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The New York Street

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Don DeLillo

Sobre los cuentos de DeLillo

Don DeLillo y su primera recopilación de cuentos

Me han  recomendado el último libro de Don DeLillo, una colección de nueve cuentos. En la reseña que le dedican en el New Yorker, Martin Amis  anota que todos los autores que admiramos siempre tienen obras que sobran, libros que nadie, solo los especialistas, releerían por placer. A Jane Austen le sobrarían tres libros: Sense and Sensibilty, Mansfeld Park y Persuasion; de George Eliot solo nos quedaría Middlemarch; de Milton Paradise Lost; y, si pudiéramos, nos desharíamos de las comedias de Shakespeare y de algunos dramas históricos.  No estoy de acuerdo con Amis en que –a pesar de la trascendencia de Ulysses–se deshaga de la primera novela de Joyce. Yo podría, perfectamente, soplarme con placer, una y otra vez el Retrato del artista adolescente. El mismo caso sucedería con Vargas Llosa: Hay que leer Conversación en La Catedral ¿Pero debemos negarnos el placer de leer La ciudad y los perros?

Amis se refiere a una frase de John Dryden: la buena literatura trata de darnos “placer y enseñanza”. Si bien la enseñanza no siempre nos da placer, el placer siempre nos enseña algo. Dryden ya nos escueleaba en el  siglo 17, machacándonos que lo más importante en los textos–siempre– es la claridad. (Por eso–además de sus inspirados prólogos y epílogos a las obras de Shakespeare–los escritores siempre deberían cargar las obras completas de Dryden).

Además del New Yorker de la semana, donde encontré un breve texto contra quienes ascienden en la Academia burlándose de la veracidad de enseñanzas liberales como el “sagrado” Canon o  la evolución de las especies (Who wrote Shakespeare? de Eric Idle); empecé a leer The Book of Evidence de John Banville. Ése es el primero de un pequeño cargamento de libros que me ha llegado desde Amazon.com, donde hay dos de W.G. Sebald (Austerlitz y Los Emigrantes), Istambul de Pamuk,  Les particles elementaires (Atomised) de Michael Houellebecq, y Estrella distante de Roberto Bolaño. Con eso, espero estar bien preparado para las vacaciones largas del Día de acción de gracias y para el receso de verano.

Regresando al artículo sobre DeLillo: Amis lo recomienda. Es más, confiesa estar enamorado de los nueve cuentos de The Angel Esmeralda: Nine Stories. Claro que yo tal vez debería releer White Noise o meterme con alguna de sus novelas antes de enredarme entre sus cuentos.

Volví a ver El Inconquistable, el video de Beto Ortiz sobre Vargas Llosa que acompaña la edición de Estruendomudo. Me parece que éste tiene imágenes adicionales del que había visto antes (2010) en Internet. De todos modos, lo importante es que está muy bien hecho, con el amor con el que se hace algo para los ídolos (y no me refiero a Beto, ídolo de Beto). Es un excelente ejemplo de un perfil periodístico escrito con cámaras.

También me ha gustado el video Villoro sobre Villoro, que acompaña al libro Materia dispuesta, Juan Villoro entre los críticos, de editorial Candaya. Al opinar sobre la caótica configuración del DF, Villoro menciona que la capital mexicana es la prueba “escrita en piedra” de que para los millones de personas que emigraron hacia esa ciudad, existían lugares mucho peores.

White Noise


“The supermarket shelves have been rearranged. It happened one day without warning”. Don DeLillo finds the way to write the epic of a society with no major tragedy but its boredom and its chronic depression.

There is a theology behind and beyond these creatures’ lives. But it is has been established just to create an order. As a nun explains to Jack Gladney (this kind of Leopold Bloom figuring out what to eat today and where to go later, but in a little town in America at the end of the 20th Century):  “if we did not pretend to believe these things, the world would collapse.”

Paradise exists: an organized country where the lack of real problems creates a bunch of zombies eating pill after pill, moving through a place where there was “nothing to do but wait for the next sunset.”

This is the world of the Gladney family. White Noise is a scary portrait of a society where ignorance and routine is the rule. A creepy place where it makes perfect sense to ask ourselves, as his father-in-law asks Jack before giving him a gun: “Were people this dumb before television?”

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