En Estados Unidos es muy importante el mood en el que uno se encuentra. Relaciones amorosas e importantes decisiones financieras, se pueden realizar dependiendo de que la persona esté o no esté con el mood adecuado.

Y no hay manera más inteligente de evitar algo, posponerlo o simplemente negarse a hacerlo que diciendo: HOY NO ESTOY EN EL MOOD DE HACERLO.

No sé cuantos habrán leído la novela: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Posiblemente han visto la película Blade Runner de Ridley Scott, inspirada en ese libro. Hay muchas cosas que difieren entre el libro y la peli. Una de ellas es la existencia en el libro de la máquina del mood que la conectas como si fuera un radiador, te agarras de las asas de la máquna y la programas: el programa 425 es “mood de ver televisión todo el día”, el programa 875 es “mood de supeditación total a lo que diga tu novia”, el mood 325 es “soy feliz no importa cuan mal esté todo en el mundo”. Y así sucesivamente.

Me imagino que la idea resulta intolerable para los puristas. ¿Qué derecho tiene una máquina a decirnos con qué humor tenemos que estar a determinada hora?

Pero por otro lado fíjense en las ventajas.

Hoy por ejemplo no tengo ningún tipo de mood para sentarme a leer trescientas páginas de un libro de poesía afro americana de comienzos de siglo para mi clase de las 5 de la tarde. No lo tengo. Tengo el mood de tomarme un cafecito y sentarme a huevear en la computadora. Tengo unas ganas de lo que los gringos llaman procrastination (desidia).
Que bacán sería que exista la máquina que inventó en su libro Philip K. Dick. Apretar tres numeritos y programarme: “mood de leer poesía mal escrita hace cuchocientos años y no pensar en nada más” y concentrarme lo suficiente para pararme de esta silla ir derechito a la biblioteca de la universidad y ponerme a leer los malditos poemas.

La vida, señores, creo que sería mucho más sencilla. No sé si me entiendan, tel vez no estén con el mood de leer las huevadas que escribo. Tal vez he debido nacer en el futuro.

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