sancho panza
Sancho Panza en la ínsula Barataria

La vida es un refranero, es una comida con sal y con vino. Hay que despertarse a merendar, a merendar y a descansar. Hay que soñar despierto y soñar bien. Necesito ser discreto y valiente pero no tonto. Querer las cosas pero más que nada querer ser libre. Acordarme de los demás, de ser humilde, de no usar trajes en que no luzca bien, de no andar con poses de doctor sin serlo. Que me baste un buen colchón o un buen montón de paja. Aprender las lecciones de los viajes y usar–seguido–el sentido común.

Plan de vida: que no nos cieguen nuestras metas. Que no se nos pasen los detalles hermosos. No poner mucho tiempo en ser sabio sino en ser feliz. No caminar tan erguido ni demasiado sordo. Dejar de jurar que no me pasará lo que te pasó a ti.

Un refrán para cada sabio, un minuto para cada cosa que quiero. Guardar sitio para amar lo que no sé que voy a desear. Espacio-tiempo para la risa, para el llanto, para arrodillarme a pedir perdón.

Leyendo a Sancho Panza, pareciera que la vida no guarda secretos.

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