir una botella de vino en la cascada de la calle Bleeker, Ana se sienta a ver pasar las luciérnagas. Está viva, abre las pupilas inmensas y comenta que “si no tienes que ir no vayas ché”. Luego habla del Cuarteto de Alejandria y Under the Volcano, la novela trascendental de la narrativa inglesa de este siglo. Camilo cree ver influencias en la obra de Ana y el Cuarteto. Ella nos dice que la experiencia de su lectura la ha transformado. Entra Rulfo, el Pedro, que la ha cambiado igual. Las luciérnagas solo han de vivir un día. Los postes de Washington Square los han cubierto con lámparas de papel chino. El Village tiene un rostro distinto. Anoche paseaba por aqui con Elisa y se prendía un porrito. No hay ley en Washington Square, que lo diga Pat Pot, la pintora. Así que Ana ha ofrecido un texto para The NYST. Sobre Sandman tal vez, y sus primeros poemas en inglés sobre los ruidos para el siguiente NYSt. Ana tiene 60 pero ofrece presentarnos el bar más viejo de NY. En McSorleys ella lee NYST. Sugiere renovar, dejar la formalidad, hacer algo chico y más lindo. Diagramar de nuevo.
Se va en un taxi a su casa en el Upper East Side. Me imagino que hojeando los comics y recordando el delicioso plato de la cascada.

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: