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The New York Street

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Great Gatsby

Reading Lolita in Tehran

Esta es la respuesta a la primera parte del libro de la escritora iraní Azar Nafisi. Es un conjunto de memorias acerca de un grupo de lectura conformado por mujeres iraníes, estudiantes de literatura inglesa, a comienzos de la década de los 80. La lectura se realiza mientras se implementa en Irán el riguroso control “moral” del regimen del Ayatholla Khomeini.

Algunas de las obras discutidas en Teherán: Lolita de Nabokov, Daisy Miller de Henry James, El Gran Gatsby de Fitzgerald, Orgullo y Prejuicio de Jane Austen, Madame Bovary de Flaubert. De cierta manera, este libro está escrito desde un punto de vista parecido al de una muy buena novela gráfica que leí hace algunos años: Persépolis de Marjane Satrapi.

Response paper to Reading Lolita in Tehran
By Ulises Gonzales

The idea of putting The Great Gatsby on trial made me think about the whole idea of criticism, particularly recent criticism about the whole idea of a Western Canon. When critics take on the task of criticizing a novel, aren’t they starting a new trial on the literary works of the masters?
Even the trial by the Iranian people at the time of the Islamic revolution was an exercise of criticism. Although the tools where not the old ones established by Aristotle—and all the classical critics who followed him—but by those of fanaticism and religious ideas. There are novels and poems that have stood many trials, survived them, and come out stronger than before, such as Sophocles, Virgil or Shakespeare. Others, sometimes enthroned as the sublime expression of literary achievements, have succumbed to those trials and have been forgotten.
From my point of view, Nafisi is doing the same that the British critic Leavis did when he named Eliot, Conrad, James and Austen as the greatest novelists of English literature. Nafisi is using Fitzgerald and Nabokov’s novels as a way to interpret the years he lived in Iran after the Islamic Revolution. Picking us those authors—and leaving others in obscurity—Nafisi is also acting as a critic. As George Steiner claimed in Real Presences,, if there was no criticism, then creators could be considered critics. This is so because when a writer decided to use a novel or a poem as his or her influence or to follow a certain writer’s style, that writer is exercising criticism. Even when I picked Leavis or Steiner to write this paper, I am exercising criticism and putting these authors on trial, once again.
Nafisi’s book is a memoir of the hardest years of the Islamic Revolution. Iran is not as it was when Nafisi was teaching at the University of Tehran , but her book stands as a valuable recollection of those times. Through her book, we could understand how literature helped her to survive all those years. Also, in reading her book we have a powerful demonstration of how to use literature as a way to analyze a society. Iran and its leaders are analyzed through fictional characters like Professor Humbert or Gatsby.
The answers given at the trial of Fitzgerald’s novel could summarize the different points of view of Iranian society at that time—its doubts and contradictions.
I agree with Roland Barthes when he writes in Criticism and Truth that a novel is eternal not because it gives just one meaning to many different men, but because it suggests many different meanings to a single man. I would like to think that Reading Lolita in Tehran has also many different meanings according to the many interests of its author and readers.
Some of the readings and interpretations in Nafisi’s private classes are strongly attached to the feminism, and the analyses I like the most of Lolita came from that specific point of view. There are other meanings that the reader picks up on when Lolita is analyzed through the historical events happening in Iran at that time. Some comparisons with the new regime place the novel against totalitarianism. Another reading has to do with the profession of the author and her deep love for literature. She uses Nabokov, Austen, James and Fitzgerald because she admires those novels as art.

Those different layers of interpretations and readings are what is most captivating for me. The complexity of different loves: her students, her books, her country. All of them are (re)interpreted through a bunch of novels that she loves.

Apenas Hamlet

Esta mañana he terminado de leer Hamlet, Príncipe de Dinamarca. Es una de las tragedias más alabadas de Shakespeare sin embargo al terminarla queda uno con la sensación si se trata de una tragedia o sino es más bien una burla de lo que es una tragedia. Todas las muertes una tras otra: Polonius, Ophelia y al final en una seguidilla Gertrude, King Claudius, Laertes y Hamlet. Todos ellos empujados por la maldición del fantasma todos ellos muertos por casualidades, por equivocaciones, por torpezas.
No sé si es el espíritu con el que he leído Hamlet, pero no ha resonado en mí con la misma fuerza que Shylock cuando clamaba por sus 3000 ducados. Hay líneas brillantes, ciertamente el diálogo implica que relea una y otra vez todo Hamlet para entender toda la resonancia y todo el alcance de sus palabras. Pero como obra trágica, está resuelta-me parece- de un modo o burlesco. Esto es tragedia, que todos mueran, pues vamos a matarlos a todos. el personaje que brilla en toda la obra el único cuyo intelecto es incluso capaz de haber creado todo este drama para exaltarse a sí mismo es Hamlet. Hamlet, obra de Hamlet, y no olvidemos también que puede ser el fantasma del hijo del dramaturgo, al que el nombra en su honor, y la imaginación de Shakespeare que viaja a encontrarse con su hijo, poniéndole toda la sabiduría intelectual adquirida en un marco trágico donde Hamlet brille. Por otro lado no veo ninguna escena absolutamente memorable a no ser por los diálogos. Ninguna que tuerza la historia radicalmente como lo hace Portia en El mercader de Venecia o Ricardo III cuando decide la suerte de sus sobrinos.
Ayer estuve leyendo Miller, la “Muerte de un vendedor ” que le da vueltas a los temas del Gran Gatsby, el sueño americano, la felicidad a través del dinero, la unión familiar. Me hizo recordar demasiado a la desintegrada familia de The Corrections, tal vez por el padre en problemas, y la madre que trata de juntarlos a todos para que se despidan de su padre en gran forma. Pero Frazen me parece superior. El papel de las mujeres en la literatura de Estados Unidos otra vez no queda muy bien parado. Creo que solo Henry James ha conseguido personajes femeninos en la literatura de Estados Unidos que se eleven por encima de la mediocridad.
Ayer las conversaciones con Adelle fueron muy instructivas acerca de esto y las convenciones y el complejo edípico presente en Hamlet. No está, no lo veo explícito. Por otro lado Edipo nunca amó a su madre conscientemente, pues nunca supo que ella lo era sino cuando le fue revelado y entonces empieza la tragedia, tras la revelación del cruce de destinos de Edipo y su mujer-madre. En Hamlet no sucede nada parecido.
Adelle es genial. Aún no puedo olvidarme de la sonrisa de Gretty y sin embargo estoy pensando en Adelle. ¿Y Rachel? Ambas estaban preciosas. Lindísimas. ¿Y Stephanie? Una cerveza en el Galaxy y otras dos en Cider. Vuelven mis deseos vegetarianos, hemos quedado una vez a la semana. Por otro lado qué fascinante el viaje desde Brasil cruzando el Amazonas hasta Caracas. Qué inteligente, amante de los viajes. ¡Judía! Ambas bueno.
Y la mujercita iba por la vereda camino al Oyster Bar. Con su chalequito cerrado, los ojos brillantes y mirando a sus pies. Y va a estudiar periodismo dice, aunque su especialidad sea antropología. Stephanie es psicóloga pero estudia trabajo social.

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